Las naciones que se respetan y se hacen respetar son aquellas que de una u otra forma hermanan a sus ciudadanos aún a los más rebeldes y a los descarrilados. Son aquellas que respaldan y cubren las necesidades de quienes las integran, amparan bajo su nacionalidad a todos sus miembros, ya que es su deber primordial como nación hacia quienes la han de representar en las buenas y en las malas. Según pasan los años, el manejo de su economía irá modificando su óptica política, su proceder variaría, ora para bien, ora para mal, pero sin que por ello descuide su capital humano. Errando por el mundo, como a muchos nos toca vivir, nosotros, los hijos del exilio, tratando de conservar vigentes ideologías, sea por tradición, herencia o costumbre, paralelamente a la propia nación es, en mi criterio, sabotear y entorpecer el desarrollo de la misma. Si esta se equivoca, serán sus hijos quienes le indicarán el camino a seguir, son los únicos quienes le ofrecerán el bastón del Caminante. Una comunidad como la nuestra que todavía esgrime razones vetustas, ideales caducas que han resultado nada menos que nefastas, sin siquiera pertenecer a la propia nacionalidad, debería quedarse en el molde y orar por un milagro. Quienes nos creemos armenios, no lo somos, ni siquiera lo fuimos o tal vez sí; allá y a lo lejos y eso quedó en el olvido. Nuestra actual armenidad es una enfermedad nostálgica hereditaria que nos fuera legada por nuestros padres y abuelos; son sentimientos ensimismados en crisis que nos siguen torturando, nos siguen exponiendo ante nuestra impotencia, refregando en nuestras narices injusticias imposibles de olvidar ni de archivar. Considerarse armenio de la diáspora es tener que alimentar en forma constante un dolor que no se cura con ningún antídoto, salvo con aquello que la había motivado. Como ciudadanos del exilio, no nos corresponde juzgar, mucho menos críticar el proceder de los hombres de Nuestra Madre Tierra por conductas que no coinciden con nuestra manera de pensar. Equivocados o no, son quienes día tras día registran su propia parodia en la historia de un territorio marcado en el mapa. Nosotros somos hijos de la diáspora que agoniza, por ende, no nos toca aportar a la Nación Armenia más que nuestra indirecta colaboración consagrándonos como dignos representantes de un mundo que quedó a la deriva de un recuerdo. Somos descendientes de una Armenia Milenaria que ya no existe, por más que tratemos de arañar la historia y remover las aguas del pasado. De lo que fue Armenia Histórica queda una parcela; una reliquia de Nuestra Madre Tierra. Allí se encuentra Yerevan, su capital, como que Francia fuese París y París, fuese la Torre Eifel; como que Yerevan fuese Armenia, y el resto del país se esfumara en la intranscendencia. Yerevan es sin duda un diamante de una corona que fue secuestrada por Turquía. Una corona que prevaleció más de cuatro mil años en las laderas del Ararat, la montaña sacra tradicionalmente armenia, cuyos hijos dispersos por los cuatro continentes se han vuelto unicornios universales, sin representabilidad, casi en fantasmas, como cuando carecíamos de alfabeto y nuestros filósofos, profetas, artistas y artesanos desplegaban su talento expresándose en griego, en persa, en árabe y en tantos otros idiomas. Épocas en que controlábamos la flota de los asirios y más tarde, éramos los consejeros de los Sultanes Otomanes, aquellos fueron tiempos en que nos tocó convivir en anonimato. Hoy las hojas del almanaque conspiran en nuestra contra, parecería que se repitiera nuestro destino. A menos que descubramos un antídoto que nos rescate de la desaparición, una formación mental basada en la hermandad, en la solidaridad y en el respeto mutuo, un nexo con nuestras raíces ancestrales, estaremos perdidos para siempre. Tal vez algún día esa Parcela rescatada a la Armenia Milenaria se anime a remover cenizas del pasado, convoque, rescate y reubique de una vez por todas a sus herederos en el exilio en su suelo, entonces, tal vez entonces volveremos a ser armenios en plenitud, no como ahora, haciendo equilibrio al borde de un precipicio, resistiendo a más no poder la perdida de la identidad. ¿Quién recuerda el Reino Armenio Occidental de los Rupenian, cuyo Rey, un feudal francés, enterrado en París, sobre cuyo epitafio se lee: “Aquí yace el último Rey de Armenia”?
24/Febrero/2009
miércoles, 18 de marzo de 2009
ARMENIA
Armenia ¿qué es en realidad; un país más, la manzana de un paraíso, el Huerto de Dios? ¿Es acaso un sentimiento, una obligación moral, una deuda milenaria que quedó pendiente o una ficción? Armenia les está quitando la ilusión a todos aquellos hermanos que huyen de sus fronteras enviciadas por la lujuria de unas pocas hienas dominantes. Para colmo, el país no afronta ninguna guerra tribal, ¿o sí? Tal vez sea un plan diabólico de exterminio contra una hermandad que prevaleció como una tradición por siglos y siglos. Subsistir, para nosotros como armenios, injertados en tierra ajena, fue correr el riesgo de contraer otras envolturas, ya que no era posible dar vuelta la historia y hacer retroceder las hojas del almanaque. Debimos proseguir esa aventura de vivir o quedarnos por el camino. Eso fue nuestro destino, pero el de aquellos que sufren a diario un éxodo de guantes blancos, un genocidio nada menos que ideado por sus propios hermanos, me da que pensar. Sabemos que la población armenia, luego de la caída de la Unión Soviética fue abandonando sistemáticamente su tierra ancestral en procura de otros mundos y ¿quién tiene la culpa? Vuelvo una vez más a mi pregunta inicial. ¿Armenia qué es en realidad: una ficción, una manzana del Edén? Esos hermanos que hoy todavía abandonan sus tierras expulsados ex profeso en verdad me preocupan, me preocupan mucho, tanto que no sabría qué nombre otorgarles; calificarlos de desertores, sería un sacrilegio, casi una humillación. En realidad no sé si encuadraría aquello de llamarlos héroes, revolucionarios, humanistas, cobardes, patriotas, suicidas o ciudadanos del olvido… Porque un país con casi toda su población fuera de sus fronteras no sabe a lógica, da que pensar en un gato encerrado, desentona con las pulsaciones de la razón. Dirigentes que no encuentran el modo de apaciguar las aguas son dirigentes que no cuajan en una ideología política sana. Un país que no progresa más que en aparatosidad y recurre a la limosna de las diásporas es un país enfermo, y un país que dejó de avanzar no apunta al futuro de sus hijos, no aspira a recoger en su ceno, como en épocas no muy lejanas, a sus descendientes dispersos por el mundo. Armenia representa, por lo menos para mí, una suerte de enlace sentimental y de reliquia histórica. Es nuestro pasado que hoy se desgarra en frivolidades sobre las tablas de un circo de variedades. Nosotros quienes nos consideramos huérfanos, repartidos en diferentes expresiones de diásporas, nos resulta fácil adorar un becerro de oro, o bien, amasar con barro una república paralela a imagen y semejanza, a espaldas de nuestra Madre Patria que, todavía, por esas cosas del azar, figura en los mapas. Es casi normal para algunos insistir sin medir consecuencias, sosteniendo como salvadoras ideologías caducas que no han demostrado más que ineficiencias a lo largo de su existencia. Ideologías que condujeron a la muerte a una población entera y todavía hay quienes aferrándose a ellas pelean por su particular visión de la armenidad, llegando a creerse más Papitas que el Papa.
Los armenios y lo digo con absoluta humildad no son quienes poseen ascendencia armenia, tampoco los que lucen apellidos con terminaciones de “IAN”, ni siquiera quienes se expresan en nuestros idiomas; sino quienes conservan el sentido de su armenidad en el altar más sagrado de sus corazones. Nosotros los de la diáspora y todos aquellos que han desertado por un motivo u otro del suelo patrio, deberíamos unirnos y hallar una solución conjunta a fin de mentalizar a los Grandes Señores, quienes se han adueñado del suelo patrio, que lo armenio no les pertenece sólo a ellos, no son ellos… los únicos estandartes carnales de nuestra historia milenaria; de que cualquiera, descendiente, exilado y separado de sus terruños por circunstancias de la vida que se siente armenio, es tan o más merecedor que ellos de conservar sus herencias. Porque mantener una austera armenidad en el corazón estando en tierras ajenas es mucho más valioso, mucho más heroico que fanfarronear despilfarrando en los casinos de Europa la fortuna saqueada al pueblo.
Los gobernantes de Armenia están cometiendo un gravísimo error, un genocidio con guantes blancos con nuestros hermanos, como que nuestro sufrimiento como armenios en la diáspora no nos bastara, para que otros hermanos más deban seguirnos los pasos abandonando a su suerte nuestra Madre Patria, y tengan que soportar el mismo castigo de errar por el mundo como pájaros perdidos.
16/Febrero/2009
Los armenios y lo digo con absoluta humildad no son quienes poseen ascendencia armenia, tampoco los que lucen apellidos con terminaciones de “IAN”, ni siquiera quienes se expresan en nuestros idiomas; sino quienes conservan el sentido de su armenidad en el altar más sagrado de sus corazones. Nosotros los de la diáspora y todos aquellos que han desertado por un motivo u otro del suelo patrio, deberíamos unirnos y hallar una solución conjunta a fin de mentalizar a los Grandes Señores, quienes se han adueñado del suelo patrio, que lo armenio no les pertenece sólo a ellos, no son ellos… los únicos estandartes carnales de nuestra historia milenaria; de que cualquiera, descendiente, exilado y separado de sus terruños por circunstancias de la vida que se siente armenio, es tan o más merecedor que ellos de conservar sus herencias. Porque mantener una austera armenidad en el corazón estando en tierras ajenas es mucho más valioso, mucho más heroico que fanfarronear despilfarrando en los casinos de Europa la fortuna saqueada al pueblo.
Los gobernantes de Armenia están cometiendo un gravísimo error, un genocidio con guantes blancos con nuestros hermanos, como que nuestro sufrimiento como armenios en la diáspora no nos bastara, para que otros hermanos más deban seguirnos los pasos abandonando a su suerte nuestra Madre Patria, y tengan que soportar el mismo castigo de errar por el mundo como pájaros perdidos.
16/Febrero/2009
SEGUNDO ROUND
El matrimonio volvió a abrazarse y a besarse con pasión ante las cámaras de la televisión mundial, ratificando la perdurabilidad de los lazos sanguíneos entre los EEUU y el Estado Judío Sionista. Poniendo en evidencias los juramentos de Bush (Cara de hiena), de administrarle apoyo material militar y amor económico “En las buenas como en las malas…”.La señora Hilary, sensiblemente halagada, lamentó que la conquista de la Franja de Gaza no haya tenido el resultado esperado, que haya sido otro fracaso al igual de la reciente derrota contra la Fracción Hisbala del Líbano. Sonriendo de oreja a oreja, se habría olvidado, me imagino, que el hecho de abandonar su media naranja en casa, corría el riesgo de perder su bien ganado título de “Unicornio Presidencial”.
Había ido de turismo, supuestamente encargada de llevar ayuda moral a los palestinos de la Franja de Gaza, esgrimiendo, claro está, condiciones leoninas y ocultas amenazas como que ¡Ojo! Hamás no debía arrojar más cohetes al territorio usurpado por Israel, no debía recibir armamentos que comprometan la paz de los colonos israelíes, que si tuviera ella en mente aportarles ayuda material a los palestinos, esta sería condicionada y entregada a la fracción contraria a la de Hamás, me refiero a la de la OLP, ya que Hamás, para ella, sigue siendo un grupo islámico terrorista. Además, mientras las dos fracciones palestinas no se unan, no habría cura. Cosa de irritar aún más a Hamás. O sea, bajo todo concepto, la representante de los EEUU, lo mismo que los sionistas de Israel no estarían dispuestos a dar el brazo a torcer porque en realidad lo suyo no es más que una actuación, una farsa, una obra mil veces ensayada que la conocemos todos, un teatro donde prevalece el cinismo y el engaño en primera persona, para colmo aludiendo a una supuesta ayuda humanitaria. Ella fue al Cercano Oriente por orden de Obama para establecer la paz entre judíos y musulmanes en el territorio arrancado a los árabes, donde Israel ya abarca toda la cancha. Y los resultados cayeron de maduro: Los jerarcas de Israel, a espaladas de sus crímenes de lesa humanidad, aprovecharon la presencia de sus viejos amores, soltando sus acostumbradas lágrimas de cocodrilo comprometiendo a los EEUU por medio de su mensajera a tomar cartas en el asunto de Iran, pues según ellos, La República Islámica de Iran, representa un peligro latente para el Estado Judío y requiere un aborto de urgencia. Años atrás le jugaron la partida a Irak y la ganaron… ¿Por qué no han de reiterar lo mismo con Iran, inventar otro ANTRAX o culpar a su presidente de dictador antes de caerles encima? Hamás ya no cuenta, los demás países árabes tampoco. Sólo quedaría expulsar de Jerusalén a los extranjeros árabes, armenios y los demás cristianos y cartón lleno. No sé por qué se me hace que Obama y Hilary bailan al mismo compás, sueltos y sin tocarse... Eso me recuerda que en las elecciones presidenciales argentinas conocía a dos hermanos, cada uno tiraba para un partido diferente porque si uno ganaba, se acomodaban los dos en el gobierno. Para mí que en los EEUU siguen habiendo la misma mentalidad, pero de una forma más disimulada. Hoy su veneno tiene el aspecto del maná de los dioses, lleva una envoltura diferente, no es alevosamente impuesto en cucharones de madera, sino sugerido burocráticamente como un remedio infalible. No sé por qué cuando veo reírse a la Hilary me acuerdo de aquella advertencia: “Un león que muestra los colmillos, no sonríe”. ¿Habría alguna relación con la Hilary, acaso? Digo yo… ¿No habría ido a Israel para planear un ataque conjunto contra Iran, con la excusa de la ayuda humanitaria por la destrucción de Gaza? ¿Usted qué piensa…?
4/Marzo/2009
Había ido de turismo, supuestamente encargada de llevar ayuda moral a los palestinos de la Franja de Gaza, esgrimiendo, claro está, condiciones leoninas y ocultas amenazas como que ¡Ojo! Hamás no debía arrojar más cohetes al territorio usurpado por Israel, no debía recibir armamentos que comprometan la paz de los colonos israelíes, que si tuviera ella en mente aportarles ayuda material a los palestinos, esta sería condicionada y entregada a la fracción contraria a la de Hamás, me refiero a la de la OLP, ya que Hamás, para ella, sigue siendo un grupo islámico terrorista. Además, mientras las dos fracciones palestinas no se unan, no habría cura. Cosa de irritar aún más a Hamás. O sea, bajo todo concepto, la representante de los EEUU, lo mismo que los sionistas de Israel no estarían dispuestos a dar el brazo a torcer porque en realidad lo suyo no es más que una actuación, una farsa, una obra mil veces ensayada que la conocemos todos, un teatro donde prevalece el cinismo y el engaño en primera persona, para colmo aludiendo a una supuesta ayuda humanitaria. Ella fue al Cercano Oriente por orden de Obama para establecer la paz entre judíos y musulmanes en el territorio arrancado a los árabes, donde Israel ya abarca toda la cancha. Y los resultados cayeron de maduro: Los jerarcas de Israel, a espaladas de sus crímenes de lesa humanidad, aprovecharon la presencia de sus viejos amores, soltando sus acostumbradas lágrimas de cocodrilo comprometiendo a los EEUU por medio de su mensajera a tomar cartas en el asunto de Iran, pues según ellos, La República Islámica de Iran, representa un peligro latente para el Estado Judío y requiere un aborto de urgencia. Años atrás le jugaron la partida a Irak y la ganaron… ¿Por qué no han de reiterar lo mismo con Iran, inventar otro ANTRAX o culpar a su presidente de dictador antes de caerles encima? Hamás ya no cuenta, los demás países árabes tampoco. Sólo quedaría expulsar de Jerusalén a los extranjeros árabes, armenios y los demás cristianos y cartón lleno. No sé por qué se me hace que Obama y Hilary bailan al mismo compás, sueltos y sin tocarse... Eso me recuerda que en las elecciones presidenciales argentinas conocía a dos hermanos, cada uno tiraba para un partido diferente porque si uno ganaba, se acomodaban los dos en el gobierno. Para mí que en los EEUU siguen habiendo la misma mentalidad, pero de una forma más disimulada. Hoy su veneno tiene el aspecto del maná de los dioses, lleva una envoltura diferente, no es alevosamente impuesto en cucharones de madera, sino sugerido burocráticamente como un remedio infalible. No sé por qué cuando veo reírse a la Hilary me acuerdo de aquella advertencia: “Un león que muestra los colmillos, no sonríe”. ¿Habría alguna relación con la Hilary, acaso? Digo yo… ¿No habría ido a Israel para planear un ataque conjunto contra Iran, con la excusa de la ayuda humanitaria por la destrucción de Gaza? ¿Usted qué piensa…?
4/Marzo/2009
CIUDADANOS DEL EXILIO
¿Me pregunto hasta cuándo las diásporas deben rendir tributo a
seres incapaces de honrar, enaltecer y respaldar a aquellos hermanos que se postulan voluntariamente a custodiar con amor nuestro Museo Histórico, Patrimonio de la Armenidad, llamado Haiastan?
Cuatro “eminencias”, agarrados del prestigio histórico de Yerevan, legado a todos los descendientes del suelo armenio, hoy no hacen más que disputarse y acaparar la fortuna del país a espaldas de un mundo indiferente que los observa y sonríe maliciosamente. ¿Qué obligación, a no ser de brindarnos sentimentalmente por amor al arte, nos toca, los de la diáspora, hijos del genocidio, tener que remendar los platos rotos de quienes no hacen más que actuar aparatosamente y aniquilarse entre sí. ¿En qué mente cabe arrojar por la borda cinco mil años de añejamiento cultural de un pueblo que luchó sin claudicar por hermanar la armenidad; tener que arrastrarse de rodillas ante los usureros modernos, herederos carnales de quienes fueron causantes y cómplices de nuestra mayor desgracia en la era moderna? ¿Será posible que quienes tienen el honor de alzar los estandartes de Armenia, pierdan el sentido común y rifen su dignidad y la de muchos, al mejor postor? Lo único que faltaría es que los Yankys vengan y mancillen el suelo ancestral con sus botas ensangrentadas, secuestren las reliquias históricas tal como lo hicieran en Irak. Si las “eminencias” que gobiernan Armenia se sienten incapaces de controlar su nación, pues que pidan asesoramiento a los hermanos de la diáspora, del mismo modo que mendigan su limosna. Parecería que “Lo Armenio” representara la atribución de un “Hombre Libre” enjaulado y maniatado, dependiente de migajas y sobrantes de los banquetes de quienes se les ríen en la cara. Que yo sepa…, los armenios jamás supieron convivir hermanados con sus pares, mucho menos lo hicieron con sus vecinos y me extrañaría que lo sepan hacer ahora a través de su nuevo delirio capitalista. Su carácter contradictorio, producto de una pasión extrema, años de persecución animal y la acumulación de resentimientos que les rebalsan por los poros, hace que no sepan contra quien despotricar y se despachen a gusto de entre casa.
Podría imaginarme, incluso visualizar la difícil existencia de nuestros abuelos con nuestros hermanos turcos y sus entonces aliados kurdos bajo las leyes otomanas. Se me hace que “Lo Armenio” o lo que queda de “Lo Armenio” está exageradamente idealizado por todos nosotros, hijos de las diásporas, porque en realidad Armenia actual, pese a todos los sentimientos y los sinsabores que al nombrarla nos produce, es, lamentablemente una de las más pobres repúblicas del mundo, reconocida como una república melancólica y soñadora, con gente culta, artísticamente evolucionada y cuyo mayor interés es mantener su tradicional supremacía mundial en ajedrez. Por otro lado, su supuesta independencia, es un simple disfraz publicitario de una realidad inexistente, puesto que sigue debatiéndose hoy más que nunca en la mediocridad y la superficialidad.
Supongamos que Armenia fuese un equipo de fútbol que se lanza a competir desconociendo las reglas del juego, no se le aconsejaría reformar las camisetas, sino, aportarle una renovación de mentalidad estratégica, técnica y un ordenamiento de su conducta. Porque si el equipo sigue sumergido en las vacilaciones e indecisiones, de seguro habrá de perder el aval de sus adeptos sentimentaloides capaces de jugarse el pellejo por él. Esto mismo le está sucediendo a Armenia del 2009, de la era cristiana.
Acabo de enterarme que en un lapso de dos horas la población armenia soportó una vez más la inflación de más del cincuenta por ciento y que los dólares norteamericanos treparon por las nubes y desparecieron y que la escasez ya está afilando nuevamente sus colmillos. Son desde ya consecuencias de la infiltración sistemática de una filosofía capitalista sanguinaria e impía cuya meta es la degradación de la moral y la extinción tanto de la esperanza como de la fe en las propias instituciones. Armenia hoy no es digna de elogios, por lo menos para mí, que viví como francés invadido desde mi niñez de reminiscencias hereditarias de un pasado nefasto y desgarrador donde según mis padres, sobrevivientes de Diarbekir, les había llegado el fin de su romántica relación sentimental con su tierra ancestral. Tanto ellos como yo, el extranjerismo nos fue amansando bajo el riesgo de que tarde o temprano renegáramos a nuestra verdad oculta. El tiempo y la distancia nos fueron imponiendo otras fisonomías, otra manera de ser, otro modo de visualizar fantasías primitivas de una particular armenidad a imagen y semejanza de un futuro en un veremos. Nuestras añoranzas fueron modificando su perfil, reflejándose en un espejismo inalcanzable. El exilio de pronto nos fue convirtiendo en ciudadanos de “La Patria Grande Sin Fronteras”, conformando los dientes de un engranaje nuevo en la rotación de la especie de la hermandad humana. Aunque persistan en nosotros inalterables nuestro ímpetu y la efervescencia de nuestra sangre, refregándonos en las narices nuestra impotencia, nuestra escasa visión del “Faro de la Plenitud” por el que naufragamos durante miles de años y aún seguimos sin claridad de rumbo, las mismas seguirán siendo nuestro Castigo Mayor hasta el fin de los tiempos.
Es cierto; me han contado historias tristes, pero yo no las he sufrido en carne y hueso más que en la memoria, aunque… llegué a cargarlas a mis hombros. Supe que nuestras familias fueron asesinadas sobre sus terruños, robados sus bienes por los nómadas kurdos, por los gitanos que nunca faltan y la soldadesca turca. Los que han tenido la suerte de salvarse de aquellos trágicos momentos hoy, por la ley de la vida, les toca desaparecer por turno, llevándose una cruz a cuestas y una corona de espinas sangrándoles la memoria. Nosotros somos el renacimiento de una nueva era de armenio. Siendo hijos del exilio, el mismo exilio nos fue tornando universales. La lejanía nos enseñó lo valioso de la hermandad, a percibir la claridad en las miradas y, que los adversarios no son más que inventos de nuestra escasa visión…
11/Marzo/2009
seres incapaces de honrar, enaltecer y respaldar a aquellos hermanos que se postulan voluntariamente a custodiar con amor nuestro Museo Histórico, Patrimonio de la Armenidad, llamado Haiastan?
Cuatro “eminencias”, agarrados del prestigio histórico de Yerevan, legado a todos los descendientes del suelo armenio, hoy no hacen más que disputarse y acaparar la fortuna del país a espaldas de un mundo indiferente que los observa y sonríe maliciosamente. ¿Qué obligación, a no ser de brindarnos sentimentalmente por amor al arte, nos toca, los de la diáspora, hijos del genocidio, tener que remendar los platos rotos de quienes no hacen más que actuar aparatosamente y aniquilarse entre sí. ¿En qué mente cabe arrojar por la borda cinco mil años de añejamiento cultural de un pueblo que luchó sin claudicar por hermanar la armenidad; tener que arrastrarse de rodillas ante los usureros modernos, herederos carnales de quienes fueron causantes y cómplices de nuestra mayor desgracia en la era moderna? ¿Será posible que quienes tienen el honor de alzar los estandartes de Armenia, pierdan el sentido común y rifen su dignidad y la de muchos, al mejor postor? Lo único que faltaría es que los Yankys vengan y mancillen el suelo ancestral con sus botas ensangrentadas, secuestren las reliquias históricas tal como lo hicieran en Irak. Si las “eminencias” que gobiernan Armenia se sienten incapaces de controlar su nación, pues que pidan asesoramiento a los hermanos de la diáspora, del mismo modo que mendigan su limosna. Parecería que “Lo Armenio” representara la atribución de un “Hombre Libre” enjaulado y maniatado, dependiente de migajas y sobrantes de los banquetes de quienes se les ríen en la cara. Que yo sepa…, los armenios jamás supieron convivir hermanados con sus pares, mucho menos lo hicieron con sus vecinos y me extrañaría que lo sepan hacer ahora a través de su nuevo delirio capitalista. Su carácter contradictorio, producto de una pasión extrema, años de persecución animal y la acumulación de resentimientos que les rebalsan por los poros, hace que no sepan contra quien despotricar y se despachen a gusto de entre casa.
Podría imaginarme, incluso visualizar la difícil existencia de nuestros abuelos con nuestros hermanos turcos y sus entonces aliados kurdos bajo las leyes otomanas. Se me hace que “Lo Armenio” o lo que queda de “Lo Armenio” está exageradamente idealizado por todos nosotros, hijos de las diásporas, porque en realidad Armenia actual, pese a todos los sentimientos y los sinsabores que al nombrarla nos produce, es, lamentablemente una de las más pobres repúblicas del mundo, reconocida como una república melancólica y soñadora, con gente culta, artísticamente evolucionada y cuyo mayor interés es mantener su tradicional supremacía mundial en ajedrez. Por otro lado, su supuesta independencia, es un simple disfraz publicitario de una realidad inexistente, puesto que sigue debatiéndose hoy más que nunca en la mediocridad y la superficialidad.
Supongamos que Armenia fuese un equipo de fútbol que se lanza a competir desconociendo las reglas del juego, no se le aconsejaría reformar las camisetas, sino, aportarle una renovación de mentalidad estratégica, técnica y un ordenamiento de su conducta. Porque si el equipo sigue sumergido en las vacilaciones e indecisiones, de seguro habrá de perder el aval de sus adeptos sentimentaloides capaces de jugarse el pellejo por él. Esto mismo le está sucediendo a Armenia del 2009, de la era cristiana.
Acabo de enterarme que en un lapso de dos horas la población armenia soportó una vez más la inflación de más del cincuenta por ciento y que los dólares norteamericanos treparon por las nubes y desparecieron y que la escasez ya está afilando nuevamente sus colmillos. Son desde ya consecuencias de la infiltración sistemática de una filosofía capitalista sanguinaria e impía cuya meta es la degradación de la moral y la extinción tanto de la esperanza como de la fe en las propias instituciones. Armenia hoy no es digna de elogios, por lo menos para mí, que viví como francés invadido desde mi niñez de reminiscencias hereditarias de un pasado nefasto y desgarrador donde según mis padres, sobrevivientes de Diarbekir, les había llegado el fin de su romántica relación sentimental con su tierra ancestral. Tanto ellos como yo, el extranjerismo nos fue amansando bajo el riesgo de que tarde o temprano renegáramos a nuestra verdad oculta. El tiempo y la distancia nos fueron imponiendo otras fisonomías, otra manera de ser, otro modo de visualizar fantasías primitivas de una particular armenidad a imagen y semejanza de un futuro en un veremos. Nuestras añoranzas fueron modificando su perfil, reflejándose en un espejismo inalcanzable. El exilio de pronto nos fue convirtiendo en ciudadanos de “La Patria Grande Sin Fronteras”, conformando los dientes de un engranaje nuevo en la rotación de la especie de la hermandad humana. Aunque persistan en nosotros inalterables nuestro ímpetu y la efervescencia de nuestra sangre, refregándonos en las narices nuestra impotencia, nuestra escasa visión del “Faro de la Plenitud” por el que naufragamos durante miles de años y aún seguimos sin claridad de rumbo, las mismas seguirán siendo nuestro Castigo Mayor hasta el fin de los tiempos.
Es cierto; me han contado historias tristes, pero yo no las he sufrido en carne y hueso más que en la memoria, aunque… llegué a cargarlas a mis hombros. Supe que nuestras familias fueron asesinadas sobre sus terruños, robados sus bienes por los nómadas kurdos, por los gitanos que nunca faltan y la soldadesca turca. Los que han tenido la suerte de salvarse de aquellos trágicos momentos hoy, por la ley de la vida, les toca desaparecer por turno, llevándose una cruz a cuestas y una corona de espinas sangrándoles la memoria. Nosotros somos el renacimiento de una nueva era de armenio. Siendo hijos del exilio, el mismo exilio nos fue tornando universales. La lejanía nos enseñó lo valioso de la hermandad, a percibir la claridad en las miradas y, que los adversarios no son más que inventos de nuestra escasa visión…
11/Marzo/2009
¿YO? ARGENTINO...
Si lo fuera, me callaría como las demás gentes de mi entorno que no ven más allá de la punta de sus narices.
Si lo fuera, no intervendría en los asuntos de la sociedad que no incluyan mi interés personal. No me asombraría que la misma les otorgue el visto bueno a quienes compran drogas por amor a la patria y se olvidan de cuestionar a aquellos que se pavonean comercializándolas por amor al arte. Cuando me entere que fueron confiscadas ocho mil quinientos kilos de estupefacientes y no diez mil redondos, lo interpreto, como que se habrían perdido las restantes diez mil quinientos por el camino o consumidas por las ratas del vecindario. No me ocurriría sugerir a los apoderados de la ley que les pregunten a los propios consumidores quienes son sus proveedores y a estos, quienes son sus despachantes y productores por miedo a que caiga en la volteada algún tiburón imprevisto. No haría nada de eso, porque ¡Yo; argentino! Preferiría hacerme el distraído y no ser señalado por el público como traidor de la burro-cracia ciudadana.
Si fuera argentino no me pronunciaría al ver que me roben el vehículo por miedo a que encima me maten como un valor agregado. No señalaría, ni denunciaría a los desarmaderos y a los depravados por temor a ofender el buen nombre y honor de ciertos jerarcas puestos al servicio de la comunidad. No me ocuparía de los pormenores de los menores que roban, matan y asaltan a mano armada, sabiendo que a las pocas horas los encontraría pululando por las calles. Yo; argentino… No me opondría a nada de lo que ocurre en La Ciudad… Los menores de edad son considerados reliquias del futuro, por lo tanto, no se les prohíben el pillaje y el delinquir contra la ciudadanía; eso les da fortaleza, personalidad, prestigio, experiencia y les proporciona un oficio rentable. Los jóvenes, vagos, incultos y mal educados que no les apura ganarse la vida decentemente, no les queda nada que hacer más que asaltar a los comerciantes del barrio y robarles las carteras a las damas en la vía pública. Total el servicio militar obligatorio fue derogado y no tienen de qué ocuparse, más que emborracharse y embarazar a sus noviecitas. Los violadores, son quienes se encuentran sometidos a muchos apremios, tensiones psicológicas, económicas, pasionales y apuros fisiológicos. Además violar no cuesta dinero y es gratis; se ejerce en cualquier rincón poco iluminado de La Ciudad, incluso entre los yuyos. Cuando son denunciados y atrapados, los sueltan por buena conducta para que reiteren sus patrióticas hazañas. No me opondría a que ciudadanos de países limítrofes se apoderen como de sus casas de las casas abandonadas de la Ciudad, que se hagan atender gratuitamente en los hospitales nacionales y asistan a las escuelas públicas. Argentina es tradicionalmente generosa, compasiva y comprensiva con cualquiera que quiera maniobrar en su suelo.
Si fuera argentino no vigilaría de cerca de los trabajadores municipales cumpliendo con la tarea de colocar baldosas sobre contadas veredas para que al día siguiente aparezca otra patrulla a destrozar las mismas y que otro grupo, semanas más tarde, se presente para remendar las perforaciones abandonadas. No sería el caso de las avenidas y las calles principales por supuesto. Son asfaltadas a conciencia, gracias a un grupo de trabajadores especializados, montados sobre costosas maquinarias importadas y, una vez finalizada la reforma; las avenidas y las calles sean nuevamente transitables, concurren otros especializados para destrozarlas y sembrarlas con pozos de todos los tamaños. Total: cada uno y su especialidad, algunos con la orden de mejorar y otros para empeorar, así todo el mundo trabaja y la población de la ciudad, engañada con las parodias, suda impuestos sin mosquearse. En hora buena, las empleadas públicas malhumoradas e histéricas están siendo reemplazadas por computadoras amaestradas y amables, aunque muchas veces carentes de sistema. La educación… pues que se joda; un delincuente más o uno menos no cambiaría la situación del país el día de mañana; engordar las arcas de los amigos es primordial para un gobernante que pretende abrazarse al Sillón Presidencial. A los jubilados se les fue robando sus derechos desde que tengo memoria. Adicionarles una limosna es también engañarlos; pero, tras una máscara de solidaridad. Del fisco, ni hablar: ¡Yo; argentino! Los mecánicos, los restaurantes, los médicos, dentistas, carnicerías, verdulerías y pescaderías, amén de tantos otros rubros, aunque les roban al fisco, son absueltos por las dudas que entren en huelga y paralicen el país. Los talleres clandestinos de costura coreanos y bolivianos utilizan esclavas y los tratantes de blancas y no tan blancas atraídas de los países linderos terminan siendo lechuguitas para el canario del comisario. Total: ¡Yo; argentino! No he visto nada, no escucho nada, me encierro tras mis rejas de la puerta de calle y observo correr el tiempo.
2/Marzo/2009
Si lo fuera, no intervendría en los asuntos de la sociedad que no incluyan mi interés personal. No me asombraría que la misma les otorgue el visto bueno a quienes compran drogas por amor a la patria y se olvidan de cuestionar a aquellos que se pavonean comercializándolas por amor al arte. Cuando me entere que fueron confiscadas ocho mil quinientos kilos de estupefacientes y no diez mil redondos, lo interpreto, como que se habrían perdido las restantes diez mil quinientos por el camino o consumidas por las ratas del vecindario. No me ocurriría sugerir a los apoderados de la ley que les pregunten a los propios consumidores quienes son sus proveedores y a estos, quienes son sus despachantes y productores por miedo a que caiga en la volteada algún tiburón imprevisto. No haría nada de eso, porque ¡Yo; argentino! Preferiría hacerme el distraído y no ser señalado por el público como traidor de la burro-cracia ciudadana.
Si fuera argentino no me pronunciaría al ver que me roben el vehículo por miedo a que encima me maten como un valor agregado. No señalaría, ni denunciaría a los desarmaderos y a los depravados por temor a ofender el buen nombre y honor de ciertos jerarcas puestos al servicio de la comunidad. No me ocuparía de los pormenores de los menores que roban, matan y asaltan a mano armada, sabiendo que a las pocas horas los encontraría pululando por las calles. Yo; argentino… No me opondría a nada de lo que ocurre en La Ciudad… Los menores de edad son considerados reliquias del futuro, por lo tanto, no se les prohíben el pillaje y el delinquir contra la ciudadanía; eso les da fortaleza, personalidad, prestigio, experiencia y les proporciona un oficio rentable. Los jóvenes, vagos, incultos y mal educados que no les apura ganarse la vida decentemente, no les queda nada que hacer más que asaltar a los comerciantes del barrio y robarles las carteras a las damas en la vía pública. Total el servicio militar obligatorio fue derogado y no tienen de qué ocuparse, más que emborracharse y embarazar a sus noviecitas. Los violadores, son quienes se encuentran sometidos a muchos apremios, tensiones psicológicas, económicas, pasionales y apuros fisiológicos. Además violar no cuesta dinero y es gratis; se ejerce en cualquier rincón poco iluminado de La Ciudad, incluso entre los yuyos. Cuando son denunciados y atrapados, los sueltan por buena conducta para que reiteren sus patrióticas hazañas. No me opondría a que ciudadanos de países limítrofes se apoderen como de sus casas de las casas abandonadas de la Ciudad, que se hagan atender gratuitamente en los hospitales nacionales y asistan a las escuelas públicas. Argentina es tradicionalmente generosa, compasiva y comprensiva con cualquiera que quiera maniobrar en su suelo.
Si fuera argentino no vigilaría de cerca de los trabajadores municipales cumpliendo con la tarea de colocar baldosas sobre contadas veredas para que al día siguiente aparezca otra patrulla a destrozar las mismas y que otro grupo, semanas más tarde, se presente para remendar las perforaciones abandonadas. No sería el caso de las avenidas y las calles principales por supuesto. Son asfaltadas a conciencia, gracias a un grupo de trabajadores especializados, montados sobre costosas maquinarias importadas y, una vez finalizada la reforma; las avenidas y las calles sean nuevamente transitables, concurren otros especializados para destrozarlas y sembrarlas con pozos de todos los tamaños. Total: cada uno y su especialidad, algunos con la orden de mejorar y otros para empeorar, así todo el mundo trabaja y la población de la ciudad, engañada con las parodias, suda impuestos sin mosquearse. En hora buena, las empleadas públicas malhumoradas e histéricas están siendo reemplazadas por computadoras amaestradas y amables, aunque muchas veces carentes de sistema. La educación… pues que se joda; un delincuente más o uno menos no cambiaría la situación del país el día de mañana; engordar las arcas de los amigos es primordial para un gobernante que pretende abrazarse al Sillón Presidencial. A los jubilados se les fue robando sus derechos desde que tengo memoria. Adicionarles una limosna es también engañarlos; pero, tras una máscara de solidaridad. Del fisco, ni hablar: ¡Yo; argentino! Los mecánicos, los restaurantes, los médicos, dentistas, carnicerías, verdulerías y pescaderías, amén de tantos otros rubros, aunque les roban al fisco, son absueltos por las dudas que entren en huelga y paralicen el país. Los talleres clandestinos de costura coreanos y bolivianos utilizan esclavas y los tratantes de blancas y no tan blancas atraídas de los países linderos terminan siendo lechuguitas para el canario del comisario. Total: ¡Yo; argentino! No he visto nada, no escucho nada, me encierro tras mis rejas de la puerta de calle y observo correr el tiempo.
2/Marzo/2009
miércoles, 5 de marzo de 2008
HITLER, LOS ARMENIOS, ISRAEL Y LOS PALESTINOS
Ser armenio, según pienso, como ciudadano de la diáspora no es más que un sentimiento de añoranzas y de búsqueda de alguna explicación que quedó archivada en la historia. No se trata de nacionalidad, de pertenecer a algún partido político o de colgarse de alguna tendencia religiosa. “¡Los catolíc, no son armenios!”- me dijo alguien y yo tuve que guardar mi opinión respetuosamente, porque la consideré inoportuna. También oí decir: “¡Los venidos de Bolis (Estambul) no son armenios, son turcos cristianos!” Tampoco me animé a entrar en la polémica sobre quien podría creerse más armenio que otros. Los evangelistas armenios ¿qué son? ¿Norteamericanos adoradores de Jehová; una delicada recreación de un judío errante moderno? Iré más lejos en mis apreciaciones: un niño adoptado por una familia armenia que concurrió a un colegio armenio, que conversa con sus padres en armenio y se siente más armenio que nadie, ¿qué es?: ¿Un bastardo?, ¿alguien que no merece calificarse de armenio? ¿Se imaginan ustedes cuántos bastardos tendríamos en nuestras filas, bastardos que ocuparían como miembros honorarios el suelo de nuestra Armenia milenaria y que habrían ocupado el trono de Bizancio? Una vez comenté mi caso diciendo que en mi lengua se entremezclan idiomas de diversas procedencias y sin embargo, en homenaje a quienes fueron mis ancestros y a mi madre Chamiram, soy lo que quiero ser, y esto nadie me lo podría quitar. Discutir, discernir, reprochar, desmerecer, habrá quienes… que incluso me tildarían de intruso; es posible. Ahora pregunto: un ateo, ¿no podría ser armenio, no podría sentirse armenio? O, como me acaban de explicar: “Los verdaderos armenios son los luzavorchagan, o sea: los que pertenecen a la fe Apostólica Armenia”. También es inadmisible hasta cierto punto entre mis hermanos que un hijo o una hija de un matrimonio “mixto” sean considerados armenios. Yo a esa querida gente les diría aquello de Jesús y con ello les abriría la mente: “Quien asegura ser armenio pura sangre que me arroje la primera piedra”. Nosotros somos armenios por convicción más que por sangre o procedencia. Y ahora, si me lo permiten, hablaré de la que fue mi familia: Mi padre era de padre caldeo y madre armenia. Mi madre, era de padre armenio y de madre siríaca. Y esto es sólo la punta del ovillo. ¡Que me vengan a decir porque no hablo armenio no tengo el derecho de sentirme armenio! Dije bien: “Sentirme” armenio, no, ser armenio, que mucho decir. Yo había dejado de ser armenio mucho antes de nacer y hasta cierta edad tampoco creía pertenecer a la comunidad armenoide que se hace llamar armenia. Vuelvo a aquello: “Hoy soy lo que quiero ser”. Mi sentimiento armenio no me lo quita nadie y mi punto de vista sobre lo que fue nuestro pasado con la invasión de los tártaros y mongoles que luego se fundieron en otomanos, tampoco. El drama de mis abuelos y de mis padres…; no me lo quita nadie. La lucha que emprendí con mi arma predilecta donada por el Supremo que consiste en mi literatura armenoide, no me lo quita nadie. No pertenezco a ninguna asociación, a ninguna secta, a ningún partido político, a ninguna nacionalidad en particular, a ninguna religión, habidas o por haber y no obstante, respeto y simpatizo con todos ellos por valorar su accionar, aunque difieren de lo mío. Han venido gente de Armenia, ex República Socialista con un habla diferente, diciendo que ese es el verdadero idioma estatal armenio y el habla occidental de la diáspora es un dialecto. Yo podría decir lo contrario, porque lo que oí durante mi infancia pronunciado por mi madre no era otro que el armenio conocido por todo el mundo. En uno de mis libros había dicho: “Dar razón a una gata es derrotarla”. Y yo les doy la razón a todos ellos y prosigo mi camino imperturbablemente. Para mí no hay más armenio que aquel que se siente orgulloso de acunar en su pecho ese sentimiento. Mientras dure nuestra búsqueda de justicia, ese sentimiento será nuestro único poder, nuestro único estandarte, lo único que debería enlazarnos como hermanos. Paralelamente al de abrazarnos agradecidos a todos los hermanos del mundo que con su humanismo salieron a socorrernos y nos ofrecieron su pan y su amor. Ante todos, a los árabes, que acudieron a salvarnos de las garras asesinas de Turquía siendo de la misma religión islámica y también al resto del mundo que curaron nuestra heridas y nos ofrecieron donde vivir. Me estaba refiriendo por árabes a los del Líbano, a los de Siria, a los de Irak, los de Palestina y de Jordania, no de aquellos sumergidos en la opulencia del petróleo y en la lujuria de los harenes. Ellos como muchos países europeos quedaron indiferentes mientras masacraban a los armenios. Indiferentes, hasta con sus propios hermanos de Palestina, permitiendo a que sean aniquilados por un criminal disfrazado de bondad. ¿Será que el dólar que les fue suministrado obró de opio para su moral? Si yo fuese Seudí tendría vergüenza de ser árabe sabiendo que a un paso un genocida enmascarado está masacrando a mis hermanos. ¿Qué está sucediendo con esa gente? ¿Dónde quedó su tradicional nobleza? Ahora entiendo por qué el mundo occidental mira despectivamente al árabe en general y los arroja a todos por igual en un mismo canasto. El mundo occidental no se opone al Islam, ve indigna la actitud de tantos países de habla árabe divorciados entre sí.
Después de todo ese fue el objetivo disimulado del Primer Mundo: engordar al chancho con dólares, provocar la discordia entre hermanos, mientras la quinta de al lado es asaltada con absoluta impunidad. Yo que he vivido en Jaffa, Palestina y he conocido de cerca a sus habitantes, considero que para los países petroleros del golfo, la palabra “árabe” les está quedando demasiado holgada e inmerecida. No obstante lucir la vestimenta árabe.
No sé si existe una diferencia entre un asesino y quien asiste a una masacre y no se pronuncia. Ahora que lo pienso; no podría asegurar que el mundo occidental poseía las manos limpias mientras eran degollados los armenios. Por más que quiero, hoy no le encuentro diferencia entre los jerarcas Nazis, los turcos-sefaradi y los sionistas de Israel. Me jugaría porque el mundo occidental no esté ajeno a las provocaciones entre cristianos y musulmanes en el Líbano, como no me extrañaría que hubiese una directa participación de los Nazis, los turcos y los israelíes en su meta de desequilibrar el mundo árabe a fin de ganar tiempo y que los palestinos abandonen su territorio hacia el exilio, antes de morir bombardeados y cazados por los helicópteros artillados. Si Hitler hubiese vivido, habría escrito en sus memorias: ¿Quién recuerda a los palestinos? Tal vez en un mañana cercano, uno de sus discípulos se referirá de igual forma sobre los palestinos de la franja de Gaza. Entonces el Sheriff y sus lacayos comerán perdices y dormirán felices.
Después de todo ese fue el objetivo disimulado del Primer Mundo: engordar al chancho con dólares, provocar la discordia entre hermanos, mientras la quinta de al lado es asaltada con absoluta impunidad. Yo que he vivido en Jaffa, Palestina y he conocido de cerca a sus habitantes, considero que para los países petroleros del golfo, la palabra “árabe” les está quedando demasiado holgada e inmerecida. No obstante lucir la vestimenta árabe.
No sé si existe una diferencia entre un asesino y quien asiste a una masacre y no se pronuncia. Ahora que lo pienso; no podría asegurar que el mundo occidental poseía las manos limpias mientras eran degollados los armenios. Por más que quiero, hoy no le encuentro diferencia entre los jerarcas Nazis, los turcos-sefaradi y los sionistas de Israel. Me jugaría porque el mundo occidental no esté ajeno a las provocaciones entre cristianos y musulmanes en el Líbano, como no me extrañaría que hubiese una directa participación de los Nazis, los turcos y los israelíes en su meta de desequilibrar el mundo árabe a fin de ganar tiempo y que los palestinos abandonen su territorio hacia el exilio, antes de morir bombardeados y cazados por los helicópteros artillados. Si Hitler hubiese vivido, habría escrito en sus memorias: ¿Quién recuerda a los palestinos? Tal vez en un mañana cercano, uno de sus discípulos se referirá de igual forma sobre los palestinos de la franja de Gaza. Entonces el Sheriff y sus lacayos comerán perdices y dormirán felices.
¡ACTUE SEÑOR PAPA!
¡Cuánta vergüenza me da pertenecer al género humano! Cuando era chico me hablaban de los salvajes, de los pueblos que combatían por el orgullo de ser combatientes. Iban a la guerra sin ninguna convicción y sin ningún motivo, tan sólo por un deber de alcanzar la gloria terrenal por más que la mayoría alcanzaba la gloria celestial y no volvían a casa. En mi mente de inocente llegué incluso a admirar a los Grandes Conquistadores que formaron Grandes Imperios. Pero el tiempo transcurrió y hoy, a mi edad, mi visión sobre aquello quedó muy atrás. Me da vergüenza darme cuenta que la humanidad no ha avanzado en el camino del bien, pese a todas las religiones, la fe y la buena voluntad de algunos; quedó empantanada. Para elogiar este caso, utilizaría una expresión moderna, diría; empantanada sobre el eje del mal. Pueblos como los judíos que eran mis admirados ídolos resultaron engañadores y el revés de lo que pensaba. Ahora más que nunca entiendo que las apariencias engañan. Israel resultó tan criminal como los Nazis y los turcos. Y me duele que el mundo y las grandes potencias le den el visto bueno para que siga castigando inhumanamente a los palestinos quitándoles los víveres, la electricidad, los medicamentos, el gas y el petróleo para que sigan muriendo de hambre más y más palestinos en los hospitales. Salen a cazar terroristas con helicópteros artillados y los autos particulares que llevan más de dos pasajeros ya entran a ser sospechosos y los destruyen. Ellos calcularán, supongo, con un cohete sobre un automóvil privado debe matar por lo menos cuatro personas para que justifique el costo del cohete. Dos árabes muertos no es negocio. Por cuatro heridos de los nuestros, dieciséis deben morir de ellos. Es el mismo cálculo ejercido por la valiente armada norteamericana en Irak. ¡¿Cómo puede haber gente sin conciencia alguna, no tuvieron padres ni madres que les explique qué son los sentimientos?! ¿La religión del Talmut o del Torá no les sirvió de nada? ¿Qué clase de moralidad es esta? El Rey Salomón estaría apenado si viera a sus descendientes tan desalmados. No entiendo cómo un pueblo puede tornarse asesino de la noche a la mañana o es que siempre lo fue y nos estuvo dando gato por liebre. Y el señor Papa, ¿qué papel hace? ¿No le llegan las noticias acaso, no tiene celulares satelitales o Internet? ¿No sabe que en Palestina los sionistas están cometiendo genocidio contra los árabes de Gaza? ¿Si no sabe detener la matanza para qué sirve trabajar de Papa? ¿Para recibir a los grandes criminales en su casa y intercambiar regalos…? Cuando asesinaban a los armenios, en el Vaticano, supongo, que existía un Papa ¿o me equivoco? ¡Basta de hacerse de Santo Padre, señor Papa y haga lo que le toca hacer! Sino, deje de actuar de San Pedro. Es fácil salir a la ventana que lo filmen en televisión y orar por la paz, para luego llenarse la panza con manjares y descansar en una mullida cama rodeada de oro y de reliquia históricas, creyendo haber cumplido con su deber.
Hay un pueblo que está siendo abandonado a su suerte en manos de un criminal. Usted, si se calla, señor Papa, sería otro criminal, ¿lo sabe? Y tendrá que dar cuentas a Dios y enfrentarse a todos los santos que suele nombrar, por si acaso... el cielo. No me toca a mí, un humilde ciudadano de origen armenio cuyos padres y abuelos sufrieron la misma suerte en manos de los turcos, le tenga que enseñar su oficio de Papa. Cuando era pequeño y estudiaba en el colegio de los Franciscanos en Jaffa, Palestina, me habían dicho que el Papa era la única persona en el mundo entero que no se equivocaba jamás. ¿Por qué no me comprueba que es cierto? Si lo es, le prometo volver a afiliarme al catolicismo y ponerme a creer en todos los absurdos que durante tanto tiempo me hicieron tragar. ¿Usted sabe que en el mundo existe gente que muere de inanición? Sabe que su buen amigo Bush que lo fuera a visitar por cortesía y buena educación antes de pasarle el acero a la garganta de los iraquíes, está cometiendo genocidio en Irak y en Afganistán, que su queridito papá cometió otro desastre en el Sudeste Asiático y para colmo perdió la guerra. Utilice su cerebro, los obispos lo eligieron, supongo porque lo creyeron aptos de servir a la humanidad, pero hágalo, con hechos, no con palabras que las lleva el viento. No se suba a la ventana para hablar de paz en la tierra… en el cielo las estrellas y en medio de mi corazón… la dolorosa indiferencia, soltando palomas blancas. Caso contrario renuncie a su trono, sería más noble de su parte, que el Vaticano se remate y con el importe obtenido podrá remediar el hambre y la pobreza de toda la población del mundo. Por mí no se preocupe, mi consejo es gratis. Ya de niño recé por mis pecados que cometería de grande. Por ejemplo: no saber callarme y por aventurarme a decir lo que otros piensan y no se animan a hablar. ¡Ah! El problema de la humanidad no son precisamente la prostitución, la familia y el aborto… Y ya que estamos en confianza: ¿qué me dice sobre los sacerdotes gay y los violadores de niños tan difundidos últimamente, les va a mandar su abogado del diablo para justificarlos y salvarse de la vergonzosa publicidad?
Hay un pueblo que está siendo abandonado a su suerte en manos de un criminal. Usted, si se calla, señor Papa, sería otro criminal, ¿lo sabe? Y tendrá que dar cuentas a Dios y enfrentarse a todos los santos que suele nombrar, por si acaso... el cielo. No me toca a mí, un humilde ciudadano de origen armenio cuyos padres y abuelos sufrieron la misma suerte en manos de los turcos, le tenga que enseñar su oficio de Papa. Cuando era pequeño y estudiaba en el colegio de los Franciscanos en Jaffa, Palestina, me habían dicho que el Papa era la única persona en el mundo entero que no se equivocaba jamás. ¿Por qué no me comprueba que es cierto? Si lo es, le prometo volver a afiliarme al catolicismo y ponerme a creer en todos los absurdos que durante tanto tiempo me hicieron tragar. ¿Usted sabe que en el mundo existe gente que muere de inanición? Sabe que su buen amigo Bush que lo fuera a visitar por cortesía y buena educación antes de pasarle el acero a la garganta de los iraquíes, está cometiendo genocidio en Irak y en Afganistán, que su queridito papá cometió otro desastre en el Sudeste Asiático y para colmo perdió la guerra. Utilice su cerebro, los obispos lo eligieron, supongo porque lo creyeron aptos de servir a la humanidad, pero hágalo, con hechos, no con palabras que las lleva el viento. No se suba a la ventana para hablar de paz en la tierra… en el cielo las estrellas y en medio de mi corazón… la dolorosa indiferencia, soltando palomas blancas. Caso contrario renuncie a su trono, sería más noble de su parte, que el Vaticano se remate y con el importe obtenido podrá remediar el hambre y la pobreza de toda la población del mundo. Por mí no se preocupe, mi consejo es gratis. Ya de niño recé por mis pecados que cometería de grande. Por ejemplo: no saber callarme y por aventurarme a decir lo que otros piensan y no se animan a hablar. ¡Ah! El problema de la humanidad no son precisamente la prostitución, la familia y el aborto… Y ya que estamos en confianza: ¿qué me dice sobre los sacerdotes gay y los violadores de niños tan difundidos últimamente, les va a mandar su abogado del diablo para justificarlos y salvarse de la vergonzosa publicidad?
LAS LACRAS HUMANAS
¿Hasta qué grado es necesario ser egoísta, de pensar tan sólo en nosotros y borrar de nuestra memoria todas las interferencias relacionadas a otros seres que podrían alterarnos la paz? ¿Nos conviene acaso cerrar los ojos a los hechos y si lo hiciéramos, no nos convertiría en cómplices? Total, la gente no podría constatar que nos hemos reservado la sensibilidad para nuestro propio provecho. Alguien que no sabe nadar, al arrojarse a las aguas con intención de salvar a quien se está ahogando, sería un suicidio y si no lo hace, estaría obrando egoístamente. Me pregunto; ¿acaso vale la pena perder la vida intentando salvar a otra o dejar que se ahogue? Lo más sensato, pienso, sería dejar que el sujeto se ahogue. Caso contrario aquél se sujetaría de su cuello y lo arrastraría. Me pegunto: ¿obraría por egoísmo? Lo que quiero decir: si uno no puede remediar una situación por no estar dentro de sus propias posibilidades, lo mejor es hacer oído sordo y mirar para otro costado. Ahora si está en él poder remediarlo y se hace el distraído… En 1915 al 1923 Turquía perpetró un genocidio contra nuestro pueblo y que aún sigue vigente. Las naciones del mundo en su gran mayoría se quedaron al margen. Hoy con los palestinos de la franja de Gaza acontece lo mismo. Los civilizados del Primer Mundo adoptan la manía de la sordera y miran hacia otro costado. A menos que yo esté equivocado, quienes eligen una víctima para atacarla y no es socorrida por quienes estén al tanto, serán igualmente cómplices. Para nosotros, Europa fue responsable de la desgracia de los armenios por haberse quedado atrás. Lamentablemente, todos sabemos que a los países poderosos nadie se atreve cuestionarlos, por ese motivo siguen ocurriendo las desgracias y las matanzas de inocentes. Si nosotros los descendientes de los sobrevivientes armenios nos calláramos, nadie se acordaría de lo ocurrido con nosotros. Como que nadie le interesa el dolor ajeno. ¿Acaso Europa se conmueve con las matanzas de los iraquíes en manos de criminales y genocidas norteamericanos? ¿Quién se entera de lo que sucede en África? ¿A quién le interesan los negros de África? Para el mundo occidental, África consiste en algunos habilidosos jugadores de fútbol y allí acaba todo. ¿Alguien sabe dónde se ubica El Sudan? ¿Estamos enterados lo que sucede en Somalia, en el Congo, en Mozambique y Madagascar…? Los mismos países de avanzada han perdido su cultura y su desconocimiento es simplemente inesperado. Recibía cartas de instituciones estatales francesas con Buenos Aires, Brasil. Volviendo al tema: De Sudáfrica nos hemos enterado por cómo fueron tratados los negros por los invasores ingleses. Lo de ellos lleva una cierta similitud con aquello de los tártaros y mongoles (que fundieron su salvajismo en un imperio llamado Otomano), para con los nativos milenarios armenios, cuya existencia data de más de cinco mil años. Comparativamente, cuándo no, aquello de Israel, la perla de los Estados Unidos engarzada en medio de la corona de los países árabes. Israel y su forma inhumana de usurparles los terruños a los palestinos y la manera que es marginada su población. Me vuelvo a formular la misma pregunta: ¿hasta qué grado es necesario ser egoísta? La respuesta más ingenua, sería: hasta el grado en que un ser humano no le falte el respeto a otro ser humano. Desvirtuando este concepto, conciente o inconscientemente el hombre se torna criminal. La criminalidad es hereditaria, las lacras humanas también, forman parte de nuestra esencia. Limitarlas es saber reflotar nuestras virtudes postergadas y con ellas, honrar nuestro soplo divino.
LAS MARIPOSAS
Confieso que las mariposas doradas siempre fueron mi meta, las estuve buscando durante muchos años y recién las pude hallar cuando me encerré debajo de mis párpados. Allí estaban como aguardándome y yo que solía ir a buscarlas lejos, muy lejos en medio de mis irrealidades. Fue cuando descubrí la diferencia entre estar satisfecho y estar feliz, porque uno puede estar feliz y nunca sentirse satisfecho. O bien, sentirse satisfecho y no saberse feliz. Tal vez lo más dificultoso es la toma de conciencia. Otros dirán: tanto el estar feliz como el estar satisfecho, dependen de saber conformarse o de saberse conformar. A mí me podían conformar con un caramelo o dos a lo sumo, pero mis pretensiones no iban para más; era un niño. Por supuesto que a mi edad, estar feliz implica saber conformarse y saberse conforme y eso casi nunca ocurre. Porque cuando más quiero, cuánto más quiero, más quiero querer, incluso con ello suelo superar mis propias y variadas necesidades. Cuando era joven, mucho más joven que ahora desconocía la felicidad como desconocía que respiraba y que también vivía, mi meta era cazar satisfacciones hasta el agotamiento. Me decía una vuelta más y con ella sería la última y eso jamás ocurría. Era lo mismo ir juntando monedas en mi alcancía y cuando la misma se llenaba y estaba a punto de desbordar, insistía en agregarle más y más. Claro que en aquel tiempo era demasiado pequeño para razonar y no podía controlar mis impulsos de vanidad y de codicia. Supongo lo mismo acontece con los adinerados, no pueden controlar sus impulsos y su codicia, porque en el fondo saben que no han crecido. Y el hecho de acumular riquezas les rinde grandes satisfacciones ya que presienten que nada les pertenece entonces tratan de torcerle el brazo a la realidad. Todo aquello que no nos pertenece y que logramos alcanzar, aunque fugaz y provisorio alimenta nuestra vanidad y nos brinda satisfacción. Algunos dirán: el placer esta en la diversificación y los harenes existieron con este fin. Las mujeres se convirtieron en objetos de placer. Recién cuando el hombre lograba enamorarse de alguna, su mismo sentimiento lo guiaba hacia las mariposas doradas que anidan debajo de los párpados. Cuando tuve por primera vez mi primera moneda de oro me sentí más feliz que cuando tuve veinte, porque las veinte me provocaron preocupación y me quitaban el encanto inicial. Diría que tampoco estaba satisfecho con tan pocas, mientras podía llegar a más. ¿Querer más, es pecar de vicioso? ¿Las posesiones mundanas son borracheras? Vayamos por parte: si necesito diez monedas para vivir y gano cien, teóricamente les estoy quitando a otros, noventa monedas que les haría falta para su sustento. El tema se complica cuando comienzo a dudar por si al día siguiente ganaría esas diez monedas. La incertidumbre y los miedos que nos heredó el espectro de las guerras, permanece plasmado hasta nunca en nuestros recuerdos. El hecho de ganar cien, supuestamente superarían las dudas y eso me llevaría a acumular más y más monedas, ilusionado con que estaría esquivando definitivamente problemas futuros, sin percatar que con ello me esté enviciando. Cuando antes necesitaba diez monedas para vivir y pudiendo ganar cien, comenzaba a privarme de cosas con tal de ahorrar algunas, inconscientemente daba a relucir las mezquindades de mi oculta personalidad. Y no me extrañaría que muchos millonarios acumulen fortunas pensando que han de aprovecharlas en sus próximas vidas, algo así como ciertas creencias hindúes, la de pasarla mal en esta vida para lograr mejorarla en la otra. Similar era la creencia de los Faraones de Egipto que preparaban su viaje al más allá, camino al sol, con todo lo necesario para el largo trayecto; oro, vajillas, alimentos y hasta canoas de papiro. Ellos a su manera también perseguían las mariposas doradas, en especial sus sacerdotes que se cegaban fijando la vista al sol, entonces la sensación de visualizarlas se producía debajo de sus párpados y eso los tornaba felices. Hay quienes mueren felices creyendo que al partir conocerán el paradero de esas mariposas.
ANDANDO A CONTRAMANO
Cualquiera hasta el menos instruido sabe que la Torre Eiffel se encuentra en París y París está en Francia. En Europa la gente es tan culta que deduce que Buenos Aires se halla en Brasil. Cualquiera reconoce la palabra “Merci”, sabe que significa gracias en francés. Todo el mundo lo sabe, menos los turcos. Para ellos es una expresión indiscutiblemente turca, se han apropiado de ella del mismo modo que usurpó el Bíblico Monte Ararat que siempre perteneció a los armenios. Cuando utilizamos el término: “Me importa un bledo”, sabemos perfectamente su significado, pero tal vez ignoremos que la palabra “Bledo” deriva de “Bled” (pueblo) en árabe o en “Cabili” dialecto de los bereberes de noráfrica. Quienes la usan saben fehacientemente que se trata de una expresión que no cuaja con el idioma castellano. Aquello de “Merci”, incorporada al habla turco, como manifestación, mejor dicho, de una demostración de que poseen una fina y delicada educación, lo relacionaría con lo que aconteció en un salón donde se festejaba el matrimonio de una pareja de amigos. Antes de iniciarse el brindis todo el mundo se puso de pie y rebotó a todo lo que da en las cuatro paredes el Himno Nacional de España. A su término me arrimé maliciosamente a la madrina y le pregunté qué era lo que acabábamos de escuchar y ella suelta de lengua y encendida de orgullo me miró a los ojos desafiando mi ignorancia, diciendo: ¡La Marcha Gallega, hombre de Dios! Lo único que nos faltaría aquí en la Argentina que adoptemos como propios el Out let, el delivery y la Coca Cola. Entiendo que los pueblos tienden a evolucionar, no obstante no creo que esa sea la más adecuada. El esnobismo (otra palabra recauchutada) en vez de que el cartel de la heladería diga: Helados; dice, “Gelatto”. Por supuesto que estamos familiarizados con muchas palabras de este estilo, reconocidos como extranjeras: Fútbol, básquet y tenis ya universalizadas que no molestan ni desentonan en el oído de nadie, lo mismo ocurre con las expresiones chinas, coreanas y japonesas como el harakiri, Taek won do, Karate, Tai chi chuan y otros tantos que las usamos tal cual nos fueron llegando por no tener sus equivalencias en argentino. Los nombres extranjeros es otra cosa, al no tener traducciones ni equivalentes se anulan en la aduana. Por ejemplo PAU YÛ que significa jade en chino clásico es interpretado como Cecilia y WON, como Leandro. Esto lo podría entender, lo que me cuesta admitir es que también les modifican los nombres y apellidos a los indígenas argentinos atribuyéndoles nombres y apellidos españoles. Es como querer amputar el origen, como que una morocha mota se tiñe de verde limón. Como aquel cantante negro que se hizo aclarar el cutis, operar diez veces la nariz hasta hacerla desaparecer y quedó deforme, ya no es ni una cosa ni la otra. Vaya a saber qué gusano le trabajó el cerebro con que el blanco era mejor y más valioso que el negro. ¿El blanco es mejor y más valioso que el indio…? Personalmente no podría imaginar al negro Armstrong disfrazado de hombre blanco. En él todo lo identifica, lo enaltece y lo consagra, su ritmo interior, su voz, incluso el instrumento que toca forma parte de su arte. Si Armstrong fuera amerindio es posible al cambiarle el apellido lo habrían llamado Juan Poroto Bellagamba o Pelaratti... En Turquía sucede lo mismo con los sobrevivientes armenios, están obligados a cambiar de apellido incluso de nombre. O sea: se los disfrazan de turcos a modo de alterar su identidad por querer permanecer en el suelo donde nacieron sus ancestros. Que yo sepa, cambiar de nombre o de religión no modifica la persona. Para los amerindios, sus nombres y apellidos constituyen parte de su folclor nacional (otra palabra injertada). El hecho de modificarlos es atentar contra su pasado y contra su orgullo de raza. Sería, en mi parecer, más justo, que todos los habitantes del suelo argentino, incluyéndome a mí, modifiquen su nombre y apellido en denominaciones autóctonas como un homenaje a la tierra y a su indiada. Lamentablemente nuestro mundo gira al revés y si lo analizamos de cerca llegaríamos a la conclusión que todo anda patas para arriba, incluyendo nosotros. Estamos tan acostumbrados a andar de contra mano que ni nos damos cuenta de ello.
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