martes, 19 de enero de 2010

MÁS ALLÁ DE LOS PROTOCOLOS

Se votaba para ocupar el sillón Presidencial y dos hermanos con definidas tendencias políticas opuestas se alistaban a participar en las elecciones y yo, con mi ingenuidad habitual, pregunté al que me inspiraba más confianza sobre el motivo de esa división tan incomprensible para mí, siendo hermanos. Y él me respondió sonriendo casi burlonamente, que entre su hermano y él no existían diferencias; que se trataba de una simple actuación, una parodia de un procedimiento diplomático, que en realidad apuntaban de diferentes maneras contra un mismo objetivo, puesto que cualquiera ganara, consagraría a ambos en el gobierno.
Hoy en Turquía se han presentado dos tendencias políticas opuestas bastante claras, una a favor de la relación con Armenia evidenciando el anhelo de Turquía de incorporarse a la Unión Europea y otra, en clara oposición a cualquier tratado con el vecino país, mientras no esté debidamente acordada la entrega en forma incondicional del enclave de Kazrabaj a Azerbaydjan.
Se me hace que Armenia se encuentra, gracias a los protocolos, en el asiento de los acusados, lugar que debían ocupar los dirigentes de Turquía. Parecería también, que se ha propuesto aceptar cualquier condicionamiento impuesto. Querrá hacer buena letra, supongo, esperanzada en procurar ayuda económica desde Europa; algo así, como darle la espalda a Rusia y lisonjear en inglés, mirando lánguidamente hacia Occidente.
Compararía la actitud de Turquía como la de Armenia con dos niñas que lloran desconsoladamente delante de un kiosco de golosinas, interesadas por impresionar al dueño de los caramelos.
Personalmente desearía fervientemente que a esta altura de los acontecimientos y las dolorosas experiencias adquiridas en esos últimos cien años, que las intencionalidades manifiestas por los jerarcas turcos, no hicieran trastabillar los diplomáticos armenios, porque con sólo remontar el pasado y recordar las bondades humanitarias de quienes condujeron el Imperio Otomano y el don de gente del Sultán Abd el Hamid, el sanguinario, de los genocidas Taleat, Enver y asociados, sería más que suficiente. El león que muestra sus colmillos no sonríe… Se me da por sospechar que entre los protocolos debe haber un gato encerrado... Turquía, jamás ofreció la mano por amor al arte…
Pienso que Armenia debería, debería… repito, reclamarle a Turquía el regreso voluntario y optativo, sin cuestionamiento de los desterrados, tanto del antiguo Reino de Guiliquia (Cilicia) como del territorio milenario armenio, contando con la debida devolución de sus derechos de ciudadanos del ex Imperio Otomano. Que los armenios de la diáspora pudiesen maniobrar libremente y adquirir bienes sobre los terruños de sus ancestros, que el gobierno de Ankara reconstruya dentro de sus dominios las iglesias armenias derruidas, sin olvidarse de colocarles la cruz en sus cúpulas y que ambos pueblos convivan en paz, sujetos a los tribunales de la Naciones Unidas.
Si esta condición no acompañara los protocolos, sería fácil interpretar que Armenia Libre e Independiente se ha olvidado deliberadamente de nosotros. Entonces, lamentaría que una vez más, cayera en la trampa de bobos.
Para la diáspora, significaría noventa y cinco años de esperanzas frustradas, noventa y cinco años nadando contra la corriente, noventa y cinco años… en la Nada.
Después de todo; es más honroso sentirse armenio en Turquía que desconocido, para Armenia.

DOCTRINAS

Esta vez quien asesinó a Hrant Dink no fue el Estado Turco, sino la mentalidad extremista de un sector fanatizado de su población. Fue debido a su urticante intolerancia religiosa y su complejo de inferioridad encuadrado en un mejunje de ideas tradicionalmente retrógradas y “fundamentalistas”.
En los albores del cristianismo los “fundamentalistas” paganos perseguían a los cristianos y los mataban. Más adelante y por turno, los “fundamentalistas” cristianos persiguieron a los paganos y a los “fundamentalistas” islámicos tildándolos de infieles. Los “fundamentalistas” Nazis, que asimismo eran racistas cristianos, se ensañaron con los de religión judía. Y, como la rueda del destino sigue girando, hoy los “fundamentalistas” judíos sionistas bombardean y matan palestinos y libaneses sin importarles si son ateos, cristianos o musulmanes.
Cada religión se disputa el trono del cielo y la eternidad celeste a su manera según su propia fantasía de macho dominante. Precisamente porque el de la vereda de enfrente piensa distinto y procesa una doctrina “fundamentalista” que les resulta competitiva, lo que permite entrever, que el “fundamentalismo” sigue siendo el gran legado de los eternos fariseos, de entre los cuales y bajo diversas carátulas, se engendra el extremismo y el odio racial.
Me han reprochado el haber arrojado en una bolsa común a los turcos buenos como a los malos, acaso disimulando una impotencia personal ante la magnitud del genocidio perpetrado contra nuestras raíces. No obstante ello, no desconozco que hubo muchos turcos piadosos, generosos y de buena cuna, pero… mis abuelos fueron masacrados y con ellos un millón y medio de armenios… Mi pregunta es: ¿Debería inclinarme y agradecer la gentileza de esa buena gente por haber salvado a cien o cien mil armenios y absolver de culpa y cargo a los verdugos porque no todos los turcos fueron asesinos? Mis parientes fueron masacrados por los parientes de esos mismos piadosos. ¡Por favor, ayúdenme a razonar; díganme cómo debería reaccionar!: ¿Perdonar y olvidarme de lo ocurrido, porque hubo turcos buenos…y, porque en Israel hay judíos buenos, los palestinos deberían pasar por alto el crimen de lesa humanidad que día a día cometen los malos judíos sionistas contra su población?
De la familia Mendildjian se salvaron dos criaturas, y eso… gracias a unos vecinos turcos. Chamir, que fuera mi madre y Areck, su hermana, de seis y ocho años de edad respectivamente. …No obstante, la madre de ambas criaturas fue degollada en presencia de las niñas, en Diarbekir…
Claro que hay gente buena y las hubo, pero… no se venera a Abel en el cuento Bíblico; se acusa a Caín por matar a su hermano. Que yo sepa, Judas, el Santo Judas, quien traicionó al Señor se lo nombra más que a los demás discípulos. Como verán: Una conducta sana pierde consistencia ante la tiranía; torna poco meritoria.


Rupén

EL PELIGRO DE UNA RESIGNACIÓN

Quisiera que alguien me explique cual es la intencionalidad de enviar los hijos a los colegios de enseñanza armenia. ¿Será para lavarse la conciencia; hacer perdurar el exilio más allá de los tiempos? ¿Qué relación existe entre las instituciones con el futuro de nuestra armenidad? ¿Será para que el día de mañana la humanidad recuerde que aquí existieron sobrevivientes del genocidio…? Quisiera saber qué significa además, reconocerse como armenio, cuando en realidad de lo nuestro sólo perduran migajas. No entiendo cómo la diáspora permaneció tantos años los sin consolidar un objetivo común, un plan de reintegración a las raíces.
En el pasado y que no quepan dudas, lo mejor de nosotros formó la gloria de los bizantinos, de los persas, de los griegos, de los asirios y por qué no, también de los otomanos y hoy seguimos aportando nuestro talento en bien de otras naciones igualmente hermanas. Me pregunto: ¿cómo sería si lográsemos la aprobación de Turquía de volver con dignidad sobre el pasado, que Turquía se disculpe por las atrocidades cometidas contra nuestros padres y abuelos y franquee sus puertas a la diáspora, que los armenios tengan los mismos derechos que los turcos, considerando que nuestros abuelos fueron ciudadanos del Imperio Otomano.
Hoy urge para Turquía incorporarse a la Unión Europea, pues bien; ese punto estratégico debería ser aprovechado y condicionado no sólo al reconocimiento formal del genocidio, a la devolución de los territorios prestados y, que Turquía ordene a su hermanita Azerbaidyan que acabe de una vez por todas con sus pretensiones y agresión sobre el territorio armenio de Karabaj.
Refiriéndome a Armenia, Libre e Independiente, un país cuya columna dorsal se encuentra quebrada, cuyos habitantes se debaten en la pobreza y en donde pulula la mendicidad abrumadoramente, sus jerarcas despilfarran a la buena de Dios aparatosamente el dinero de la nación en veleidades patrias. Por otro lado, por más que la diáspora se empecine en vagabundear por el mundo y de erigir castillos en el aire, su única solución sería…, recordando aquella frase del poeta árabe: “Cúrame con aquello que fue motivo de mi mal”. Para tal operación hace falta adiestrar cirujanos diplomáticos, visionarios y grandes pensadores. Los armenios deben recuperar sin falta los terruños de sus ancestros, estén en manos de Turquía, en el Paraíso Terrenal o en la memoria de los fallecidos. Somos pájaros de un árbol abatido cuyas raíces se encuentran custodiadas por miles de hermanos.
Quién lucha, no está vencido. La mayor derrota es la resignación.


24/Noviembre/2009
Rupén

PUNTO DE VISTA

No todo el mundo es malo -explicaba una amiga, justificando la actitud seductora de ciertos judíos sionistas-, las hay gente muy buena –y agregaba- En todos los pueblos existen buenos y malos, asesinos y santos”. “Sordos y mudos”-pensaba para mí. Ya que mirar para otro costado pareciera que convierte a los malos en gente decente y buena. Cualquier ingenuo pensaría igual que esa buena amiga, pero aquí radica el error. Si realmente existe gente buena en medio de un pueblo que masacra a otro, debería…, debería –repito- comprometerse, tomar partido en forma activa poniéndose del lado de la victima aunque más no fuera por un deber moral, en contra de sus propios dirigentes y no hacer la vista gorda, como: que ¡yo no fui!
La indiferencia en muchos de los casos es también una agresión. No se debe culpar a los sionistas de aniquilar palestinos o atacar a los libaneses para ocupar sus tierras y robarles el agua, no se los puede culpar, porque entre ellos hay judíos buenos. No se los puede reprochar a los cultos y civilizados norteamericanos de Kansas City que desde su intervención en Irak ya han perecido gracias a ellos millones de iraquíes porque su pueblo es sordo y mudo y hace la vista gorda. No se debe considerar asesino al pueblo turco porque muchos no participaron en el genocidio de los armenios, incluso recogieron y se adueñaron de unas cuantas criaturas. ¿De qué se podría condenar a esa pobre gente tan noble, tan considerada que obra con tan buena fe; tan devota y piadosa ella… ¿verdad? Y sin embargo, yo pienso distinto. Los acusaría de criminales al igual que sus hermanos por el simple hecho de no intervenir y oponerse abiertamente a la injusticia que acomete su propia gente.
Supongo que algunos podían haber cacareado ocultos detrás de sus puertas viendo como sus ejércitos invadían a sus vecinos, derribaban sus casas y perseguían despiadadamente a las mujeres y a los niños que huían despavoridos como cuervos espantados. Para muchos como mi amiga, sigue siendo gente buena y rescatable. Son buenos como los hay en todos los pueblos…
Si realmente fueran buenos… -digo – Los buenos turcos, se habrían colocado a la par de los armenios; los buenos judíos sionistas se habrían movilizado y, tomados de las manos, habrían rodeado con sus familias las casas y los barrios palestinos. Entonces allí se podría decir: ¡Señores no se equivoquen, no culpen a todos por igual, también hay gente buena! Lo que yo entiendo, es que el deber de cada mortal es defender como sea por su don de gente la dignidad humana, luego… con su vida, la Causa de la Humanidad. Las mismas ratas lo hacen; se juegan la vida por su comunidad.
La injusticia de los hombres debe ser controlada por la razón de los hombres y que me perdonen aquellos que todavía sueñan con que una golondrina “hace verano”, porque Callar es Conceder y Conceder, es Usura.


17/Noviembre/2009
Rupén Berberian

MÁS ALLÁ DEL EXTRANJERISMO

Se dice que la civilización Armenia se confunde con la cultura de los Hititas, Frigios, Hurritas, Mitanios, incluso con el mismo pasado remoto y que ayer, Armenia Milenaria quedó reducida a menos de un décimo de su territorio. Fue mencionada en las inscripciones asirias y caldeas, lo que demuestra a las claras la lejanía de su existencia como pueblo en el tiempo. Con ese pantallazo podemos imaginar la importancia que llegó a significar Armenia para el mundo antiguo, aun sobreponiéndose a desgracias y a catástrofes telúricas que nunca faltan y las invasiones reiteradas y constantes de uno u otro Imperio, para luego resurgir como el Ave Fénix de entre las cenizas. Me pregunto: ¿Qué sentiría un hermano nuestro de la diáspora al volver atrás el almanaque, apenas unos cien años a lo sumo, la sensación le quedaría al saber que de los pezones desecados de las mujeres armenias existen rosarios que adornan como un valioso trofeo las salas de recepción de algunos jerarcas turcos? ¿Cómo reaccionaría cualquier ser humano sabiendo que en su país de origen, iban siendo asesinadas entre tres y cuatro mil personas por día y las iglesias incendiadas estando abarrotadas con mujeres y niños por orden de un Mandamás? Y aquí me detengo…
No sé qué sentiría un hermano mío… pero sé, en carne propia, la cruz que pesa sobre mis hombros, siendo un huérfano de las circunstancias, hijo de sobrevivientes de Diarbekir, al asomarme con la memoria hacia aquellas atrocidades ocurridas a nuestros ancestros, a nuestras familias y en deprimente de nuestras raíces armenias. Me sublevo y me rebelo y se me revuelve el estómago con tan sólo pensarlo. En verdad no sé de qué manera descifrar la magnitud de mi impotencia ante semejante imagen de lesa humanidad. Es cierto… Esto ya pertenece al pasado… incluso me parecería absurdo pedir justicia sobre hechos consumados que no me devolverían a mis familiares. Es tarde… Ya lo sé: es tarde. Esto no quita que esté dolido. Dolido, teniendo la edad de los Hititas, Frigios, Hurritas, Mitanios y todos esos menjunjes de existencias vetustas… No entiendo por qué ni cómo hemos permitido que nos masacraran. ¿Por qué no hemos sabido advertir a tiempo lo que se tramaba contra nosotros? ¿Por qué no hemos sabido maniobrar con inteligencia y astucia suficiente sobre la vanidad de los Sultanes de turno y recientemente, con los “Jóvenes turcos” que al fin de cuentas, con aquello del lema: Ittihad “Unión, Libertad y Fraternidad” nos vendieron un buzón? ¿Por qué no hemos sabido amaestrar y dominar a esos sedientes de sangre? ¿Nos hemos excedido en confianza tal vez? ¿Hemos descuidado por ingenuidad la infidelidad y la traición de esos desalmados parido del demonio y a sus aliados ocasionales kurdos, obsesionados con el pillaje, lo mismo que los oportunistas gitanos?
Me pregunto: ¿Qué hacemos y hacia dónde nos conduce con que Armenia, nuestra Tierra Madre Haiastán esté sembrada con nuestros huesos e irrigada con nuestra sangre y, parezca a un museo al aire libre; con que la ciudadela Erepuní, tan antigua como la histórica Nínive, sea la antecesora de Yerevan, actual Capital de Armenia.
Vuelvo a aquella pregunta: ¿Qué se siente ante lo que acabo de describir? A mí me inspira un remolino de cosas que me confunden como ser racional. El genocidio cometido contra mi familia armenia sigue vigente en mí, incide sobre mi temperamento y me hace sentir raro en un mundo que me acogió con los brazos abiertos, pero aun así, nada me quita esa carga que llevo en el corazón que pesa toneladas. Claro que me incomodaría pensar que nuestros abuelos erraron el camino y les haya faltado oportunidades de entenderse con el enemigo. “Siéntate en la vereda de tu casa y verás desfilar el cadáver de tu enemigo”. (Proverbio chino) Por lo visto mis abuelos desconocían el idioma mandarín que podía haberlos salvado a ellos y a nosotros, del extranjerismo.
Moraleja: Paciencia y Sabiduría son gemelos de una inteligencia superior, una facultad que debemos tomar en cuenta antes de intentar correr montañas…


3/Julio/2009
Rupén

LA OVEJA PERDIDA

LOS miembros de la Primera Generación de refugiados fueron quienes aún y pese a todo lo ocurrido conservaban intactas sus tradiciones y costumbres a modo de olvidarse de que fueron extraídos de sus tierras, expulsados sin piedad y lanzados a la deriva de los caminos.
Fueron quienes, sumergiéndose en una maraña de incertidumbres, que a duras penas lograron atemperar su ánimo y maniatar el reclamo de sus cicatrices aún sangrantes. Ya no reiteraban insistentemente a sus hijos aquello de: “¡ERMANIYA KONUSHUN”! Fueron quienes establecieron centros de reuniones para sus hermanos caídos en desgracia de tal o cual aldea, de tal o cual pueblo. Provenían arrastrándose en su gran mayoría de Cilicia y de los territorios milenarios, históricamente armenios.
Fueron quienes armaron iglesias, costosas instituciones y numerosos colegios, pensando que servirían de escudo nacional que los mantendría unidos y agrupados. Se hallaban convencidos de que sus descendientes pensarían igual que ellos, añorarían sus tierras igual que ellos, sostendrían encendida la vela de sus dramas y padecimientos, igual que ellos. Pensaban… que con sus prédicas y el respaldo de su Idioma Madre, evitarían la desintegración de su Gran Familia. Soñaban… con que las parejas se unirían entre los de su misma comunidad, que sus nietos tomarían a su cargo las riendas del destino de la armenidad; exigirían a Turquía rendir cuentas sobre el genocidio perpetrado contra armenios de su misma nacionalidad.
La Generación de Sobrevivientes rescatada de la miseria y de la incomprensión prácticamente ignoraba, salvo excepción, que allí y a lo lejos existía otra Armenia similar a la de sus terruños en Guiliquia.
La Generación que siguió acudió a los colegios armenios, principalmente para aprender inglés y jugar al escondite en armenio, lo mismo que en otras épocas, de cuando las familias aristócratas, mejor dicho: Los “JANADÁN”, enviaban a sus hijos a adquirir cultura a Persia.
Mientras tanto… el sueño de sus abuelos iba cayendo en desuso… Por más que los jóvenes insistían en reconocerse como armenios, sabían que faltaban a la verdad y que estaban engañándose ingenuamente a sí mismos. Era obvio que les resultaba un fardo extremadamente pesado heredar una cruz que pesara toneladas, que no estaban dispuestos a remolcar. Para ellos, aquello del millón y medio de masacrados figuraba como un hecho histórico, trascendente, pero, aunque en el fondo no lo consentían, no les preocupaba en demasía.
De pronto el amor y la pasión les abrieron una perspectiva panorámica llena de misterios y de placeres. Sin querer, jugaban un papel que conspiraba abiertamente contra su rebuscada armenidad. Ya tenían otra visión de los turcos y de los armenios de la lejana Haiastán; otra clase de sensibilidad y sentimientos desencontrados con los de sus progenitores. La indiferencia y el desinterés calaban hondo en su proceder. No conservaban ni siquiera sus tradicionales formaciones morales. Procesaban ideologías patrias a espaldas de los demás. Aunque reconocían haberles fallado a sus abuelos, entendían que el pasado había cumplido una etapa que no les incumbía. Tanto Armenia como Turquía les eran indiferentes. Les costaba entender que existieran todavía hermanos suyos sobre el suelo de Turquía después de tanto exterminio; que gozaran, se divirtieran y disfrutaran de sus raíces y tradiciones disfrazados de turcos.
Conclusión: … Una oveja perdida, nunca sabrá juntar estrellas en las noches de plenilunio…, ni erigir castillos de ensueños en un espejismo…


2/Noviembre/2009
Rupén

EL CUENTO DE “HAI = BARON”

Si mis hermanos me lo permiten, quisiera sugerirles una idea que me viene persiguiendo desde hace mucho. Se trata de la palabra “Barón” con la que normalmente le atribuimos a los hombres de nuestra comunidad. Y no me asombraría que la gran mayoría de mis hermanos desconozcan la fuente de esa palabra, su origen y su adopción entre nosotros.
Les cuento: Allá, cuando aparecieron las primeras Cruzadas en Cilicia procedentes de Europa, no encontraron mejor lugar para descansar y reacondicionarse que establecerse entre familias armenias, como siempre extremadamente atentas, generosas con el extranjero, dispuestas a concederle el calor de sus hogares hospedarlo, incluso entregarle en matrimonio alguna de sus hijas, todo ello llevado por puro sentimiento de solidaridad cristiana. No obstante, esos forajidos que lucían la Cruz en su aparatosidad llevaban un demonio en el corazón; no eran más que aventureros y mercenarios desalmados, mentalizados a arrebatarles de las manos del Islam la Tierra Santa. Algo similar ocurrido y que aún continua en Palestina por los sionistas: (de religión judía, recolectados por Europa).
Era precisamente la palabra “Barón”.
Según intuyo, considerada una atribución con que las Cruzadas les trabajaron la moral a nuestros antepasados, con que nombrándolos “Barón”, los enaltecían y los honraban.
Cuando los fenicios se detenían con sus naves en las costas africanas, intercambiaban con los negros, collares, pulseras y adornos de vidrio por ébano, oro y marfil…
Mi propuesta, es la de desplazar la palabra “Barón” por “Hai”: Hai Bedrós, Hai Guiragós y Hai Nubar… Claro que un desconocimiento que ha perdurado siglos no se recompone en un santiamén, pero las ideas se plantan, algunos las recogen, otros las juzgan y otros más las ejecutan.
Algunos pensarán que divago y me tendrían lástima. Otros, que no soy quien para opinar o introducir cambios en nuestro estructurado lenguaje y costumbres arraigadas y no obstante, me siento más identificado como armenio con Hai Rupén que como “Barón Rupén” ¿Usted qué opina?
Si no me equivoco, cada pueblo posee su propio modo de identificar a sus hombres y los armenios, con todo el respeto y el afecto que me merecen, no la tienen, más bien utilizan un legado europeo, una donación intrascendente, vaya a saber a qué costo nos la han vendido.
No nos engañemos, “Barón” no es un doctorado, un título de nobleza, un premio Nobel, un adorno de caballero, una licenciatura; es, simplemente un intercambio comercial entre engañadores y engañados: unos trozos de vidrio en colores a cambio de oro; nada más que eso.
Me imagino que en aquel entonces el machismo estaría tan en auge que a las damas no les correspondió el título de “Baronesa”.
Aunque “Hai” suene parecido al saludo anglosajón en su esnobismo cotidiano, no debería afectarnos.
Después de todo; ¿qué mejor que “Hai” para recordarnos que somos armenios?


20/Octubre/2009
Rupén Berberian

INTELIGENCIA Y PERSEVERANCIA

El reclamo ejemplar y digno de ser imitado de las familias Hairabedian - Margossian contra el Gobierno de Ankara debería ser seguido por todos los miembros de nuestra colectividad de la diáspora desde cualquier rincón del planeta y no dejar a la injusticia que siga descansando a sus anchas como si nada, sobre los falsos laureles del pasado.
Ha sido presentado en los Tribunales Argentinos un pedido de reconocimiento hacia ambas familias ante el Estado Turco. Aquello de lesa humanidad de los otrora jerarcas turcos del pasado con toda su magnitud de barbaridades que significo el exterminio de un millón y medio de hermanos es simplemente incuestionable e inobjetable y no debe jamás quedar impune. Algunas familias tal vez no reúnan comprobantes de los tiempos idos, documentación o certificados; pero conservan nombres y apellidos de quienes fueron sus padres y abuelos y recordarán su lugar de origen y eso es suficiente, según pienso. Todo esto debe estar registrado en los archivos de las personas y figurar como ciudadanos de Turquía. Lo demás es fácil. Con una conciente investigación, todo habrá de salir a la luz. No creo que los países, medianamente organizados, borren por descuido los archivos de sus propios ciudadanos. Los archivos de cualquier Nación son documentos oficiales inamovibles. Se me hace que con tal de mencionar el nombre, apellido y procedencia de quienes sobrevivieron al genocidio y recordar en lo posible su lugar de procedencia, sería ampliamente suficiente. Y aquí les doy un ejemplo:
El año 47, durante la guerra de Palestina tuvimos que escapar de Jaffa, bajo los obuses de morteros hacia Beirut, Líbano. Mi padre conmovido por la situación había extraviado toda la documentación de sus propiedades en Palestina. Años después se hizo el reclamo ante las autoridades israelíes a través la Embajada de Francia y se nos informó que nuestras propiedades figuraban en los archivos y que el Estado Hebreo estaba en condición de indemnizar a los propietarios extranjeros de esos inmuebles, siempre y cuando etc.etc. Detalles que no vienen al caso, pero que nada estaba perdido, sino que había cambiado de mano. O sea. Poseer o no documentación turca, no alteraría el objetivo. Habiendo sido ciudadanos turcos, deben de figurar en el mapa de los faltantes con todo lo que significa: posesiones y propiedades, amén de los miembros familiares, cada uno con su nombre de pila. Silenciar una verdad cien o más años no significa que la misma no exista. Cuánto más tiempo transcurre, más habrá de favorecer a Turquía, que se apoderó de los bienes de los armenios y prácticamente las explota desde entonces sin abonar rentas ni indemnizar a sus dueños. Los ciudadanos alemanes de religión judía también han sido indemnizados por la pérdida de sus bienes materiales, si no me equivoco.


18/Octubre/2009
Rupén Berberian
Una opinión más...

AÑO VERDE: HUMANISMO TURCO-OTOMANO

Refiriéndose a los recientes protocolos entre Turquía y Armenia, uno de los cabecillas del Gobierno turco expresaba sobre un escenario la opinión de su gobierno, palabra más palabra menos, resaltando las intenciones humanitarias de sus connacionales, diciendo:
“Si Armenia no obedece nuestras consignas, no acepta nuestras condiciones de paz y buena vecindad, expulsaremos de Turquía a los cuarenta mil armenios venidos de su país para trabajar en nuestras ciudades, aprovechar de nuestra hospitalidad y robar nuestro dinero. Como solidaridad humana y acorde con nuestra nobleza turca otomana, hemos accedido a que los “gavour” (infieles) aun siendo virtuales enemigos de Ala, estén entre nosotros. Nos interesa demostrarle al mundo quienes somos y que nos interesa la paz con el vecino país, siempre y cuando se adapte a nosotros, no nos irrite con aquella patraña del genocidio y no nos rompa la paciencia con Nogorno Karabagh. Nos han pedido ponernos de acuerdo con Armenia, previa incorporación nuestra a la UE y estamos cumpliendo, pese a la opinión adversa de la mayoría de nuestro pueblo”.
(Mientras hablaba, el brillo de su mirada reproducía pensamientos ponzoñosos que se percibían en forma intuitiva…) pensaba:…
…“Los turcos tenemos buena memoria y jamás olvidaremos las barbaridades y las infinitas matanzas cometidas por los rebeldes y pretenciosos armenios en nuestro territorio. Hoy todo el mundo está enterado de ello, nosotros nos hemos hecho cargo de informar. Nuestros alumnos leen y están al tanto de las atrocidades que hemos sufrido en carne propia por esos malditos infieles. Los niños estudian la historia de nuestro pueblo y saben quienes fueron los armenios y de qué modo nos traicionaron escapándose como cobardes en caravanas hacia Der- er –zor, en Siria. ¡Cobardes! Fueron a llorarles a los árabes y a difundir que hubo muchos muertos entre ellos. Nos echaron la culpa de ello. Hoy procuran que Nuestra Gran Nación reconozca su insólita versión como un hecho y los indemnice por haber abandonado sus bienes materiales y sus propiedades. Fue decisión de ellos. Nosotros no las ocupamos. El turco no vive en la casa de un “gavour”. ¡El olor a cristiano repugna! Allí están los kurdos. Que los armenios de la diáspora sepan en realidad quienes fueron sus reales enemigos. Durante el Imperio Turco-Otomano los armenios convivían a sus anchas a la par nuestra. Nosotros les hemos honrado ofreciéndoles nuestra hospitalidad y la Nacionalidad turca; comían nuestro pan. Los hemos vestido a imagen nuestra, sus hombres usaban nuestro clásico “Tarbúsh” y nosotros nunca se lo hemos reprochado. De pronto quisieron burlarse de nosotros, se envalentonaron, se rebelaron y nosotros no hicimos más que apartarlos. Si hayan muerto algunos por el camino en el desierto de Siria es problema de Siria que no les suministró agua potable y los abandonó a su suerte. Más aún, muchos sirios recogían a las niñas armenias y las vendían en sus mercados como esclavas. ¡Imagínense…! Los mismos armenios ocultaban sus cadáveres arrojándolos en los pozos de agua para no conmocionar a los niños.
Jamás debían haberse quejado de nosotros, no poseen ningún argumento válido contra nosotros ya que nos hemos quedado gentilmente con sus más hermosas niñas y las hemos incorporado a nuestros harenes, al igual que nuestra propia hijas”.
(Y reencontrándose con la palabra, el hombre prosiguió no sin soberbia, exclamando):
“Turquía no ha de admitir, ni aceptar condicionamiento alguno sobre lo ocurrido en el pasado. Fue simplemente error de los armenios, una grave equivocación de parte de ellos. Nosotros hemos perdonado de por vida la vida de los armenios que han quedado en Turquía, porque Ala es Grande.”
(Hubo exclamaciones y aplausos…)
“El presidente de Armenia actual es un hombre muy astuto, sabe que le conviene reconciliarse con nosotros, es un “gavour” inteligente y muy accesible. Nosotros le podríamos dar una mano, siempre y cuando actúe con sensatez: me refiero, sin arrastrar consigo los absurdos reclamos de los armenios traidores, quienes trataron inútilmente de engañar a nuestros amigos benefactores norteamericanos con el cuento del genocidio y sacar tajada de sus mandatos. Turquía es un país poderoso, respetable, decidido, culto y honorable: sus promesas son ley. Turquía ha cumplido con todos los tratados y acuerdos firmados sin olvidarse de ninguno”.
(Hizo una breve pausa y enseguida retomó la palabra amenazando con dureza):
“Que los kurdos se olviden que les debemos otorgar concesiones territoriales en nuestro suelo por habernos secundado contra los cristianos. Que no vayan a creer que por ello ganaron algún derecho. Por otro lado, nuestras fronteras son inviolables,eso va también para los empecinados armenios que todavía sueñan con incursionar libremente como en otros tiempos en las laderas de nuestra montaña bíblica: ¡Nuestra Ararat! sin nuestra aprobación.
Por otro lado, la bandera Armenia tiene estampada el Arca de Noe con nuestra ¡Nuestra Ararat! y esto es un robo alevoso, una patraña y sin embargo se lo perdonamos como prueba de buena voluntad.
Hoy los armenios apantallan a los kurdos, olvidándose que fueron sus reales verdugos, pero nosotros sabemos bien quienes son los kurdos y el significado de esa palabra. Nos han traicionado a nosotros, ¡a nosotros! que les hemos tratado como hermanos. Es cierto; les habíamos prometido premiarlos con una moneda de oro (Osmanli) por cada armenio que degollaban. Por supuesto no hemos cumplido con nuestra promesa porque de pronto se les subió el humo a la cabeza y nos quisieron robar el país”.
(El hombre se tomó un espiro y, henchido el pecho continuó):
“Al igual que los armenios, el kurdo es traidor y le estamos dando su merecido. Turquía podría abrir sus fronteras, pero que nadie se ilusione con acaparar un milímetro de nuestro territorio, sean kurdos, armenios, siríacos o caldeos. Que quede claro: nuestro “Panturquismo es una realidad indiscutible cuyos proyectos están en pie…”.
Saludó al público con ambas manos en alto, inclinó brevemente la cabeza ocultando su satisfacción y bajó del escenario ovacionado y aplaudido a rabiar por sus partidarios.


15/Octubre/2009

TRAS LA CONQUISTA DE LA PAZ

Conquistar la paz es sagrado y necesario, pero no bajo cualquier pretexto, circunstancia, condicionamiento o renta solapada.
Se me hace que los dirigentes de Armenia compiten entre sí por quien logra reflejar mejor su omnipotencia en su propio espejo, desconociendo que más allá de lo perfilado existe un mundo real que está quedando fuera de órbita. Que yo sepa, ellos no son los únicos armenios de la tierra para jugar con el destino de toda la armenidad a la ruleta rusa y aventurarse, sin oficio, a tomar el toro por las astas, nada menos que encarando a Turquía.
Una buena vecindad, aún con el enemigo, siempre será bienvenida, pero ¿a qué precio: arrojar por la borda ilusiones, sueños y verdades inobjetables de nuestros padres y abuelos que han sobrevivido milagrosamente al genocidio? Nosotros, los hijos de la diáspora, somos acaso menos armenios que esos señores de la batuta, para que tomen una decisión unilateral a espaldas de la armenidad, permitiendo que se pusieran en duda y en tela de juicio las indiscutibles aberraciones cometidas durante el genocidio, perpetrados contra sus propios hermanos occidentales; de desconocer los territorios y terruños usurpados de sus hermanos en la Milenaria Armenia y desentenderse de Nogorno Karabagh, la que quedaría virtualmente a merced de la agresión de los tártaros azeries.
Aquí se juega una vez más el futuro de nuestra armenidad y no creo estar escalando nubes lejos de la realidad. Nuestra armenidad no pertenece tan sólo a los dirigentes de nuestra querida Armenia, simbólicamente: Libre e Independiente, sino a la de cada uno de nosotros que hemos rodado por el mundo.
Alguien sobre un escenario de una reciente disertación política se expresó refiriéndose no sin intencionalidad a la época soviética en Armenia, diciendo: “El yugo soviético”. Y yo a ese hermano le preguntaría si el yugo de los otomanos fue mejor y más humano e iría más lejos: le preguntaría si por casualidad leyó algún libro de Raffí que refleja fielmente el “yugo” y la explotación de los armenios por Persia. Por si haya existido, según él, el “yugo soviético” en Armenia, el supuesto sistema opresivo no pudo haber permitido riendas sueltas al poderío intelectual, artístico y cultural de toda su población. La prueba está a la vista. Si no me equivoco, en sesenta y pico de años, Armenia creció más que en toda su otrora accidentada existencia a merced de los bárbaros.
Nuestra mentalidad lamentablemente sigue estando encajonada en estancadas ignorancias premeditadas, tanto como que nos creemos dueños de la verdad verdadera y miembros activos del poder omnipotente.
Protocolos serían importantes y hasta necesarios, siempre y cuando contemplen los añejos reclamos de nuestra armenidad. Sean de la opinión de la mayoría, tanto de los armenios de la diáspora como de los territorios de nuestra Tierra Madre. Que el apasionamiento, el apresuramiento y la desesperación no sean un nuevo motivo de fracaso irreparable.
Me resulta hasta comprensible aquello de los jerarcas del poder armenio, olfatean el Tesoro Del Pirata y se les cae la baba. Creen ingenuamente en la existencia de una Papá Noel turco y en conquistar La Gruta de Ali Baba.
Para quienes nos sentimos armenios, Armenia no está ni estará jamás en venta en los mercados de pulgas, ni remotamente ofrecida en préstamos por todo el oro del mundo. No lo permitiríamos, aunque no quede un armenio en pie… ¡Que Turquía quede con la sangre en el ojo!
Rogaría a mis hermanos que mediten esa frase mía y que saquen su propia conclusión: “Un grano de arena más otro grano de arena es lo único que hará frenar un océano”.
No fueron ellos, los gobernantes de Armenia sino nosotros, los huérfanos sobrevivientes, quienes fuimos arrojados como desperdicios por las veredas del mundo. También es cierto: Nosotros como armenios, carecemos de identificación legal, no de identidad, siendo ciudadanos de la Milenaria Armenia Occidental y no me asombraría que seamos sentimentalmente tan apasionados que los mismos habitantes de nuestra querida Armenia, Libre, Independiente y materialista, aunque quizá, algo más realistas.
Pienso que Los protocolos deben urgentemente ser revisados las veces que hicieran falta; que sean coincidentes con la opinión de toda la armenidad mundial; deberían, como primer término, incluir el genocidio de la familia armenia occidental y su Via Crucis (me refiero a los ciudadanos turcos de origen armenio), amén de la restitución de los territorios armenios con su debida indemnización a los nietos y familiares de los sobrevivientes; la salida al mar por Trebizonda y, que Turquía ordene de inmediato detener definitivamente la agresión de su hermanita Azerbaidyan contra Nogorno Karabagh, respetando la libre decisión de sus habitantes…, dejando de lado el lirismos de los partidos de fútbol y las competencias deportivas.
Tanto Artzakh como Nejichevan fueron y son territorios históricamente armenios, por lo tanto no pueden ser pretendidos por los tártaros azeríes porque un tal Stalín se los ha cedido. Turquía no puede pretender permanecer eternamente en los territorios armenios de Kars y Ardahan porque un tal Stalín, como si fuesen de su pertenencia, las haya otorgado en préstamo a Turquía bajo condición que sacase un diez en buena conducta. Fueron en préstamos por veinte años y ya han transcurrido ochenta desde entonces...
Que conste que la historia no miente, mienten los libros de historia.


8/Octubre/2009
Rupén