martes, 19 de enero de 2010

CARNE DE CAÑÓN

Cuando el temerario y valiente ejército de Israel atacó la indefensa Franja de Gaza en Palestina, habían asegurado a sus soldados que Jehová, (Dios de los ejércitos victoriosos de Israel), los ampararía y los protegería de todo mal, del mismo modo que lo ha hecho desde que David mató a Goliat y más allá, desde el inicio de la humanidad bíblica del Antiguo Testamento; iban convencidos que matar palestinos era una ofrenda de fidelidad a su Dios y una bendición económica para su patria que abarcaría desde el Nilo al Eufrates. En otras palabras: estaban mentalizados que con sólo trece de sus soldados muertos serían suficientes mártires, sacrificados por la paz de sus hermanos de Israel, trece… que equivaldrían (en valores humanos, cotizados según mentalidad sionista en la bolsa de Tel Aviv) por lo menos, en mil quinientos de los otros, puesto que los otros, no serían más que vulgares fundamentalistas islámicos, además de terroristas retrógradas e incultos que usurpan desde los inicios de los tiempos La Tierra Prometida al pueblo de Israel y acordada generosamente por los hermanos menores del Primer Mundo.
La valiente postura del Estado Judío era limpiar a fondo por aire, tierra y por mar el terreno ocupado, contando desde luego, con el apoyo moral y material bélico incondicional de sus guarda espaldas yanky’s y la simpatía anglosajona de su Majestad. ¡Qué casualidad…! Lo mismo sucedió con los armenios al ser usurpadas sus tierras por los turcos. Salvo que “Ala” de los otomanos, parecía no congeniar con las doctrinas filosóficas del Sagrado Corán de los árabes musulmanes. Cabe imaginar que “Ala” de los turcos sería quien dirigía las masacres, quien comandaba el ejército infrahumano. Era el “Alá” de fabricación casera, quien, luego de planear el exterminio de los armenios, ellos, sus fieles seguidores, no hacían más que obedecer y cumplir ordenes: violando y matando a cuantas mujeres y niños que se les cruzaran. Los hombres, desde luego, no figuraban en la cuenta, ya que habían sido llamados bajo armas y sistemáticamente liquidados. De esa forma, esos energúmenos, creyeron lavarse las manos y la conciencia ante la mirada mundial... Lo cual se nota claramente ya que la población turca no reconoce haber cometido tantos y tantas atrocidades. Prefieren ignorar que hayan asesinado a más de un millón y medio de seres humanos y haber tergiversado las leyes del Sagrado Corán por cuenta suya. Mandamientos como: Respetar a las mujeres y niños. No atentar contra establecimientos religiosos.
Un asesino que tiene suficiente noción de sus actos, generalmente presiente el modo en que está inducido a cometer crímenes, obedeciendo a un dictamen más poderoso que su propia voluntad. Ahora que lo pienso… ¿Tendrán que ver los Dioses en el odio de los hombres?
Si el hombre no recibe un incentivo psicológico de volverse bestia, de soltar su instinto salvaje; jamás incurriría en el error. Contaminar la mente de los jóvenes con que es un honor matar o morir por Jehová, por “Ala” o por el Dios de los cristianos y aún más: por la bandera, es por sí, perpetrar en la juventud un crimen moral, amén de efectuar disimuladamente un comercio ilícito con vidas humanas.
Los soldados de Israel realizaron muchos errores durante su campaña atentando contra la misma humanidad a la que ellos pertenecen, pero los auténticos criminales fueron y son aquellos que les metieron en el cerebro que Jehová los respaldaría, los ampararía, los llenaría de gloria y el cielo los aguardaría, llegado el momento, con los brazos abiertos.
Los soldados turcos no tenían opción ni escapatoria, o mataban a los armenios o eran considerados traidores. Tuvieron que rifar su escasa conciencia y revelarse sin tapujos ni máscaras. Fueron la mano que jaló el gatillo, el instrumento que previamente fue afinado y la ignorancia generacional les facilitó la faena. Ellos también actuaban confiados en que el cielo los iba a gratificar recibiéndolos, llegado el momento, en el Paraíso Celestial.
¿Por qué Israel niega haber cometido las barbaridades que saltan a la vista? ¿Por qué los turcos no reconocen el genocidio que les heredó sus abuelos? La explicación está en que no se sienten culpables, sino ocasionales héroes de las circunstancias. Sus abuelos fueron engañados y erraron, sea por contagio, fanatismo y por una probable multitudinaria alteración mental, agravada por su falta de madurez.
Los pueblos sabios no acometen contra nadie. Los salvajes de todos los tiempos son quienes invaden, someten, aniquilan poblaciones y se establecen en sus casas. No importa su aspecto, su modernismo, cómo visten, viven o cuánto dinero amasan. Un pueblo agresivo es un pueblo que mantiene vigente su salvajismo ancestral. La sensatez, el razonamiento y la lógica se oponen ante cualquier tipo de belicosidad. Matar a alguien no es sinónimo de valentía, ni de arrojo, no es un honor, puesto que degrada al hombre ante su esencia divina.
Si la juventud entendiera que las guerras no son más que negociados, disimuladas farsas internacionales y engaños a costillas de sus vidas, se les abriría la mente. Después de todo: Juventud, no es otro que un fraude de épocas.
Con todo lo que acabo de narrar, daría la impresión que defendiera al asesino, hiciera apología del crimen y lo liberara de culpa y cargo, y no es así: lo estoy culpando de idiota por dejarse influenciar maliciosamente con consignas publicitarias. Además, lo califico de irracional, de inmaduro, de inconsciente, de indigno, de impersonal y de estúpido por atribuirse derechos de quitarle la vida a alguien. Fuese soldado turco, israelí o norteamericano. Quizás no lo sepan entender, no son más que “carne de cañón”, unos tiernos cerdos destinados al matadero, esclavos sometidos a un trapo de colores y unos ilusionados con visualizar a un Noe, deslizándose por las laderas del Ararat, rodeado de animales de su propio zoológico.


17/Julio/2009
Rupén

PERAS AL OLMO

Un dicho criollo, reza: “No se le pide peras al olmo” Ese dicho podría contemplar el error de los armenios de la diáspora que desde añares apuntan con sus esperanzas hacia los Estados Unidos de Norteamérica.
Me gustaría refrescarles la memoria a mis queridos hermanos, remontar la historia junto a ellos y preguntarles quienes fueron amigos de los armenios a lo largo de sus cinco mil años de existencia. ¿Los persas, que no hicieron más que explotarlos? ¿Los mongoles, que no hicieron más que someter a su población y recrear en las laderas del Ararat sus caballos? ¿Los Bizantinos que de alguna manera se creían dueños de los armenios? ¿Los otomanos… y tantos otros de tan buena cuna…? Que yo sepa, pese a ciertos deslices cometidos, Rusia comunista fue la única nación que se jugó por Armenia. Son obvios los intereses que podía haber tenido. No obstante lo rescatable y perdurable son los resultados obtenidos. Lo que quedó en favor de Armenia durante seis décadas fue mayor a varios siglos de reinados y monotonías. Los países europeos fueron los primeros en traicionar a los armenios que todavía creían en Papá Noel. Hoy el Papá Noel del siglo XX1, El Mandamás, flamante Presidente de Norteamérica que había sembrado esperanzas de reconocer abiertamente lo ocurrido contra los armenios en manos de Turquía, a último momento desistió de pronunciarse, traicionando así a miles y miles de armenios norteamericanos. Los intereses son intereses, mientras haya un interés, el honor del mandatario no entra en juego. Turquía mandó refuerzos a Afganistán y eso a los Yankys les pintó el panorama de dulces orientales. Turquía posee bases militares norteamericanas en su suelo para ser usadas en una eventual guerra contra Rusia y esa generosidad y don de gente de los turcos es invalorable para los Marines del Far West y de Kansas City.
Seamos menos ingenuos; ¿Cómo quieren que Obama o lo que fuere, hable a favor de los armenios en presencia de un turco? Máxime, se dirigiría al pueblo desde las escalinatas de la Casa Blanca y sermonearía: “¡Chicos, pórtense bien!, armenios y turcos deben resolver sus conflictos en casa sin la intervención de los Reyes Magos, o de involucrar con imbecilidades caprichosas a la mayor potencia mundial”. Algo similar que fuera difundido por el Papa desde los ventanales del Vaticano…refiriéndose al genocidio de la población de Gaza.
A menos que surja un milagro inesperado y alguien le enrosque la tuerca en el cerebro del Mandamás de turno, nadie se jugaría por Armenia y mucho menos por los armenios de la diáspora. Se aguardaría otros noventa y cinco años más, cacareando a los sordos aquello del genocidio y se reuniría para rememorar el pasado almorzando un “madag” por las almas de los desaparecidos. Otros noventa y cinco años pidiéndole peras al olmo… sin planes, ni objetivos, peleándose entre hermanos porque se tiene razón, matándose entre sí porque los demás dicen tener razón y no la tienen.
Si hasta ahora se han enfrentado los acontecimientos sin tener éxito, debería probarse avanzar operando por los flancos. No podemos, ni debemos dejarnos arrastrar por la desesperación manteniéndonos hasta nunca un pie en la cuerda floja y el otro en el vacío. Cerremos ese capitulo e iniciemos otro completamente distinto hasta que se nos de, pero no bajar la guardia. Debemos correrle al tiempo antes que este nos pase por encima y nos termine de aplastar. Hoy, ahora o nunca… Tenemos que agrupar nuestros pensadores y ponernos a meditar; ir reconociendo nuestros errores pasados y presentes. Nos convendría una “Mea culpa” para que el cielo nos ilumine. Nuestro objetivo sería alcanzado, únicamente si todos juntos fuésemos hacia él. Llámese “Revolución” o como más prefiere. Estamos entre la vida y la desaparición; perdurar como armenios o morir en el anonimato sin haber cumplido con ningún sueño. Nuestra embarcación naufraga porque toda su tripulación posee rango de capitán y cree ser dueño de la razón y de la verdad. Porque cada uno tira para un costado, extravían el rumbo. Muchos son los que quedaron apegados a los años veinte. Son los mismos que permanecieron prendidos de las hazañas de Dicran, de los Tres Mares, de las Doble Coronas, de lo Cuentos de Hadas, de Aní con sus mil iglesias y sus cien mil habitantes y que los armenios fueron los Primeros Cristianos de la Tierra… etc y etc… Despertemos de una vez: somos hijos y nietos de los sobrevivientes de una masacre ocurrida contra la armenidad en Turquía. La amistad entre los pueblos no se da por amor al arte. Si no tenemos nada que ofrecer sería inútil seguir luchando construyendo sueños y castillos en el aire. Sepamos en qué bolsa el mundo nos cotiza y por cuánto… A partir de ahí ir armando el futuro de las generaciones venideras.


Rupén Berberian

VOCACIÓN

Las epopeyas legendarias armenias del pasado, si es que realmente existieron, quedaron atrás. Hoy la situación de nuestra armenidad es muy otra. De fracasos en fracasos se llegó hasta el límite de convertirse en sobrevivientes de una de las mayores masacres de etnias del siglo XX.
Me he preguntado más de una vez si es acaso un orgullo autocalificarse de armenio, habiendo adoptado otras nacionalidades, de creerse armenio sin un solo papel que lo identifique a uno. ¿Es acaso una nacionalidad fantasma la mía? Me resulta un rompecabezas que no cierra… Para el país en que nací soy francés. En mi interior también, no obstante, de pronto rebalsa lo armenio en mí reclamando no sé qué cosa. Me embargan sentimientos como que perteneciera a ambos sectores del mundo al mismo tiempo y me confundo. Salgo de mi encierro en busca de respaldos que mantengan mi espalda erguida, que pudiesen otorgarme alguna sensación de seguridad.
Una vez y de eso hace mucho, me ocurrió pensar que uno, siendo dueño absoluto de su propia voluntad, es lo que en realidad desea ser. Y yo en ese momento tan crucial de mis grandes dilemas no sé sostener la cruz que me legaron mis padres y abuelos sobre mis hombros. Desde que tengo memoria trato desesperadamente de explicarme por qué mi padre sermoneándome, me había dicho que Armenia no existía más, que debía desarrollarme como francés, mientras que el pobre hombre mantenía en reserva su armenidad en algún rincón de sus sentimientos más rezagados que si fuera la joya más preciada del mundo. Se sentía fracasado por no haber podido aportar su grano de arena en defensa de sus raíces. Parecía herirle la simple mención de la palabra “armenio”. Yo lo percibía calladamente, pese a mi poca noción de esa vibración tan extraña, de esa efervescencia que todavía no se había revelado en mí. Me limitaba a contemplarlo en silencio. Prefería no indagar cuando se le nublaban los recuerdos cada vez que en familia alguien alzaba la voz refiriéndose a Diarbekir, su ciudad natal. Se le congestionaban los ojos y se le entrecortaba la voz. No obstante su abnegación hacia su armenidad, tenía referencias de que en su familia paterna, su abuelo era de origen caldeo y tal vez su madre llevaría sangre siríaca o quizá mongol. Él mismo llevaba un rasgo tirando a chinoide. En realidad las fisionomías no son primordiales ya que los seres humanos no son caballos de carrera que se les valora por su origen y modo de galopar. Gracias que la sangre humana, se habría entremezclado tanto a través del tiempo que su ADN contenía lo bueno y lo malo de todos los mejunjes de razas del Medio Oriente habidos y por haber, y él lo sabía. En otras palabras, salvo raras excepciones, el hombre de hoy no pertenecería a ninguna etnia particular, procedencia u origen. Los armenios como tú y yo… tampoco. Se me hace que lo único que todavía conservamos de nuestra ascendencia milenaria que aún nos caracteriza, más allá del carácter y por ahí el semblante, es la soberbia, la falta de humildad, el de creerse dueño de la sabiduría, de la razón, amén de la verdad absoluta indiscutible.
Aquella observación que me hiciera mi padre, admito que me contuvo durante varios años hasta que llegué a sentir que algo me faltaba para terminar de encajar en mi propia identidad, que deseaba expresar otras clases de sentimientos que me envolvían el corazón. Era lo inesperado: estaba palpitando mis raíces y sin embargo, durante mucho tiempo temí difundirlo a fin de evitar que se me rieran en la cara.
Un día, una mujer que ocasionalmente se enteraba de mi apellido preguntó si era armenio y si hablaba el “haierén”. Le contesté afirmativamente con la cabeza, luego la sorprendí con un “No” categórico. La mujer me miró fijo reprochándome, con que era una vergüenza de mi parte no saber nuestro idioma madre. A esa mujer no la vi nunca más, pero la herida que me dejó, todavía duele. ¿Por qué debía hablar armenio si podía expresar mi armenio en otros idiomas…? Podía haber ocultado mi apellido, trasformarlo en cualquier mercancía comercial y manejarme bajo un apodo como tantos otros, pero no lo hice. Quise comprobarme que aún desconociendo mi idioma materno no dejaba de manifestar mi condición de armenio bajo una envoltura francesa. Pero allí no culminaba mi recorrido, más bien acababa de comenzar cuando ya, mayor de edad, me enteraba accidentalmente de la existencia de Armenia, Libre e Independiente, Claro; no era la misma de mis padres, pero se llamaba igual. Con el tiempo fui enterándome de que no era tampoco la de mis ancestros y que su habla no se asemejaba al que oí decir a mi madre, que a duras penas recuerdo. ¡Entonces Armenia no ha muerto, se ha trasformado en otra! -mascullé. Pero aquí empezó otro dilema… ¿A cuál de ellas pertenecería – me dije-, a la presente o a la desaparecida? Ahora entiendo por qué mi padre llegó a decirme que yo era francés, que Armenia había dejado de existir. Como que él adivinara que yo no me abrazaría de ningún mástil porque ninguna de las dos Armenias me tendría en cuenta y que esa enfermedad pasional lamentablemente no tendría cura.
Transcurrieron los días, se desprendieron las hojas del almanaque y los años treparon sin piedad dejando huellas en mi esqueleto. Mi padre no pudo aportar su grano de arena para remediar esa supuesta e implícita culpabilidad que sin querer nos tocaba de cerca. Ese es el castigo que estoy padeciendo en mi propia carne. Uno es lo que quiere ser, pero aun así, debería haber para mí un amparo, aunque fuese psicológico en alguna parte de mi universo sin fronteras, tener un objetivo para seguir almacenando estrellas fugaces.


18/Diciembre/2009
Rupén Berberian

MÁS ALLÁ DE LOS PROTOCOLOS

Se votaba para ocupar el sillón Presidencial y dos hermanos con definidas tendencias políticas opuestas se alistaban a participar en las elecciones y yo, con mi ingenuidad habitual, pregunté al que me inspiraba más confianza sobre el motivo de esa división tan incomprensible para mí, siendo hermanos. Y él me respondió sonriendo casi burlonamente, que entre su hermano y él no existían diferencias; que se trataba de una simple actuación, una parodia de un procedimiento diplomático, que en realidad apuntaban de diferentes maneras contra un mismo objetivo, puesto que cualquiera ganara, consagraría a ambos en el gobierno.
Hoy en Turquía se han presentado dos tendencias políticas opuestas bastante claras, una a favor de la relación con Armenia evidenciando el anhelo de Turquía de incorporarse a la Unión Europea y otra, en clara oposición a cualquier tratado con el vecino país, mientras no esté debidamente acordada la entrega en forma incondicional del enclave de Kazrabaj a Azerbaydjan.
Se me hace que Armenia se encuentra, gracias a los protocolos, en el asiento de los acusados, lugar que debían ocupar los dirigentes de Turquía. Parecería también, que se ha propuesto aceptar cualquier condicionamiento impuesto. Querrá hacer buena letra, supongo, esperanzada en procurar ayuda económica desde Europa; algo así, como darle la espalda a Rusia y lisonjear en inglés, mirando lánguidamente hacia Occidente.
Compararía la actitud de Turquía como la de Armenia con dos niñas que lloran desconsoladamente delante de un kiosco de golosinas, interesadas por impresionar al dueño de los caramelos.
Personalmente desearía fervientemente que a esta altura de los acontecimientos y las dolorosas experiencias adquiridas en esos últimos cien años, que las intencionalidades manifiestas por los jerarcas turcos, no hicieran trastabillar los diplomáticos armenios, porque con sólo remontar el pasado y recordar las bondades humanitarias de quienes condujeron el Imperio Otomano y el don de gente del Sultán Abd el Hamid, el sanguinario, de los genocidas Taleat, Enver y asociados, sería más que suficiente. El león que muestra sus colmillos no sonríe… Se me da por sospechar que entre los protocolos debe haber un gato encerrado... Turquía, jamás ofreció la mano por amor al arte…
Pienso que Armenia debería, debería… repito, reclamarle a Turquía el regreso voluntario y optativo, sin cuestionamiento de los desterrados, tanto del antiguo Reino de Guiliquia (Cilicia) como del territorio milenario armenio, contando con la debida devolución de sus derechos de ciudadanos del ex Imperio Otomano. Que los armenios de la diáspora pudiesen maniobrar libremente y adquirir bienes sobre los terruños de sus ancestros, que el gobierno de Ankara reconstruya dentro de sus dominios las iglesias armenias derruidas, sin olvidarse de colocarles la cruz en sus cúpulas y que ambos pueblos convivan en paz, sujetos a los tribunales de la Naciones Unidas.
Si esta condición no acompañara los protocolos, sería fácil interpretar que Armenia Libre e Independiente se ha olvidado deliberadamente de nosotros. Entonces, lamentaría que una vez más, cayera en la trampa de bobos.
Para la diáspora, significaría noventa y cinco años de esperanzas frustradas, noventa y cinco años nadando contra la corriente, noventa y cinco años… en la Nada.
Después de todo; es más honroso sentirse armenio en Turquía que desconocido, para Armenia.

DOCTRINAS

Esta vez quien asesinó a Hrant Dink no fue el Estado Turco, sino la mentalidad extremista de un sector fanatizado de su población. Fue debido a su urticante intolerancia religiosa y su complejo de inferioridad encuadrado en un mejunje de ideas tradicionalmente retrógradas y “fundamentalistas”.
En los albores del cristianismo los “fundamentalistas” paganos perseguían a los cristianos y los mataban. Más adelante y por turno, los “fundamentalistas” cristianos persiguieron a los paganos y a los “fundamentalistas” islámicos tildándolos de infieles. Los “fundamentalistas” Nazis, que asimismo eran racistas cristianos, se ensañaron con los de religión judía. Y, como la rueda del destino sigue girando, hoy los “fundamentalistas” judíos sionistas bombardean y matan palestinos y libaneses sin importarles si son ateos, cristianos o musulmanes.
Cada religión se disputa el trono del cielo y la eternidad celeste a su manera según su propia fantasía de macho dominante. Precisamente porque el de la vereda de enfrente piensa distinto y procesa una doctrina “fundamentalista” que les resulta competitiva, lo que permite entrever, que el “fundamentalismo” sigue siendo el gran legado de los eternos fariseos, de entre los cuales y bajo diversas carátulas, se engendra el extremismo y el odio racial.
Me han reprochado el haber arrojado en una bolsa común a los turcos buenos como a los malos, acaso disimulando una impotencia personal ante la magnitud del genocidio perpetrado contra nuestras raíces. No obstante ello, no desconozco que hubo muchos turcos piadosos, generosos y de buena cuna, pero… mis abuelos fueron masacrados y con ellos un millón y medio de armenios… Mi pregunta es: ¿Debería inclinarme y agradecer la gentileza de esa buena gente por haber salvado a cien o cien mil armenios y absolver de culpa y cargo a los verdugos porque no todos los turcos fueron asesinos? Mis parientes fueron masacrados por los parientes de esos mismos piadosos. ¡Por favor, ayúdenme a razonar; díganme cómo debería reaccionar!: ¿Perdonar y olvidarme de lo ocurrido, porque hubo turcos buenos…y, porque en Israel hay judíos buenos, los palestinos deberían pasar por alto el crimen de lesa humanidad que día a día cometen los malos judíos sionistas contra su población?
De la familia Mendildjian se salvaron dos criaturas, y eso… gracias a unos vecinos turcos. Chamir, que fuera mi madre y Areck, su hermana, de seis y ocho años de edad respectivamente. …No obstante, la madre de ambas criaturas fue degollada en presencia de las niñas, en Diarbekir…
Claro que hay gente buena y las hubo, pero… no se venera a Abel en el cuento Bíblico; se acusa a Caín por matar a su hermano. Que yo sepa, Judas, el Santo Judas, quien traicionó al Señor se lo nombra más que a los demás discípulos. Como verán: Una conducta sana pierde consistencia ante la tiranía; torna poco meritoria.


Rupén

EL PELIGRO DE UNA RESIGNACIÓN

Quisiera que alguien me explique cual es la intencionalidad de enviar los hijos a los colegios de enseñanza armenia. ¿Será para lavarse la conciencia; hacer perdurar el exilio más allá de los tiempos? ¿Qué relación existe entre las instituciones con el futuro de nuestra armenidad? ¿Será para que el día de mañana la humanidad recuerde que aquí existieron sobrevivientes del genocidio…? Quisiera saber qué significa además, reconocerse como armenio, cuando en realidad de lo nuestro sólo perduran migajas. No entiendo cómo la diáspora permaneció tantos años los sin consolidar un objetivo común, un plan de reintegración a las raíces.
En el pasado y que no quepan dudas, lo mejor de nosotros formó la gloria de los bizantinos, de los persas, de los griegos, de los asirios y por qué no, también de los otomanos y hoy seguimos aportando nuestro talento en bien de otras naciones igualmente hermanas. Me pregunto: ¿cómo sería si lográsemos la aprobación de Turquía de volver con dignidad sobre el pasado, que Turquía se disculpe por las atrocidades cometidas contra nuestros padres y abuelos y franquee sus puertas a la diáspora, que los armenios tengan los mismos derechos que los turcos, considerando que nuestros abuelos fueron ciudadanos del Imperio Otomano.
Hoy urge para Turquía incorporarse a la Unión Europea, pues bien; ese punto estratégico debería ser aprovechado y condicionado no sólo al reconocimiento formal del genocidio, a la devolución de los territorios prestados y, que Turquía ordene a su hermanita Azerbaidyan que acabe de una vez por todas con sus pretensiones y agresión sobre el territorio armenio de Karabaj.
Refiriéndome a Armenia, Libre e Independiente, un país cuya columna dorsal se encuentra quebrada, cuyos habitantes se debaten en la pobreza y en donde pulula la mendicidad abrumadoramente, sus jerarcas despilfarran a la buena de Dios aparatosamente el dinero de la nación en veleidades patrias. Por otro lado, por más que la diáspora se empecine en vagabundear por el mundo y de erigir castillos en el aire, su única solución sería…, recordando aquella frase del poeta árabe: “Cúrame con aquello que fue motivo de mi mal”. Para tal operación hace falta adiestrar cirujanos diplomáticos, visionarios y grandes pensadores. Los armenios deben recuperar sin falta los terruños de sus ancestros, estén en manos de Turquía, en el Paraíso Terrenal o en la memoria de los fallecidos. Somos pájaros de un árbol abatido cuyas raíces se encuentran custodiadas por miles de hermanos.
Quién lucha, no está vencido. La mayor derrota es la resignación.


24/Noviembre/2009
Rupén

PUNTO DE VISTA

No todo el mundo es malo -explicaba una amiga, justificando la actitud seductora de ciertos judíos sionistas-, las hay gente muy buena –y agregaba- En todos los pueblos existen buenos y malos, asesinos y santos”. “Sordos y mudos”-pensaba para mí. Ya que mirar para otro costado pareciera que convierte a los malos en gente decente y buena. Cualquier ingenuo pensaría igual que esa buena amiga, pero aquí radica el error. Si realmente existe gente buena en medio de un pueblo que masacra a otro, debería…, debería –repito- comprometerse, tomar partido en forma activa poniéndose del lado de la victima aunque más no fuera por un deber moral, en contra de sus propios dirigentes y no hacer la vista gorda, como: que ¡yo no fui!
La indiferencia en muchos de los casos es también una agresión. No se debe culpar a los sionistas de aniquilar palestinos o atacar a los libaneses para ocupar sus tierras y robarles el agua, no se los puede culpar, porque entre ellos hay judíos buenos. No se los puede reprochar a los cultos y civilizados norteamericanos de Kansas City que desde su intervención en Irak ya han perecido gracias a ellos millones de iraquíes porque su pueblo es sordo y mudo y hace la vista gorda. No se debe considerar asesino al pueblo turco porque muchos no participaron en el genocidio de los armenios, incluso recogieron y se adueñaron de unas cuantas criaturas. ¿De qué se podría condenar a esa pobre gente tan noble, tan considerada que obra con tan buena fe; tan devota y piadosa ella… ¿verdad? Y sin embargo, yo pienso distinto. Los acusaría de criminales al igual que sus hermanos por el simple hecho de no intervenir y oponerse abiertamente a la injusticia que acomete su propia gente.
Supongo que algunos podían haber cacareado ocultos detrás de sus puertas viendo como sus ejércitos invadían a sus vecinos, derribaban sus casas y perseguían despiadadamente a las mujeres y a los niños que huían despavoridos como cuervos espantados. Para muchos como mi amiga, sigue siendo gente buena y rescatable. Son buenos como los hay en todos los pueblos…
Si realmente fueran buenos… -digo – Los buenos turcos, se habrían colocado a la par de los armenios; los buenos judíos sionistas se habrían movilizado y, tomados de las manos, habrían rodeado con sus familias las casas y los barrios palestinos. Entonces allí se podría decir: ¡Señores no se equivoquen, no culpen a todos por igual, también hay gente buena! Lo que yo entiendo, es que el deber de cada mortal es defender como sea por su don de gente la dignidad humana, luego… con su vida, la Causa de la Humanidad. Las mismas ratas lo hacen; se juegan la vida por su comunidad.
La injusticia de los hombres debe ser controlada por la razón de los hombres y que me perdonen aquellos que todavía sueñan con que una golondrina “hace verano”, porque Callar es Conceder y Conceder, es Usura.


17/Noviembre/2009
Rupén Berberian

MÁS ALLÁ DEL EXTRANJERISMO

Se dice que la civilización Armenia se confunde con la cultura de los Hititas, Frigios, Hurritas, Mitanios, incluso con el mismo pasado remoto y que ayer, Armenia Milenaria quedó reducida a menos de un décimo de su territorio. Fue mencionada en las inscripciones asirias y caldeas, lo que demuestra a las claras la lejanía de su existencia como pueblo en el tiempo. Con ese pantallazo podemos imaginar la importancia que llegó a significar Armenia para el mundo antiguo, aun sobreponiéndose a desgracias y a catástrofes telúricas que nunca faltan y las invasiones reiteradas y constantes de uno u otro Imperio, para luego resurgir como el Ave Fénix de entre las cenizas. Me pregunto: ¿Qué sentiría un hermano nuestro de la diáspora al volver atrás el almanaque, apenas unos cien años a lo sumo, la sensación le quedaría al saber que de los pezones desecados de las mujeres armenias existen rosarios que adornan como un valioso trofeo las salas de recepción de algunos jerarcas turcos? ¿Cómo reaccionaría cualquier ser humano sabiendo que en su país de origen, iban siendo asesinadas entre tres y cuatro mil personas por día y las iglesias incendiadas estando abarrotadas con mujeres y niños por orden de un Mandamás? Y aquí me detengo…
No sé qué sentiría un hermano mío… pero sé, en carne propia, la cruz que pesa sobre mis hombros, siendo un huérfano de las circunstancias, hijo de sobrevivientes de Diarbekir, al asomarme con la memoria hacia aquellas atrocidades ocurridas a nuestros ancestros, a nuestras familias y en deprimente de nuestras raíces armenias. Me sublevo y me rebelo y se me revuelve el estómago con tan sólo pensarlo. En verdad no sé de qué manera descifrar la magnitud de mi impotencia ante semejante imagen de lesa humanidad. Es cierto… Esto ya pertenece al pasado… incluso me parecería absurdo pedir justicia sobre hechos consumados que no me devolverían a mis familiares. Es tarde… Ya lo sé: es tarde. Esto no quita que esté dolido. Dolido, teniendo la edad de los Hititas, Frigios, Hurritas, Mitanios y todos esos menjunjes de existencias vetustas… No entiendo por qué ni cómo hemos permitido que nos masacraran. ¿Por qué no hemos sabido advertir a tiempo lo que se tramaba contra nosotros? ¿Por qué no hemos sabido maniobrar con inteligencia y astucia suficiente sobre la vanidad de los Sultanes de turno y recientemente, con los “Jóvenes turcos” que al fin de cuentas, con aquello del lema: Ittihad “Unión, Libertad y Fraternidad” nos vendieron un buzón? ¿Por qué no hemos sabido amaestrar y dominar a esos sedientes de sangre? ¿Nos hemos excedido en confianza tal vez? ¿Hemos descuidado por ingenuidad la infidelidad y la traición de esos desalmados parido del demonio y a sus aliados ocasionales kurdos, obsesionados con el pillaje, lo mismo que los oportunistas gitanos?
Me pregunto: ¿Qué hacemos y hacia dónde nos conduce con que Armenia, nuestra Tierra Madre Haiastán esté sembrada con nuestros huesos e irrigada con nuestra sangre y, parezca a un museo al aire libre; con que la ciudadela Erepuní, tan antigua como la histórica Nínive, sea la antecesora de Yerevan, actual Capital de Armenia.
Vuelvo a aquella pregunta: ¿Qué se siente ante lo que acabo de describir? A mí me inspira un remolino de cosas que me confunden como ser racional. El genocidio cometido contra mi familia armenia sigue vigente en mí, incide sobre mi temperamento y me hace sentir raro en un mundo que me acogió con los brazos abiertos, pero aun así, nada me quita esa carga que llevo en el corazón que pesa toneladas. Claro que me incomodaría pensar que nuestros abuelos erraron el camino y les haya faltado oportunidades de entenderse con el enemigo. “Siéntate en la vereda de tu casa y verás desfilar el cadáver de tu enemigo”. (Proverbio chino) Por lo visto mis abuelos desconocían el idioma mandarín que podía haberlos salvado a ellos y a nosotros, del extranjerismo.
Moraleja: Paciencia y Sabiduría son gemelos de una inteligencia superior, una facultad que debemos tomar en cuenta antes de intentar correr montañas…


3/Julio/2009
Rupén

LA OVEJA PERDIDA

LOS miembros de la Primera Generación de refugiados fueron quienes aún y pese a todo lo ocurrido conservaban intactas sus tradiciones y costumbres a modo de olvidarse de que fueron extraídos de sus tierras, expulsados sin piedad y lanzados a la deriva de los caminos.
Fueron quienes, sumergiéndose en una maraña de incertidumbres, que a duras penas lograron atemperar su ánimo y maniatar el reclamo de sus cicatrices aún sangrantes. Ya no reiteraban insistentemente a sus hijos aquello de: “¡ERMANIYA KONUSHUN”! Fueron quienes establecieron centros de reuniones para sus hermanos caídos en desgracia de tal o cual aldea, de tal o cual pueblo. Provenían arrastrándose en su gran mayoría de Cilicia y de los territorios milenarios, históricamente armenios.
Fueron quienes armaron iglesias, costosas instituciones y numerosos colegios, pensando que servirían de escudo nacional que los mantendría unidos y agrupados. Se hallaban convencidos de que sus descendientes pensarían igual que ellos, añorarían sus tierras igual que ellos, sostendrían encendida la vela de sus dramas y padecimientos, igual que ellos. Pensaban… que con sus prédicas y el respaldo de su Idioma Madre, evitarían la desintegración de su Gran Familia. Soñaban… con que las parejas se unirían entre los de su misma comunidad, que sus nietos tomarían a su cargo las riendas del destino de la armenidad; exigirían a Turquía rendir cuentas sobre el genocidio perpetrado contra armenios de su misma nacionalidad.
La Generación de Sobrevivientes rescatada de la miseria y de la incomprensión prácticamente ignoraba, salvo excepción, que allí y a lo lejos existía otra Armenia similar a la de sus terruños en Guiliquia.
La Generación que siguió acudió a los colegios armenios, principalmente para aprender inglés y jugar al escondite en armenio, lo mismo que en otras épocas, de cuando las familias aristócratas, mejor dicho: Los “JANADÁN”, enviaban a sus hijos a adquirir cultura a Persia.
Mientras tanto… el sueño de sus abuelos iba cayendo en desuso… Por más que los jóvenes insistían en reconocerse como armenios, sabían que faltaban a la verdad y que estaban engañándose ingenuamente a sí mismos. Era obvio que les resultaba un fardo extremadamente pesado heredar una cruz que pesara toneladas, que no estaban dispuestos a remolcar. Para ellos, aquello del millón y medio de masacrados figuraba como un hecho histórico, trascendente, pero, aunque en el fondo no lo consentían, no les preocupaba en demasía.
De pronto el amor y la pasión les abrieron una perspectiva panorámica llena de misterios y de placeres. Sin querer, jugaban un papel que conspiraba abiertamente contra su rebuscada armenidad. Ya tenían otra visión de los turcos y de los armenios de la lejana Haiastán; otra clase de sensibilidad y sentimientos desencontrados con los de sus progenitores. La indiferencia y el desinterés calaban hondo en su proceder. No conservaban ni siquiera sus tradicionales formaciones morales. Procesaban ideologías patrias a espaldas de los demás. Aunque reconocían haberles fallado a sus abuelos, entendían que el pasado había cumplido una etapa que no les incumbía. Tanto Armenia como Turquía les eran indiferentes. Les costaba entender que existieran todavía hermanos suyos sobre el suelo de Turquía después de tanto exterminio; que gozaran, se divirtieran y disfrutaran de sus raíces y tradiciones disfrazados de turcos.
Conclusión: … Una oveja perdida, nunca sabrá juntar estrellas en las noches de plenilunio…, ni erigir castillos de ensueños en un espejismo…


2/Noviembre/2009
Rupén

EL CUENTO DE “HAI = BARON”

Si mis hermanos me lo permiten, quisiera sugerirles una idea que me viene persiguiendo desde hace mucho. Se trata de la palabra “Barón” con la que normalmente le atribuimos a los hombres de nuestra comunidad. Y no me asombraría que la gran mayoría de mis hermanos desconozcan la fuente de esa palabra, su origen y su adopción entre nosotros.
Les cuento: Allá, cuando aparecieron las primeras Cruzadas en Cilicia procedentes de Europa, no encontraron mejor lugar para descansar y reacondicionarse que establecerse entre familias armenias, como siempre extremadamente atentas, generosas con el extranjero, dispuestas a concederle el calor de sus hogares hospedarlo, incluso entregarle en matrimonio alguna de sus hijas, todo ello llevado por puro sentimiento de solidaridad cristiana. No obstante, esos forajidos que lucían la Cruz en su aparatosidad llevaban un demonio en el corazón; no eran más que aventureros y mercenarios desalmados, mentalizados a arrebatarles de las manos del Islam la Tierra Santa. Algo similar ocurrido y que aún continua en Palestina por los sionistas: (de religión judía, recolectados por Europa).
Era precisamente la palabra “Barón”.
Según intuyo, considerada una atribución con que las Cruzadas les trabajaron la moral a nuestros antepasados, con que nombrándolos “Barón”, los enaltecían y los honraban.
Cuando los fenicios se detenían con sus naves en las costas africanas, intercambiaban con los negros, collares, pulseras y adornos de vidrio por ébano, oro y marfil…
Mi propuesta, es la de desplazar la palabra “Barón” por “Hai”: Hai Bedrós, Hai Guiragós y Hai Nubar… Claro que un desconocimiento que ha perdurado siglos no se recompone en un santiamén, pero las ideas se plantan, algunos las recogen, otros las juzgan y otros más las ejecutan.
Algunos pensarán que divago y me tendrían lástima. Otros, que no soy quien para opinar o introducir cambios en nuestro estructurado lenguaje y costumbres arraigadas y no obstante, me siento más identificado como armenio con Hai Rupén que como “Barón Rupén” ¿Usted qué opina?
Si no me equivoco, cada pueblo posee su propio modo de identificar a sus hombres y los armenios, con todo el respeto y el afecto que me merecen, no la tienen, más bien utilizan un legado europeo, una donación intrascendente, vaya a saber a qué costo nos la han vendido.
No nos engañemos, “Barón” no es un doctorado, un título de nobleza, un premio Nobel, un adorno de caballero, una licenciatura; es, simplemente un intercambio comercial entre engañadores y engañados: unos trozos de vidrio en colores a cambio de oro; nada más que eso.
Me imagino que en aquel entonces el machismo estaría tan en auge que a las damas no les correspondió el título de “Baronesa”.
Aunque “Hai” suene parecido al saludo anglosajón en su esnobismo cotidiano, no debería afectarnos.
Después de todo; ¿qué mejor que “Hai” para recordarnos que somos armenios?


20/Octubre/2009
Rupén Berberian