martes, 24 de marzo de 2009

Homenaje a nuestros héroes de la diáspora…

Con sentidas palabras pretendo humildemente honrar a los héroes de nuestra gran familia armenia de la diáspora. De algún modo hacerles llegar mi respeto, manifestarles mi admiración por los logros, más que milagrosos, obtenidos por cada miembro de esa comunidad, debido a su tenacidad, a su espíritu de lucha y por supuesto, a su gran inteligencia creativa, amén de su indiscutible genialidad. No es nada fácil resurgir de la nada habiéndose trasladado a la deriva por el mundo para abrirse en abanico sin medios adecuados. Tuvieron en su gran mayoría, renunciar a sus estudios y remangarse a la vida. Adquirieron filosofía propia sobre los adoquines de las calles, peleándole a la adversidad codo a codo. Desde sus heredados oficios familiares, llegaron a grandes industriales y a constituir en grandes empresarios. Muchos fueron destacados y reconocidos por sus habilidades innatas pese a erigir patria en patrias ajenas. Aún naufragando entre idiomas foráneas se hermanaron con los pueblos que les abrieron sus fronteras. Entre lágrimas y cicatrices que aún les sangran, mantuvieron su identidad, sus ideales y jamás desplazaron de sus sentimientos el amor a sus lejanas tierras. Un héroe no es quien regresa de una batalla coronado de laureles luego de haber puesto de manifiesto todas sus mezquindades infrahumanas a espaldas del sentido común. Un héroe es aquel que, pese a la adversidad, logra imponerse a las circunstancias sosteniendo la cabeza sobre los hombros y la mirada acariciando horizontes. No obstante, la armenidad de la diáspora, más allá de haber generado grandes talentos, muchos lograron encerrarse en sus vanidades y se sumergieron hondo en sus egolatrías primitivas, lo cual es comprensible. El éxito suele confundir los objetivos elementales, hace que uno se crea superior. Quizá sean defectos preliminares junto con la indiferencia y la insensibilidad que va acentuándose al desprenderse las hojas del almanaque. “El dinero es el opio de la conciencia”.-dije una vez. “El poder engendra prepotencia”- dije otra vez. Quien haya superado destierros y sufrimientos de toda índole es factible que no contemple debilidades ajenas. Para él los débiles e incapaces de defenderse por sí solos son descalificables. Para cualquiera de la diáspora, ningún armenio debiera sufrir necesidades ni pedir ayuda, porque al igual que todos los demás hermanos, posee el don divino de la supervivencia al que debe poner en práctica. Nos obstante ello, el orgullo de haber superado los escollos los tornó reacios al dolor ajeno y se les acentuó el egoísmo primitivo. Para ellos tenderle la mano a un hermano es algo así como humillarlo en su amor propio. Su heroísmo los hizo retroceder, sin querer a la época de las cavernas y su justicia es la de en marginar a los débiles y los imposibilitados de seguir el rebaño; quienes en definitiva deben ser ignorados y abandonados por los caminos. Pienso que los armenios de la diáspora forman parte de un partido de ajedrez muy particular donde no existen peones, ni torres, no participan caballos, ni alfiles, donde se juega a todo o nada con Reyes, Reinas, Capitanes y Comandantes. No les cabe mentalizar que la unión hace la fuerza. Que entre todos se podría armar un Paraíso juntando esperanzas y abrazándonos entre hermanos. Además deberían comprender de una vez por todas que la política interna de un país es propiedad exclusiva del mismo y es donde flamean sus banderas y donde el suelo se impregna día a día de historias vívidas y, que ellos, los héroes de la diáspora, no son más que águilas perdidos que revolotean por los cielos del mundo, aunque les duela reconocerlo.

LA VIDA ME ENSEÑÓ

Ciudades armenias de fronteras como Kaisaría habitada por los Laz, descendientes de la antiquísima raza Hititas. Urfá, que había sido baluarte de los reyes de Asiria y Babilonia; Tarsós, donde el rey de Asiría Sardarriapalo dejó esculpido un pensamiento de su pueblo que decía: “GOZAD DE LOS PLACERES DE LA VIDA CUÁNTO PODÁIS YA QUE TODO LO DEMÁS SÓLO ES SUEÑO”. Ciudades como Mardín, que siglos atrás desafiara nada menos que las hordas del vandálico Temerlán. Ciudades heroicas como Hadjín (Hadyín), Zeitún, Ván, Erzerúm y muchas otras, diseminadas desde el Mar Caspio hasta el Mediterráneo, combatieron en todas las épocas hasta el último suspiro por una Armenia libre, aún así fueron saqueadas y convertidas en ruinas.
Trozos de columnas, pedestales y lápidas grabadas que ostentaban las murallas de las ciudades de la otrora concurrida altiplanicie Armenia, han sido saqueadas y destruidas y la región se halla en la actualidad convertida en desolación, en una impresionante soledad, ausente de árboles y de pájaros. Hoy, la mayor parte de ese territorio milenario es un sepulcro abierto entre rocas y cruces de piedra, sus templos se hallan destruidos y sus iglesias, no hace mucho, ardieron como antorchas junto a sus fieles.
Hasta aquí la anécdota. Mientras los países del mundo nombran sus triunfos, sus conquistas y trofeos, Armenia Milenaria lustra sus cicatrices y le reza al cielo. Y qué reconfortante para un hombre como yo, de pronto enterarse de todos esos acontecimientos, de todo ese desastre. Ruinas, masacres y muerte y otra vez ruinas, masacres y muerte. Al final, ¿qué somos nosotros? ¿Emisarios del cielo o somos los inmortales del Caucaso? ¿Qué es ese milagro que todavía nos mantiene de pie, mientras que muchos otros han sucumbido y desaparecido para siempre? Siglos tras siglos, golpe tras golpe… ¿No será que con ello estuvimos pagando con nuestras vidas, culpas que cometimos en algún pasado del pasado?
Porque hasta donde sabemos, nuestra historia, salvo excepciones, no refleja más que periodos nefastos y de sometimiento. Me preguntaría: al principio de los principios ¿quiénes éramos los armenios y cuál habría sido nuestro comportamiento ante Dios? Lo que sé, que en la rotación de las especies incluyendo al hombre, siempre existió una disciplina celestial predominante que muchos reconocen por: “Justicia Divina”.
Hoy sabemos lo ocurrido, pero ignoramos los motivos que movilizaron a que esa supuesta “Justicia Divina” tomara represalia en contra nuestro. La vida nos acaba de enseñar que nuestra conducta se cotiza en la bolsa de la eternidad. No obstante mi ateismo religioso, consiento la existencia de algo superior que no le cabe explicación alguna en la mente humana.
Más allá de todo lo dicho y lo versado, sabemos que el tiempo no es tal como lo medimos y que los horizontes acaban donde comienzan otros horizontes, que la vida es un simple episodio de una larga novela en la que vamos rindiendo cuentas sobre nuestro proceder, que un ser humano o una multitud de semejantes no son más que cifras; que el pasado no existe, que el presente acaba de agotarse y el futuro no es más que una ilusión dentro de la incertidumbre.
Y ahora, permítanme fantasear, diciendo que las estrellas son los ojos del Hacedor del Universo y si eso fuese cierto, desde las alturas, un ser humano o un millón de seres humanos no llevan ninguna incidencia sobre la rotación de los astros. Somos, si se quiere, apenas una mera insignificancia comparados con La Verdad desconocida. La vida me enseñó que al sostener con ambas manos el mástil de mis ilusiones, soy capaz de abrirme camino hacia la eternidad. Nadie me aseguraría que el pasado alguna vez existió y que la historia no es más que puro cuento.


9/Diciembre/2008

miércoles, 18 de marzo de 2009

SIONISMO... NAZISMO...

No es de asombrarse si les cuento que Hamás y la población palestina de Gaza se defienden contra la agresión de los terroristas sionistas internacionales y no de sus hermanos hebreos con los que convivieron largos años de su existencia hermanados con paz y respeto mutuo. Quienes hoy bombardean Gaza y no hace mucho atentaron contra el Líbano con la aviación israelí son los mismos descendientes de los terroristas” Irgun Tzvai Leumi” y “Haganá” que fueron comandados por Menajim Beguin, Golda Meir y otros “Shlomos” importados; fueron en su mayoría soldados del Imperio Británico y al culminar la Segunda Guerra Mundial, como por arte de magia, 27000 gringos sionista recolectados por Europa, con todo el armamento a su disposición cedido gratuitamente por Inglaterra, armaron el núcleo del ejército judío terrorista e invasor sobre el suelo palestino. El “Irgun”, otro brazo criminal sionista fue el encargado de cazar a los cabecillas palestinos en el mundo. Son ellos quienes persiguieron a los miembros de la OLP como perros sabuesos y los fueron asesinando uno tras otro, porque sabían que la intelectualidad palestina les implicaba peligro. Tanto ellos como Inglaterra deslegitimaban abiertamente al Gobierno Palestino de Yaser Arafat. Cuando el ejército imperialista terrorista israelí comenzó a mostrar sus colmillos, aniquilar uno tras otro los poblados palestinos y apoderarse de sus tierras, en Jaffa (Yafa) por ejemplo, los árabes creían que estaban siendo agredidos por los rusos. En las calles se rumoreaba lo peor y la gente enardecida gritaba: ¡Tenemos que ayudar a los judíos; son nuestros hermanos, los tenemos que proteger de los rusos! ¡Sí, por supuesto habían rusos, los mismos peleaban a la par de los sionistas, los restantes eran sionistas procedentes de Europa. Yo he vivido esos momentos y los recuerdo con dolor como que fuera ayer. Nadie sabía nada de lo que estaba ocurriendo, tan sólo que morían gentes y llovían obuses de morteros ingleses sobre la ciudad. Al poco tiempo más de tres millones de ciudadanos palestinos fueron expulsados hacia Jordania, Líbano, Siria y Egipto. Para Ben Gurión, uno de los encumbrados sabios sionistas, Palestina no existía. Teodoro Herltz decía: Para edificar el ESTADO JUDÍO hay que exterminar a los animales salvajes de la región: se refería, sin la menor duda, al mundo árabe. Los gringos barridos con la escoba europea, simulaban que los palestinos eran jordanos, egipcios, sirios y libaneses, que los palestinos como pueblo era inexistente. Nadie se imaginaba a ciencia cierta que Palestina había sido cedida al judío errante por Inglaterra y demás naciones europeas que ansiaban liberarse de él. Incluso Gran Bretaña quería imponer la nacionalidad judía a los árabes de Palestina. Sesenta años después los sionistas europeos, ya instalados en su trono como Estado Judío, siguen martirizando, matando y torturando a los pocos palestinos que quedan con vida. Hoy luego de cometer tantas masacres de aldeas y pueblos, de asesinar sistemáticamente Lidda, Deir Yasín, Sabra y Shatila por nombrar algunos, de bombardear valientemente campamentos de refugiados, de atacar el Líbano, de maniatar a los pocos habitantes árabes rodeados de simpáticos colonos gringos, controlados celosamente por la soldadesca del Estado terrorista Imperante en la región, le toca masacrar con la conspiración de las “Naciones Humanas” el último reducto: una población desarmada en la Franja de Gaza. Y la aviación bombardea durante 22 días y sus respectivas noches en forma ininterrumpida derribando sus ciudades sobre sus moradores, sin respetar colegios, mezquitas, refugios, hospitales, ni siquiera las cedes de la ONU. Los tanques se ensañaron con los niños y las mujeres que huían… Para los genocidas todo aquello que se movía resultaba sospechoso de terrorismo. Sospechosos de terroristas fueron también los burros, las vacas, los corderos, las cabras y las gallinas. El sionismo impío bajo ordenes de criminales sionistas asesinaron más de 1500 palestinos en su mayoría niños y mujeres y dejaron 5000 heridos de distinta gravedad, en su mayoría niños y mujeres Luego tuvieron que detener la masacre y retirarse porque el mundo entero había quedado consternado ante semejante salvajismo de lo supuestos amantes de la paz. El mismo Papa tuvo que abrir la boca y pronunciarse. Y ¿Qué ganaron, más allá de masacrar seres humanos y acumular el odio del mundo? No obstante, hubo quienes sacaron provecho de ese genocidio, las bombas de racimos y las de fósforo eran de fabricación norteamericana al igual que todo el armamento expuesto en el terreno. Y esto tiene un costo y un virtual cobrador. Para energúmenos con cara de hiena como Bush, los muertos y heridos jamás lo conmovieron, masacró tanto árabes como de sus propios soldados. Su especialidad era armar guerras contra espejismos llamados “Sospechosos” y “Terroristas” de su propia inventiva. El mismo fue quien fundió la mayor economía mundial de los EEU. Él fue quien arrastró a los criminales terroristas sionistas a expresar sus condiciones innatas, sus atrocidades. La tortura que cometió en sus cárceles privadas controladas por la CIA como Guantánamo contra sospechosos es simplemente imperdonable. Bush con esa cara de hiena y mirada sanguinaria, estuvo detrás de cada atentado de quienes les robaron la patria y su herencia histórica a los palestinos. Hoy Israel lamenta haber fracasado en su intento de recuperar el soldado israelí preso en poder de Hamás y no contempla los miles de presos palestinos que día a día son torturados en sus cárceles. No les conmueven a la derecha israelí “Likud” con Natanyahu y la encantadora candidata Mujer TZIPI LIVNI, gringa por excelencia, la muerte de civiles palestinos. Ellos son sionistas judíos gringos, no hebreos.
En definitiva: el Sionismo al igual que el Nazismo son sin duda una nefasta expresión, la más perversa de una evidente degeneración humana.

23/Enero/2009

"CRÍA CUERVOS"...

Por segunda vez en tan corto tiempo me estoy tomando odio por pertenecer a la raza humana, pues no alcanzo a comprender que existan individuos y pueblos tan despreciativos de la vida humana; no de las suyas desde luego, sino, de las demás: los gentiles y los útiles; que fuesen tan criminales como buenos farsantes en su tradicional parodia de amantes de la paz. Al final de cuentas, se me hace que el Nazismo volvió a recobrar fuerza, descubrió sus colmillos, soltó su ponzoña, disfrazado de usurero sionista. Los mismos energúmenos de ayer han vuelto a ocupar el odio de quienes como yo siente la muerte de cualquier criatura humano en carne propia. Ahora que lo pienso: ni Jesús pudo modificar el espíritu agresivo y despiadado de ese pueblo en cuestión, supuestamente, protegido y guiado por su dios, selectivo y racista. Me indigna saber que ninguna nación, ni siquiera la ONU se opone al bombardeo indiscriminado de la aviación militar israelí sobre la población civil indefensa de la franja de Gaza procurando su exterminio. La complicidad del mundo cristiano para con el sionismo es tan evidente como interesada que ya cae de maduro. Los escribas de los tiempos vetustos acomodaron historietas y cuentos fantásticos recopilados del pasado con los que armaron un voluminoso libro que fue consagrado como sagrado; incluía engaños, traiciones, frivolidades, atentados y asesinatos figurativamente heroicos; hechos que son reproducidos por sus mismos seguidores hoy día. En un principio hasta yo les tenía simpatía y admiración, le tenía piedad y consideración al judío errante, pero no me imaginaba que lo suyo era una actuación bien ensayada, tan vil como engañosa, que su verdad era otra y que abusaban de mi buena fe. Finalmente han arrancado sus mascaras y yo he superado mi ingenuidad y despertado a la triste realidad. No me equivocaría si digo que son la fiel reencarnación del Nazismo, más aún; que el Nazismo fue un engendro del Sionismo. Hoy me da asco tener que compartir este mundo con criminales y desalmados. Me da bronca porque el mundo consienta sus matanzas y bombardeos como algo normal, rutinario, aleccionador y purificador. Tengo vergüenza por sentirme impotente ante semejantes genocidas. No nos confundamos, lo que acontece en Gaza no es una guerra, es un exterminio: ¡un exterminio! ¡Una alevosa matanza! Para colmo, los Estados Unidos aplauden la hazaña. Francia se alza de hombros y la comunidad internacional se trago la lengua… No alcanzó con robarles el país a los palestinos, todavía pretenden arrojar a sus legítimos dueños al mar. No sé por qué a todo esto le encuentro parentesco con el caso de mis abuelos, masacrados por los turcos. ¡Cuántas veces más hemos de estremecernos ante crímenes de lesa humanidad en manos de Israel o de asesinos norteamericanos de turno! ¡Cuántas más tendremos que incorporar al archivo nefasto de la humanidad, desgracias como las de Deir Yasin, Sabra y Chatila, Irak, Afganistán, Beirut y Gaza! ¡Desagradecidos! No tenemos más que remontar la historia y constatar… ¿Quiénes fueron los que cobijaron a los esclavos rescatados de Babilonia, les abrió sus brazos, les ofreció su pan y les permitió habitar Palestina? ¿No fueron acaso los cananeos? Los mismos descendientes de los cananeos: los árabes; los árabes fueron quienes socorrieron a los armenios en su desgracia, aun siendo de religión islámica.
Aquí cabe mencionar aquel dicho:
“¡Cría cuervos y te arrancaran los ojos!”

29/Diciembre/2008

“Podemos hacer tanto bien con no dañar a nadie”

Jesús predicó un amor sublime, incluso fue más allá en sus apreciaciones con aquello de ofrecer la otra mejilla. Fueron símbolos y parábolas demasiado nobles para la comprensión de una humanidad corrompida, enferma de doctrinas puramente materialistas. Aún me pregunto qué debería hacer si un invasor irrumpe imprevistamente en mi aldea, asesina a mi familia y se apodera de mis bienes. ¿Debería acaso ofrecerle la otra mejilla? Y si le hiciera frente, ¿no estaría actuando de anticristo? Quedarse a las expectativas sería, si no me equivoco, una locura que bien podría confundirse con cobardía. Las mujeres y los niños que eran arrancados a sus hogares, expulsados, alejados en caravanas de sus terruños ancestrales; humillados y masacrados, ¿cumplían acaso con el mandato de la otra mejilla?
A veces vago de habitación en habitación tratando de comprender más allá de lo acontecido nueve décadas atrás, hurgando en forma imaginaria mentalidades de quienes fueron enemigos hereditarios del odio, quienes al correr del tiempo se encerraron en su orgullo primitivo.
De pronto todo se me aparece como que fuese producto de una mente tenebrosa, de una película de terror y que Jesús no perteneció más que a mi libro de catecismo; que tanta crueldad y tanto ensañamiento procedan de seres reconocidos por humanos.
Con el tiempo fui desenterrándome de la historia de mis viejos… Conseguí hacerme a la idea que nuestra dolorosa tragedia o cómo suele llamarse, no existió más que en los cuentos de la abuela y que no es verídica la versión de que miles de niños fueron embarcados y arrojados al mar, otros enterrados vivos por sus padres o ahogados en los lagos, con que las aguas se llevó sus cuerpos, que corrieron ríos de sangre, que los pozos de lluvia fueron abarrotados ex profeso de cadáveres, que las niñas fueron violadas por la soldadesca antes de ser asesinadas, que muchas de ellas fueron a parar a los harenes esclavizadas y que el resto de las caravanas murió de sed, mientras la arena del desierto los iba devorando de a miles y muchas incontables atrocidades más...
Se me hace que mientras mis hermanos erigían sus castillos en el aire, los criminales turcos salían de sus guaridas y en sus rostros corría una risa salvaje…
Sólo metiendo las narices en mis papeles me fue posible recrear la barbarie cometida. Veía los rostros de mis hermanos pintados de asombro, rindiéndose ante quienes pugnaban por conquistar el cielo y la gloria eterna convertidos en una suerte de humanidad inhumana. Todo aquello y mucho más, combatió durante años en mi corazón e infestó mis pesadillas.
Cuando era niño soñaba en matar a los que asesinaron a mis abuelos tan pronto yo creciera, como para que estén vengados y sus almas descansasen en paz. Pero fui creciendo y pude ver y percibir con el corazón lo que me impedían las pasiones juveniles; que el turco era más digno de lástima que de reproche: porque recordaba aquello de “Quien haya conquistado el poder, no podría evitar corromperse por el poder y que el ejército más grande es siempre quien practica la mayor crueldad”.

LA NOBLEZA

No entiendo por qué el Occidente lisonjea con el Estado Judío al igual que un perro faldero. ¿Por qué tanta consideración y privilegios? ¿Acaso la humanidad se encuentra desamparada, carezca de fondos, esté atolondrada que no logra comprender la magnitud de las ponzoñas que el pueblo sionista arroja descaradamente contra sus vecinos traducidas en bombardeos de la aviación israelí, sus tanques, sus helicópteros y sus barcos de guerra, sobre civiles de una franja de tierra palestina, asediada por todos los costados con un millón y medio de encarcelados y en condiciones infrahumanas, deteriorando alevosamente la paz y el equilibrio mundial, incluso provocando riñas y desconciertos de su especialidad, entre hermanos? Hace poco atacaron al Líbano y destruyeron gran parte de su capital, me pregunto por qué razón, ¿acaso para apoderarse de ese territorio como lo hicieran con Palestina y la altura del Golán, perteneciente a Siria? ¿No creerán acaso en la absurda predicción de quien sabe quien o de su Jehová que solía según sus escrituras hablarles en caldeo desde su trono en el cielo, con que Israel se extendería desde el Nilo hasta el Eufrates, borrando en su pasó a las demás naciones que las habitara? ¿Será por ello que han doblegado a los iraquíes, con apoyo de los norteamericanos, claro, y hoy estén masacrando a los que quedan de los árabes palestinos, contando con la indiscreta complicidad del la ONU, pariente cercano de Israel? De la ONU y también del Papa que aparece en su ventanal y dice: ¡Chicos pórtense bien! ¡No jueguen con fuego que podrían quemarse! ¡Acuérdense que el aborto es un pecado mortal! ¡Os mando mi bendición! ¡Cháu…! Digo yo… ¿Qué clase de “Naciones Unidas” que cada vez que sentencia a Israel por sus atrocidades infrahumanas, sus dirigente se alzan de hombro y prosiguen con lo suyo sin mosquearse, incluso más, se atreven a quejarse con que son la víctima no los victimarios. Ahora es Gaza. Ya han robado la mayor parte de Palestina, lo que les fue obsequiado y lo que les fue negado. Ahora le toca a Gaza y con ello terminarán con apoderarse y consolidarse en el terreno. A los palestinos les asignaran alguna que otra reservación muy apartada del pueblo israelí predilecto de Jehová, su dios particular de tendencia racista que capitanea su ejército imbatible, según el libro consagrado como sagrado. Ayer el Estado Judío expuso su poderío norteamericano contra el Líbano y salió malherido. Se me hace que Jehová no estuvo presente o ya esta harto de apoyar las insolencias de sus hijos predilectos. Un Líbano que ha sido benévolo con ellos, un Líbano que les mandó sus arquitectos y la madera de sus cedros para edificar el templo de Salomón, destruido por los asirios, sobre cuyo muro se lamenta todo el judaísmo y jura vengarse sin importar de quien. Porque el sionismo a la par del nazismo no conocen el perdón, mucho menos la misericordia. No saben que la generosidad, la humildad y el amor al prójimo son los dones más preciados del género humano. Finalmente y en hora buena, el judaísmo nos está revelando una de sus facetas desconocidas: una versión muy particular de una inhumana humanidad. Un pueblo que en una época de mi vida me pareció excepcional. Incluso llegué a admirarlos y quererlos como si fuesen mis propios hermanos. Pero, y lamento decirlo, la actitud tomada por el Estado Judío me ha defraudado. Si no pareciesen a las demás gentes y se asemejasen con su apariencia, pensaría que se han vuelto monstruos extraterrestres, desalmados e inhumanos, que evidencian una prepotencia que les rebalsa por los poros. Pero… pero, me viene a la memoria aquel dicho: “El chancho no tiene la culpa…la tiene quien le da de comer… ” Si las Naciones Unidas actuaran sin otorgarles ningún privilegio, estarían obrando con justicia y el mundo estaría más seguro, e Israel habría quedado en el molde con el rabo entre las piernas, pero… lamentablemente se le dio demasiada importancia, demasiada consideración, demasiada confianza que le permitió tomar atribuciones de Amo y Señor, se creyó superior a todas las demás naciones y comenzó a escupir al cielo. El mundo occidental ni siquiera se imaginaba la monstruosa aparición detrás de ese judío errante con su metamorfosis en un estado israelí. Es como aquellas aves que depositan sus huevos en nidos de otros pájaros y cuando el pichón del ave intrusa rompe el cascarón, empieza a empujar a sus hermanos hasta hacerlos caer del nido y apoderarse de la atención y del alimento de sus padres adoptivos. Esa es la historia de la creación del Estado Judío sobre el territorio palestino. Hoy las Naciones Unidas que conforman sus padres adoptivos no saben con qué conformarlo y de qué forma condenar sus fechorías. Creen con mimar un cuervo se salvarían de que no les arranque los ojos. Israel al autonombrarse una nación, tuvo su oportunidad de hacer buena letra, pero engañó al mundo entero con su tema de amante de la paz. Llegó a insinuar que su evolución como Estado sería un ejemplo de dignidad para la humanidad, que después de sufrir el holocausto serían quienes comprenderían mejor que nadie el dolor ajeno. Pero ya la humanidad se está dando cuenta de su propia ingenuidad y de su error de apreciación, de que el sionismo con su disfraz de judaísmo es un lobo sanguinario e impío que se ocultaba bajo la piel de un inofensivo cordero. No por nada durante su larga existencia ha recibido su merecido y no obstante, dudo de que haya aprendido la lección. Con desmerecer a los demás no se adquiere categoría. La nobleza no se fabrica con dinero, ni con refregar en las narices de los demás el haber recibido como contribución por “Buen comportamiento” las armas más sofisticadas del país más belicoso del mundo, asimismo por haber impedido el acceso al terreno observadores internacionales que pudieran acceder a la realidad en la zona del conflicto; haber prohibido la presencia de la Cruz Roja, los de Ayuda Humanitaria y de las delegaciones de los Derechos Humanos. La nobleza es una condición innata de los pueblos humildes y cordiales, aunque occidente lo ignore o su simple mención le cause urticaria al judaísmo. El pueblo árabe es, sin la menor duda, uno de los más nobles de la tierra. Y lo digo con convicción: ellos; nadie más que ellos fueron quienes acudieron a salvar a los armenios que se escapaban de ser masacrados por la soldadesca turca. Soy uno de tantos hijos de sobrevivientes y les estoy eternamente agradecido a mis hermanos árabes que en su oportunidad nos tendieron su mano generosa. Si esto no es nobleza, entonces La Nación judía entiende por nobleza: bombardear inocentes con su aviación, cazar niños palestinos con sus tanques norteamericanos, derribar refugios de las Naciones Unidas, atentar contra mezquitas y escuelas repletas de niños y mujeres.

“Shalom aleijem”

El flamante presidente capitalista, imperialista por excelencia del mundo moderno, el primero en la historia de piel negra, al preguntársele sobre la agresión israelí contra palestinos, se aventuró diciendo que todas las naciones poseen el derecho de defenderse. Lo que significaría, para mí y pienso, sería lo mismo para las demás gentes, que su discurso incluiría invadir países, aniquilar poblaciones y apoderarse de su tierra. Al fin y al cabo con ese razonamiento justificaría los bombardeos de Israel sobre la población palestina. No sé por qué se me hace que con su presencia en el trono mundial, la humanidad no habría de avanzar, más bien permanecería estancada por décadas.
Vuelvo al tema “Terrorismo” del que tanto se martilla en el léxico político pro sionista. No existe informativo alguno, reportaje alguno que no se la incluya como punto de partida. Los periodistas y sus reporteados cuya inclinación evidencia estar ampliamente a favor del sionismo, reconocen a los árabes por terroristas islámicos y los colocan en la misma bolsa, como diciendo: ¡Los asiáticos son chinos, los rusos judíos y los españoles gallegos! Terrorismo, viene de la palabra terror. Quienes invaden países, bombardean hogares con su aviación norteamericana, disfrazada con insignias del Estado Judío y matan civiles, no serían por supuesto terroristas, ¡nada de eso!, serían los mismos tradicionales e infaltables héroes imbatibles de los cuentos del Antiguo Testamento. Son los que patean en contra, muy a pesar de la opinión mundial, quienes, pese a las reiteradas condenas de las Naciones Unidas nunca las llevan a cabo. El Estado Judío se aferra a unos dichos absurdos de su Torá, con que “Jehová” dios de los ejércitos victoriosos de Israel, se dirigió personalmente a Abraham proponiéndole abandonar Ur de los caldeos, prometiéndole la entrega incondicional de la tierra de los cananeos. Mejor dicho: la tierra habitada por los cananeos, hoy Palestina, el Líbano y quien sabe si el plan de usurpación de tierras comprendía también las alturas del Golán y Damasco. Porque creer en absurdas predicciones y tales supersticiones e incorporarlas a una doctrina por encima monoteísta, es simplemente tener mente atrofiada. Las doce tribus de judíos debieron haber provocado graves conflictos en su lugar de origen como es normal. En su marcha migratoria cruzaron Palestina y se refugiaron en Egipto. Transcurrieron cuatrocientos treinta años hasta que finalmente fueron expulsados por el Faraón. Por fortuna ningún libro de historia, ni siquiera el Antiguo Testamento menciona los motivos. Una vez más, fiel a su pueblo predilecto, se presentó Jehová a salvarlos de ser exterminados. Como por arte de magia partió el Mar Rojo en dos, permitiéndoles cruzar con el oro y las joyas robadas a Egipto y ya a salvo, Jehová volvió a unir las aguas y así se ahogó el ejército del Faraón que los perseguía. (Otro absurdo total; ¿en qué mente cabe?)
Errando y errando como gitanos por el mundo, finalmente y gracias a la influencia de los anglosajones se les concedió un territorio en Palestina. A partir de allí el humo les fue subiendo a la cabeza y hoy al inicio del año cristiano 2009 controlan las finanzas del mundo, la medicina, la industria bélica, la publicidad y la música, amén de la nación más poderosa de la actualidad. Hoy controlan la prensa mundial, los mercados de diamantes y del oro y se empeñan por convencer al “gentil cristiano” “Goim, en su lenguaje” con que los malos de nuestra civilización son los de Hamás y los de Hisbala libanés, porque no han logrado todavía convencerse con las proclamas judías de amantes de la paz.
Hace cientos de años que el sionismo brega, se arrastra disimuladamente como víbora utilizando la usura como un medio de sometimiento. Han logrado hipnotizar a ciertos países árabes y sacarlos de circulación, a cambio de toneladas de papalitos verdes cotizables en la bolsa de Nueva York, principalmente los del golfo pérsico. Otra de su especialidad puesta a prueba, fue provocar guerras fraticidas e intolerancia religiosa en Irak, obligando al Sheriff de Texas City a encubrir sus fechorías, incluso tomar partido e humillar a su población, estableciéndose indefinidamente como un intruso en el terreno contando con un comodín como punto de referencia. Gracias a la eficiente colaboración logística de Jehová hoy Irak no representa peligro para Israel.
Hace poco Israel le pidió autorización al Tio Tom para atacar las instalaciones nucleares de Iran, solicitándole de paso apoyo material y exigiéndole la entrega de bombas de profundidad anti bunkers que por desgracia no forman parte de su actual arsenal. Lo que está lanzando sobre la población palestina son simples bombas de fósforo y las de racimos, ambas prohibidas internacionalmente. Mas su solicitud le fue negada, no obstante se le aconsejó seguir amaestrándose practicando tiro al blanco contra los edificios palestinos y los refugios de la franja de Gaza. Ya que se trataría de una población inofensiva, que carece de aviación militar, de tanques, ni siquiera una flota naval y, con bombardear sus ciudades y ensañarse con matar a sus mujeres y niños, sería cosa de un par de días a lo sumo para que Hamás esté rindiéndose. Mientras tanto, entraría a regir la propaganda interesada y los compromisos previamente acordados con El Reino Unido, su asesor espiritual, contando desde luego con la infaltable y estrecha colaboración de su amante aliado, su exclusivo surrtidor de armas y las honorables, respetables socias activas de la ONU que cacarean con la panza llena todas juntas sin poner un solo huevo. Mientras tanto, mantener la buena costumbre de cortarles los suministros de gas, luz, petróleo y agua; impedir la presencia sobre el terreno de la prensa internacional, las delegaciones de los derechos humanos, la Cruz Roja Internacional y la ayuda humanitaria para que de esa forma pueda, liberada de culpa y cargo, seguir matando civiles refugiados en colegios, mezquitas, incluso bombardeando alevosamente “por error” ¡Claro está!, los establecimientos de las Naciones Unidas abarrotados de refugiados. Total; nadie le impide formalmente detener su agresión; no se lo impiden, porque saben fehacientemente que es inútil, puesto como es tradición Israel no obedece a nadie y, aunque lo condenaran, le importaría tres bledos…
Desde mi modesta observación, trataría de reflejar el pensamiento de ese pueblo tan particular:
“Somos los héroes de la película, los imbatibles…Matar a mujeres palestinas y niños es lo más fácil, además, es nuestra especialidad. Con su eliminación estamos programando nuestro futuro de grandeza, estamos borrando con nuestro valiente ejército la existencia de las próximas generaciones de terroristas islámicos. Preferimos asesinarlos hoy que son indefensos y tiernos y no tener que enfrentarnos con ellos mañana cuando ya manipulen armas, porque podríamos lamentar la baja accidental de uno que otro herido leve. A los demás palestinos los tenemos atenazados y enjaulados en reservaciones rodeados de asentamientos de amables y bien educados colonos judíos gringos. Los árabes son retrógrados, comen con las manos. Lo que queremos en verdad es que se vayan o que se mueran todos. Aunque les sonreímos, odiamos a los árabes y lo transmitimos a nuestros hijos desde los pechos de sus madres. ¿Dónde se ha visto que Palestina les pertenece…? ¡Van a tener que desaparecer por la buena o por la mala del suelo de Israel! “Abraham nos lo aseguró, porque Jehová, nuestro dios, le habló y está escrito en el Torá. Nuestro poderoso ejército imbatible es consciente de que está defendiendo una causa noble y justa y, que tenemos que acabar con los terroristas islámicos que rechazan ser esclavizados y alimentados por nosotros como mascotas y sirvientes a modo de figurar como lo que somos de dadivosos. Hemos de prohibir a que los palestinos le sean suministradas armas importadas, procedentes de Siria o de Iran. Que no se vaya a creer por ahí que somos insensibles al dolor ajeno. De cuando en cuando les otorgamos piadosamente tres horas de respiro y de calma como ayuda humanitaria mientras que nuestros pilotos se toman un refresco, se abastecen nuestros aviones de combustible y se rearmen de bombas de precisión. Mientras tanto, los palestinos tienen tiempo de rescatar sus cadáveres entre los derrumbes y de enterrar a sus muertos. Aquí los únicos que deben poseer armas somos nosotros… ¡El pueblo elegido…! ¡Heil…!
Y ahora hablando con seriedad: Quien más quien menos está enterado de cuales son las armas defensivas y cuales son las ofensivas. Si usted todavía insiste en que Israel es la víctima, usted es un sionista que no merece ser judío, ni siquiera pertenecer a la raza humana, ya que un sionista no es ni más ni menos que un criminal Nazi. Por otro lado, el judaísmo no es una raza sino una religión y quienes asesinan a palestinos son los gringos anglosajones sionistas disfrazados de judíos

LOS IMPERIOS

El político norteamericano con cara de mascara de almidón y mirada fúnebre, discípulo y amigo personal de Bush, Cara de Hiena y aspirante al trono de los EEUU, increpó la orden del flamante Presidente Negro de frenar las torturas en todas las bases norteamericanas controladas por la CIA repartidas en el mundo, haciendo por supuesto hincapié en la de Guantánamo, Cuba, diciendo: “¿Qué hemos de hacer con los presos? Nuestro país no aceptaría sospechosos en su seno”. Su intensión no sorprendió a nadie: siendo un veterano criminal de Vietnam, cae de maduro que le importa muy poco liquidar a todos los presos, por más que no hayan sido juzgados y comprobada su culpabilidad. De pronto pienso, cómo hubiese sido nuestro mundo sin energúmenos, sin militares ni policías, colonialistas conquistadores, usurpadores prepotentes y próceres a caballos de bronce. Si no existiesen religiones que desorienten a los niños y a los ingenuos haciéndoles mentalizar absurdos, ¿estaríamos acaso matándonos unos a otros por costumbre y por contagio? Si hubiésemos comprendido que el cielo y la tierra nos pertenecen tan solo en la ficción, entendiéramos que el mundo es una fantasía y que nosotros no somos más que simples sombras corridas por el destino. Si nos diéramos cuenta que el vecino no es un rival, mucho menos un enemigo; que el que está en la otra vereda aguarda a que le ofrezcamos un abrazo… Cómo me gustaría que los países fuesen reconocidos por sus flores nacionales y sus árboles frutales, que carezcan de fronteras, púas metálicas, muros divisorios, ideologías odiosas y fanatizadas… Reconocer a Palestina por sus olivares, Armenia por su Montaña Sacra y sus damascos; la Argentina, por el Seibo y el Jacarandá; que no haya discriminación, ni la estúpida creencia de la raza superior, predilecta de tal o cual supuesto, hecho a imagen y semejanza… Digo yo… ¿lo soportaríamos? ¿No será lo que nos incentiva vivir es sortear por turno las desgracias? Si el amor fuese libre, amplio y sincero, en el buen sentido de la palabra, no tuviese censura que merme su poder creativo, ¿estaríamos conformes? Si no tuviésemos ambiciones, obsesiones y vanidades, ¿sabríamos acaso navegar en las aguas de la humildad? Y el miedo nuestro de cada día ¿en qué quedaría, lo extrañaríamos acaso? ¿No nos descarnaría; no nos asombraría reconocernos en nuestro espejo? Si no tuviésemos ese envoltorio llamado piel, tú y yo seríamos iguales y la igualdad reinaría en nuestro cerebro como un axioma. Esos… esos son algunos cuestionamientos que siempre desafiaron mi escaso conocimiento y mi aguda ignorancia. No entiendo por qué no puedo comprender que Israel repudia a los palestinos y los desconoce como dueños legítimos de sus tierras ancestrales. ¿Será porque en su gran mayoría le reza a Alá, Dios del Universo y no a Jehová, dios de los victoriosos ejércitos de Israel? Turquía masacró a un millón y medio de armenios porque eran cristianos y ¿qué ganó…? ¿Qué ganó más allá de apoderarse de sus bienes, de robarles sus riquezas? ¿Acaso con ello conquistó la paz y la tranquilidad que añoraba? Y los cargos de conciencia… Supongamos que no tienen conciencia, al igual que quienes manejan el Estado terrorista israelí, ¿cambiaría acaso el fundamento de su agresión? Israel quiere por la mala o por la buena sacarse de encima a los árabes palestinos; en otras palabras: al despertar islámico. Supongamos que lo logran y después ¿qué…? ¿¡Fueron felices y comieron perdices…!? Luego, ¿Aleluya, Aleluya hasta el fin de los tiempos…? Mi tía Areck, decía: “Antes que nazca el sol, muchas cosas nacerán…” Construir un mañana sobre hojas del almanaque de un viejo calendario es jugarse el futuro a la ruleta rusa. Si no me creen, no tienen más que desmenuzar épocas remotas. Ya Egipto no hace honor a su pasado; Roma, Bizancio, Persia, Babilonia y Grecia, tampoco.
El tiempo es quien posee la última palabra y el único que no caduca

PERDONAR, PERO NO OLVIDAR

Incomodado por mis punzantes reflexiones, alguien llamó a la audición pidiendo que dejara en paz la memoria de los abuelos masacrados durante el genocidio y yo lo entendí y me abrí a su corazón. A mí también me gustaría, más allá de rezar en silencio y elevar mis pensamientos por sus almas, creer que lo suyo se trató de una burla del destino que los convirtió en víctimas de su fe cristiana. Pero, lamentablemente, mis conclusiones difieren a las de esa oyente. Pienso que de algún modo fueron autores de su triste destino. Lo fueron, porque no advirtieron la catástrofe que se avecinaba y porque gracias a ellos nos tocó, los sobrevivientes, desparramarnos a lo largo del mundo como gitanos, sosteniendo en la memoria una identidad afiebrada y en peligro latente. No quisiera ser cruel en mis apreciaciones o insinuar algún tipo de insensibilidad hacia quienes sufrieron toda clase vejámenes, violaciones y persecuciones racistas. Lo que intento es detectar sin odio, resentimientos, ni fanatismo, las fallas y los errores que se cometieron allá y a lo lejos que iguala a un ayer. No por nada es masacrado un pueblo sin piedad ni contemplación, sea judío, armenio, somalí o congolés. Debió haber existido errores garrafales de irrespetuosidad, de prepotencia y de intolerancia religiosa, de una evidente desinteligencia…; de algún fondo turbio…, amén de una politiquería barata; además… habría fallado el amor y, como cristianos que eran, pudo haber sido uno de sus mayores pecados. Pienso que debían haber respetado las enseñanzas de Cristo; y los turcos, haberse interiorizado algo más en los fundamentos de la doctrina islámica. Las religiones no son simples palabras que las lleva el viento, son para ser interpretadas en su esencia, para esto están, para que haya paz en los corazones. Se me hace que ni unos ni otros tuvieron en cuenta la importancia de una sana convivencia. A menos que me equivoque, nadie asesina a un pueblo por el simple hecho de ser inocente. No estoy justificando al asesino, mucho menos haciendo apología del crimen, pero es hora que comencemos a descubrir y analizar objetivamente; fríamente, los pormenores de lo ocurrido y el proceder de nuestros padres y abuelos. Hay pueblos que posee el lema de no olvidar y de no perdonar; allá ellos. El nuestro debe prevalecer siendo la base de nuestra filosofía de vida: “Perdonar, pero no olvidar”.
Repetiría una y mil veces con absoluto convencimiento hasta que se me demuestre lo contrario, que los armenio tuvieron culpa de lo que les sucedió y también les recae la culpa por cómo nosotros, sobrevivientes de la tragedia, quedamos a medio camino de la verdad.
Ya sé que duele en el alma y mucho, culpar a nuestra propia sangre derramada y, que es más sano mirar para otro costado. Lo nuestro no fue un accidente, el holocausto judío no fue un accidente o un capricho de un depravado, la eliminación de tantas vidas humanas no fue un descuido, no se trató de una guerra armada; fue un exterminio: ¡un exterminio! Para que desaparezca un millón y medio de armenios, un millón y medio de seres humanos que pudieron haber modificado el destino de la humanidad. Incluso, si se tratase de un accidente, igualmente llevarían una culpa, porque los accidente no son accidentales. Y repito: la desaparición de una gran parte de nuestro pueblo armenio es sin duda un error garrafal, tanto para nosotros, los sobrevivientes armenios, como para los turcos genocidas y una catástrofe inigualable para el mundo entero, por haber desviado la vista de los acontecimientos. Con ello el género humano retrocedió siglos en la escala de su evolución. Ellos murieron siendo armenio, en cuánto a nosotros… Cada uno de nosotros nos toca confeccionar una cruz a imagen y semejanza sobre un montón de dudas y confusiones generacionales creyendo con ellos estar honrando debidamente desde lo profundo de nuestro ser, la memoria de quienes cayeron durante el genocidio.

SIONISTAS

Cuando el mundo materialista comenzó a gestarse, paralelamente acababa de despertar de su letargo de siglos una ideología que había sido contenida en remojo hasta nuevo aviso. El Nazismo fue el que reavivó las cenizas de esa ideología, relativamente conocida entonces, llamada: Sionismo. Un sionismo que no le había convenido ahuecar las alas y alzar vuelo mientras ocupaba un mundo supuestamente impropio. Constituía una providencial balsa salvadora con la que habría de rescatar una vez más a la errante comunidad de religión judía dispersa por el mundo, a fin de conducirla a buen puerto.
En la medida que el mundo iba evolucionando, esa misma ideología le iba haciendo sombra, perturbando su libre albedrío y su normal funcionamiento y desarrollo. Fue cuando Europa y sus aliados del Primer Mundo no tuvieron mejor opción que apartarla de su entorno, debiéndole conformar con El Caramelo que, según sus reiteradas parodias y lágrimas de cocodrilo, le fuera prometido por Jehová, su Dios: el de los ejércitos de Israel, el mismo que figura como titular en el Antiguo Testamento.
Ese Caramelo en cuestión ya estaba en boca de los palestinos desde tiempos inmemoriales; les pertenecía, siendo herederos de los cananeos. A Europa le parecía que le sería fácil arrancárselos, sea por la buena o, en el último de los casos, por la mala.
Los gringos sionistas occidentales, desconfiados por naturaleza, curiosamente contaban con las promesas de sus hermanos europeos y, anticipándose a los hechos, habían alistado las valijas y provistos de todo lo necesario por si acaso, tener que expulsar de Palestina todo aquello que se moviera. Para tal propósito, los anglosajones fueron quienes tomaron la iniciativa y les fueron cediendo, solidariamente, tanques, autos blindados, morteros y todos los sobrantes de la Segunda Guerra Mundial como para sorprender a los pacíficos y confiados palestinos al caerles encima. Según las escrituras consagradas como sagradas que atesoraban, el objetivo no sería tan solo apoderarse del Caramelo, sino que su misión expropiadora se extendería desde el Nilo en Egipto y culminaría en el Eufrates de Irak.
Los europeos y el mundo occidental nunca habían tenido problemas con los palestinos; prácticamente los habían ignorado, incluso, les habían prometido a los gringos la entrega del territorio Palestino totalmente deshabitado; pensaban que si por ahí existían moradores, no tendrían inconvenientes de cobijar en su tierra una vez más, como en épocas pasadas, al pobre inmigrante judío errante. Pero esta vez, ese mismo personaje no perfilaba de amigo, no era ni pobre ni inmigrante, sino que traía puesto un bagaje de ideas nefastas y una mentalidad colonialista usurpadora. No obstante todo lo planeado y lo imaginado, fue necesaria la participación en el terreno de los EEUU, para que los sionistas tomaran posición a sus anchas y encarara el Caramelo. Así fue que los “Yankis, del Tío Tom” se involucraron y se acoplaron con el padrinazgo; lo hicieron por nobleza y buena cuna; de eso no hay dudas. A los sionistas les fue entregando, aviones de combates y tanques de última generación, también buques de guerra para custodiar el Mediterráneo de los furtivos pescadores que supuestamente comercializaban su pesca con los habitantes árabes y les quitaban el alimento destinado a las multitudes de gringos sionistas ya instalados como colonias israelíes sobre los territorios usurpados a los palestinos.
En realidad y ya no es secreto para nadie: Occidente disimulaba su odio al mundo islámico desde hacía mucho tiempo y ya no lo podía ocultar más, se les rebalsaba la maldad por los poros. Es por ello que accedió a enviar a sus hermanos mayores de religión judía a Palestina como emisarios de Europa y de paso, lavarse las manos discretamente como Pilatos. Con ello el sionismo sería quien se vengaría por los cristianos el haber fracasado en sus pretensiones de apoderarse definitivamente Jerusalén, de la Tierra Santa.
Y han transcurrido más de medio siglo de aquello…
“La historia no miente, mienten los libros de historia…”
Mientras occidente compraba la moral de los países árabes del golfo y disfrutaba de cómo Egipto traicionaba la causa árabe, Jordania se acomodaba en el molde…, Israel, maliciosamente; los Estados Unidos, sin malicia ni disimulo, iban aniquilando sistemáticamente a los países que todavía conservaban algo de dignidad con la excusa de la presencia en el terreno de un Dictador sanguinario y déspota, amén del Ántrax. El mundo culto y “Humano” no ignoraba que en Paquistán también existía un dictador, pero que era bien educado, hablaba inglés, tenía la bomba atómica en conserva, y era devoto del dueño de la batuta y de la buena pipa.
Occidente nunca imaginó que el sionismo arrastraba un alma sucia, resentida y era experta en criminología y en torturar inocentes. No se imaginaba que Israel iba a convertirse en una nación cruel e inhumana, pese a que muchos de sus habitantes hebreos, consientes de la brutalidad de sus dirigentes, habían convivido durante años hermanados y en paz junto con los palestinos. No se pensaba que el palestino: un ser tan soñador, noble, amable, cordial y respetuoso, fuese capaz de inmolarse por sus tierras, por su dignidad y por sus ideales; de preferir la muerte antes de la esclavitud.
El mundo cristiano había logrado colocar una quinta columna de asesinos en el Cercano Oriente con la clara intención de que masacraran a los palestinos y los arrojaran al mar cuánto antes, pero con la condición que nadie se entere. Y el error, fue que el mundo entero constató toda la barbarie cometida por el ejército israelí contra la población civil palestina y las masacres de miles de mujeres y niños inocentes. Claro, ellos tenían las armas cedidas gratuitamente por los EEUU para que cumplieran con el exterminio: las bombas de racimo, las de fósforo blanco y uranio empobrecido, y las tenían que utilizar, caso contrario se vencerían y ya no servirían para aniquilar árabes, además las mismas fueron probadas con gran eficacia por el ejército educador capitalista norteamericano en Faluya, Irak y mataron mucha civiles; ¡fue toda una hazaña militar! Israel tenía que corroborar la misma hazaña en sus filas, bombardeando sin piedad a los habitantes de Gaza.
Usted pensaría tal vez que Occidente añora a sus desertores sionistas quienes renegaron a sus nacionalidades por la de Israel… Nada de eso. Ahora Occidente cuenta con una base militar aliada en el corazón del mundo islámico árabe. Con un Estado sionista Israelí custodiando las espaldas de los hermanos europeos. Occidente no habrá que temerle más al despertar del Islam, por lo menos por unos cuantos años, eso…mientras permanezca en pie el Imperio Capitalista Sionista y sobrevivan “los” resacas de Bush, cara de hiena.