martes, 19 de enero de 2010

INTELIGENCIA Y PERSEVERANCIA

El reclamo ejemplar y digno de ser imitado de las familias Hairabedian - Margossian contra el Gobierno de Ankara debería ser seguido por todos los miembros de nuestra colectividad de la diáspora desde cualquier rincón del planeta y no dejar a la injusticia que siga descansando a sus anchas como si nada, sobre los falsos laureles del pasado.
Ha sido presentado en los Tribunales Argentinos un pedido de reconocimiento hacia ambas familias ante el Estado Turco. Aquello de lesa humanidad de los otrora jerarcas turcos del pasado con toda su magnitud de barbaridades que significo el exterminio de un millón y medio de hermanos es simplemente incuestionable e inobjetable y no debe jamás quedar impune. Algunas familias tal vez no reúnan comprobantes de los tiempos idos, documentación o certificados; pero conservan nombres y apellidos de quienes fueron sus padres y abuelos y recordarán su lugar de origen y eso es suficiente, según pienso. Todo esto debe estar registrado en los archivos de las personas y figurar como ciudadanos de Turquía. Lo demás es fácil. Con una conciente investigación, todo habrá de salir a la luz. No creo que los países, medianamente organizados, borren por descuido los archivos de sus propios ciudadanos. Los archivos de cualquier Nación son documentos oficiales inamovibles. Se me hace que con tal de mencionar el nombre, apellido y procedencia de quienes sobrevivieron al genocidio y recordar en lo posible su lugar de procedencia, sería ampliamente suficiente. Y aquí les doy un ejemplo:
El año 47, durante la guerra de Palestina tuvimos que escapar de Jaffa, bajo los obuses de morteros hacia Beirut, Líbano. Mi padre conmovido por la situación había extraviado toda la documentación de sus propiedades en Palestina. Años después se hizo el reclamo ante las autoridades israelíes a través la Embajada de Francia y se nos informó que nuestras propiedades figuraban en los archivos y que el Estado Hebreo estaba en condición de indemnizar a los propietarios extranjeros de esos inmuebles, siempre y cuando etc.etc. Detalles que no vienen al caso, pero que nada estaba perdido, sino que había cambiado de mano. O sea. Poseer o no documentación turca, no alteraría el objetivo. Habiendo sido ciudadanos turcos, deben de figurar en el mapa de los faltantes con todo lo que significa: posesiones y propiedades, amén de los miembros familiares, cada uno con su nombre de pila. Silenciar una verdad cien o más años no significa que la misma no exista. Cuánto más tiempo transcurre, más habrá de favorecer a Turquía, que se apoderó de los bienes de los armenios y prácticamente las explota desde entonces sin abonar rentas ni indemnizar a sus dueños. Los ciudadanos alemanes de religión judía también han sido indemnizados por la pérdida de sus bienes materiales, si no me equivoco.


18/Octubre/2009
Rupén Berberian
Una opinión más...

AÑO VERDE: HUMANISMO TURCO-OTOMANO

Refiriéndose a los recientes protocolos entre Turquía y Armenia, uno de los cabecillas del Gobierno turco expresaba sobre un escenario la opinión de su gobierno, palabra más palabra menos, resaltando las intenciones humanitarias de sus connacionales, diciendo:
“Si Armenia no obedece nuestras consignas, no acepta nuestras condiciones de paz y buena vecindad, expulsaremos de Turquía a los cuarenta mil armenios venidos de su país para trabajar en nuestras ciudades, aprovechar de nuestra hospitalidad y robar nuestro dinero. Como solidaridad humana y acorde con nuestra nobleza turca otomana, hemos accedido a que los “gavour” (infieles) aun siendo virtuales enemigos de Ala, estén entre nosotros. Nos interesa demostrarle al mundo quienes somos y que nos interesa la paz con el vecino país, siempre y cuando se adapte a nosotros, no nos irrite con aquella patraña del genocidio y no nos rompa la paciencia con Nogorno Karabagh. Nos han pedido ponernos de acuerdo con Armenia, previa incorporación nuestra a la UE y estamos cumpliendo, pese a la opinión adversa de la mayoría de nuestro pueblo”.
(Mientras hablaba, el brillo de su mirada reproducía pensamientos ponzoñosos que se percibían en forma intuitiva…) pensaba:…
…“Los turcos tenemos buena memoria y jamás olvidaremos las barbaridades y las infinitas matanzas cometidas por los rebeldes y pretenciosos armenios en nuestro territorio. Hoy todo el mundo está enterado de ello, nosotros nos hemos hecho cargo de informar. Nuestros alumnos leen y están al tanto de las atrocidades que hemos sufrido en carne propia por esos malditos infieles. Los niños estudian la historia de nuestro pueblo y saben quienes fueron los armenios y de qué modo nos traicionaron escapándose como cobardes en caravanas hacia Der- er –zor, en Siria. ¡Cobardes! Fueron a llorarles a los árabes y a difundir que hubo muchos muertos entre ellos. Nos echaron la culpa de ello. Hoy procuran que Nuestra Gran Nación reconozca su insólita versión como un hecho y los indemnice por haber abandonado sus bienes materiales y sus propiedades. Fue decisión de ellos. Nosotros no las ocupamos. El turco no vive en la casa de un “gavour”. ¡El olor a cristiano repugna! Allí están los kurdos. Que los armenios de la diáspora sepan en realidad quienes fueron sus reales enemigos. Durante el Imperio Turco-Otomano los armenios convivían a sus anchas a la par nuestra. Nosotros les hemos honrado ofreciéndoles nuestra hospitalidad y la Nacionalidad turca; comían nuestro pan. Los hemos vestido a imagen nuestra, sus hombres usaban nuestro clásico “Tarbúsh” y nosotros nunca se lo hemos reprochado. De pronto quisieron burlarse de nosotros, se envalentonaron, se rebelaron y nosotros no hicimos más que apartarlos. Si hayan muerto algunos por el camino en el desierto de Siria es problema de Siria que no les suministró agua potable y los abandonó a su suerte. Más aún, muchos sirios recogían a las niñas armenias y las vendían en sus mercados como esclavas. ¡Imagínense…! Los mismos armenios ocultaban sus cadáveres arrojándolos en los pozos de agua para no conmocionar a los niños.
Jamás debían haberse quejado de nosotros, no poseen ningún argumento válido contra nosotros ya que nos hemos quedado gentilmente con sus más hermosas niñas y las hemos incorporado a nuestros harenes, al igual que nuestra propia hijas”.
(Y reencontrándose con la palabra, el hombre prosiguió no sin soberbia, exclamando):
“Turquía no ha de admitir, ni aceptar condicionamiento alguno sobre lo ocurrido en el pasado. Fue simplemente error de los armenios, una grave equivocación de parte de ellos. Nosotros hemos perdonado de por vida la vida de los armenios que han quedado en Turquía, porque Ala es Grande.”
(Hubo exclamaciones y aplausos…)
“El presidente de Armenia actual es un hombre muy astuto, sabe que le conviene reconciliarse con nosotros, es un “gavour” inteligente y muy accesible. Nosotros le podríamos dar una mano, siempre y cuando actúe con sensatez: me refiero, sin arrastrar consigo los absurdos reclamos de los armenios traidores, quienes trataron inútilmente de engañar a nuestros amigos benefactores norteamericanos con el cuento del genocidio y sacar tajada de sus mandatos. Turquía es un país poderoso, respetable, decidido, culto y honorable: sus promesas son ley. Turquía ha cumplido con todos los tratados y acuerdos firmados sin olvidarse de ninguno”.
(Hizo una breve pausa y enseguida retomó la palabra amenazando con dureza):
“Que los kurdos se olviden que les debemos otorgar concesiones territoriales en nuestro suelo por habernos secundado contra los cristianos. Que no vayan a creer que por ello ganaron algún derecho. Por otro lado, nuestras fronteras son inviolables,eso va también para los empecinados armenios que todavía sueñan con incursionar libremente como en otros tiempos en las laderas de nuestra montaña bíblica: ¡Nuestra Ararat! sin nuestra aprobación.
Por otro lado, la bandera Armenia tiene estampada el Arca de Noe con nuestra ¡Nuestra Ararat! y esto es un robo alevoso, una patraña y sin embargo se lo perdonamos como prueba de buena voluntad.
Hoy los armenios apantallan a los kurdos, olvidándose que fueron sus reales verdugos, pero nosotros sabemos bien quienes son los kurdos y el significado de esa palabra. Nos han traicionado a nosotros, ¡a nosotros! que les hemos tratado como hermanos. Es cierto; les habíamos prometido premiarlos con una moneda de oro (Osmanli) por cada armenio que degollaban. Por supuesto no hemos cumplido con nuestra promesa porque de pronto se les subió el humo a la cabeza y nos quisieron robar el país”.
(El hombre se tomó un espiro y, henchido el pecho continuó):
“Al igual que los armenios, el kurdo es traidor y le estamos dando su merecido. Turquía podría abrir sus fronteras, pero que nadie se ilusione con acaparar un milímetro de nuestro territorio, sean kurdos, armenios, siríacos o caldeos. Que quede claro: nuestro “Panturquismo es una realidad indiscutible cuyos proyectos están en pie…”.
Saludó al público con ambas manos en alto, inclinó brevemente la cabeza ocultando su satisfacción y bajó del escenario ovacionado y aplaudido a rabiar por sus partidarios.


15/Octubre/2009

TRAS LA CONQUISTA DE LA PAZ

Conquistar la paz es sagrado y necesario, pero no bajo cualquier pretexto, circunstancia, condicionamiento o renta solapada.
Se me hace que los dirigentes de Armenia compiten entre sí por quien logra reflejar mejor su omnipotencia en su propio espejo, desconociendo que más allá de lo perfilado existe un mundo real que está quedando fuera de órbita. Que yo sepa, ellos no son los únicos armenios de la tierra para jugar con el destino de toda la armenidad a la ruleta rusa y aventurarse, sin oficio, a tomar el toro por las astas, nada menos que encarando a Turquía.
Una buena vecindad, aún con el enemigo, siempre será bienvenida, pero ¿a qué precio: arrojar por la borda ilusiones, sueños y verdades inobjetables de nuestros padres y abuelos que han sobrevivido milagrosamente al genocidio? Nosotros, los hijos de la diáspora, somos acaso menos armenios que esos señores de la batuta, para que tomen una decisión unilateral a espaldas de la armenidad, permitiendo que se pusieran en duda y en tela de juicio las indiscutibles aberraciones cometidas durante el genocidio, perpetrados contra sus propios hermanos occidentales; de desconocer los territorios y terruños usurpados de sus hermanos en la Milenaria Armenia y desentenderse de Nogorno Karabagh, la que quedaría virtualmente a merced de la agresión de los tártaros azeries.
Aquí se juega una vez más el futuro de nuestra armenidad y no creo estar escalando nubes lejos de la realidad. Nuestra armenidad no pertenece tan sólo a los dirigentes de nuestra querida Armenia, simbólicamente: Libre e Independiente, sino a la de cada uno de nosotros que hemos rodado por el mundo.
Alguien sobre un escenario de una reciente disertación política se expresó refiriéndose no sin intencionalidad a la época soviética en Armenia, diciendo: “El yugo soviético”. Y yo a ese hermano le preguntaría si el yugo de los otomanos fue mejor y más humano e iría más lejos: le preguntaría si por casualidad leyó algún libro de Raffí que refleja fielmente el “yugo” y la explotación de los armenios por Persia. Por si haya existido, según él, el “yugo soviético” en Armenia, el supuesto sistema opresivo no pudo haber permitido riendas sueltas al poderío intelectual, artístico y cultural de toda su población. La prueba está a la vista. Si no me equivoco, en sesenta y pico de años, Armenia creció más que en toda su otrora accidentada existencia a merced de los bárbaros.
Nuestra mentalidad lamentablemente sigue estando encajonada en estancadas ignorancias premeditadas, tanto como que nos creemos dueños de la verdad verdadera y miembros activos del poder omnipotente.
Protocolos serían importantes y hasta necesarios, siempre y cuando contemplen los añejos reclamos de nuestra armenidad. Sean de la opinión de la mayoría, tanto de los armenios de la diáspora como de los territorios de nuestra Tierra Madre. Que el apasionamiento, el apresuramiento y la desesperación no sean un nuevo motivo de fracaso irreparable.
Me resulta hasta comprensible aquello de los jerarcas del poder armenio, olfatean el Tesoro Del Pirata y se les cae la baba. Creen ingenuamente en la existencia de una Papá Noel turco y en conquistar La Gruta de Ali Baba.
Para quienes nos sentimos armenios, Armenia no está ni estará jamás en venta en los mercados de pulgas, ni remotamente ofrecida en préstamos por todo el oro del mundo. No lo permitiríamos, aunque no quede un armenio en pie… ¡Que Turquía quede con la sangre en el ojo!
Rogaría a mis hermanos que mediten esa frase mía y que saquen su propia conclusión: “Un grano de arena más otro grano de arena es lo único que hará frenar un océano”.
No fueron ellos, los gobernantes de Armenia sino nosotros, los huérfanos sobrevivientes, quienes fuimos arrojados como desperdicios por las veredas del mundo. También es cierto: Nosotros como armenios, carecemos de identificación legal, no de identidad, siendo ciudadanos de la Milenaria Armenia Occidental y no me asombraría que seamos sentimentalmente tan apasionados que los mismos habitantes de nuestra querida Armenia, Libre, Independiente y materialista, aunque quizá, algo más realistas.
Pienso que Los protocolos deben urgentemente ser revisados las veces que hicieran falta; que sean coincidentes con la opinión de toda la armenidad mundial; deberían, como primer término, incluir el genocidio de la familia armenia occidental y su Via Crucis (me refiero a los ciudadanos turcos de origen armenio), amén de la restitución de los territorios armenios con su debida indemnización a los nietos y familiares de los sobrevivientes; la salida al mar por Trebizonda y, que Turquía ordene de inmediato detener definitivamente la agresión de su hermanita Azerbaidyan contra Nogorno Karabagh, respetando la libre decisión de sus habitantes…, dejando de lado el lirismos de los partidos de fútbol y las competencias deportivas.
Tanto Artzakh como Nejichevan fueron y son territorios históricamente armenios, por lo tanto no pueden ser pretendidos por los tártaros azeríes porque un tal Stalín se los ha cedido. Turquía no puede pretender permanecer eternamente en los territorios armenios de Kars y Ardahan porque un tal Stalín, como si fuesen de su pertenencia, las haya otorgado en préstamo a Turquía bajo condición que sacase un diez en buena conducta. Fueron en préstamos por veinte años y ya han transcurrido ochenta desde entonces...
Que conste que la historia no miente, mienten los libros de historia.


8/Octubre/2009
Rupén

¡SOMOS LOS INTELIGENTES DEL CAUCASO!

Vuelvo a aquel tema urticante de “Libre e Independiente” refiriéndome a Armenia. ¿Es acaso un anhelo de un divorcio formal, un suicidio disimulado, una alevosa toma de pelo? Porque… que yo sepa, nadie está en condición de considerarse libre e independiente, menos aún las naciones y las republiquitas. Si Armenia, en verdad, se creyera Libre e Independiente, sus dirigentes estarían sufriendo un severo desgaste cerebral irreparable. Estaría olvidando que desde la diáspora hay millones de ojos dirigidos hacia ellos, esperando a que dejen de errar caminos y lleven, de una vez por todas su política a buen puerto. Armenia no está sola en medio del cosmos con sus apenas un millón de habitantes o tal vez algo más. La diáspora multiplica esa cifra y está en condición de tomar partido en bien de Armenia.
Con todo el respeto que me merecen mis parientes lejanos de la lejana armenia, en la diáspora, nosotros, los huérfanos de la Milenaria Haiastán, hemos aprendido la lección, rendido dolorosos exámenes recorriendo las veredas del mundo. Sabemos cuando alguien nos sonríe, cuánto debemos retribuir en intereses por esa aparente amabilidad. El hecho de haber sido arrojados por el mundo nos resultó una gran enseñanza y todo aquello que hemos experimentado serviría, siendo necesario, como un valioso aporte incondicional para el desarrollo humano de nuestra pequeña y querida Madre Tierra. Armenia, Republiquita, debería pensar dos veces antes de tratar de tomar por sí sola, las riendas de su destino, porque estaría comprometiendo al mismo tiempo la armenidad de la diáspora. Un divorcio con sus parientes occidentales sería prácticamente su ruina y su desaparición como nación en el mapa del mundo. Si Armenia existe y es reconocida internacionalmente es gracias a los hermanos de la diáspora que a su manera se solidarizan con ella ante la opinión mundial.
Me atrevería a decir que Armenia, República Libre e Independiente en la era capitalista no es nada, ni nadie, sin el constante respaldo de los armenios de la otrora Haiastán Milenaria. Lo que no me cuaja es que ese pueblo tan admirado, habiendo conocido en carne propia las virtudes de la era soviética de pronto entra incomprensiblemente en un letargo, en una decadencia moral sin precedente.
Está bien; sabemos que el dinero es el opio de la conciencia, pero no a tal grado de pobreza espiritual…marginando a la población, expulsándola del país o ubicándola entre la espada y la pared. Tampoco me asombraría que los jerarcas presidenciales, autoridades de la pequeña República Armenia estén tramando planes de vender el resto del territorio por treinta monedas de infamia. Nada menos que a sus amados verdugos, porque ocultamente y con discreción, estuvieron rifando parte de Armenia hipotecándola con préstamos leoninos a los norteamericanos.
Cae de maduro que a los Yanky’s, Armenia no les resulta un negocio como lo es Azerbaidjan o Mongolia. También se sobre entiende, que Armenia es rescatable tan sólo por encontrarse a pasos de Rusia. Si los Yanky’s tendrían alguna consideración por Armenia ya estaría cuestionando a Turquía por el genocidio, prometido solemnemente a los armenios de los Estados Unidos durante las elecciones presidenciales. Total, los Yanky’s alcanzaron su propósito, se han establecido en Armenia rozando las narices de Rusia, del mismo modo que en Turquía y sólo se expresan diciendo: “Los armenios y los turcos deben resolver sus propios problemas entre ellos”.
En la política todo vale a favor de la democracia: el cinismo, la traición, el engaño y la hipocresía. Armenia no debería caer en esas redes, debería, de aquí en más, medir cada paso y si es necesario, refugiarse en las diásporas para que las mismas puedan contar con ella, volcar su caudal de experiencias y energía creadora en sus dominios.


16/Junio/2009
-26- Leído 26 de Septiembre 2009
Rupén

IMAGEN DE LA SEMEJANZA

Alguien reprobó mis ideas, diciendo: “Lo suyo no son más que opiniones personales”. Enseguida se me cruzó aquello de una mujer obesa que se quejaba de su poca elegancia estética ante su médico y este le había contestado: “Si no existiesen personas como usted, Señora, el mundo estaría incompleto”.
Mis opiniones, tal vez no cuajan con la verdad absoluta, pero pertenecen al rosario de ideas y observaciones para escoger. Peor son aquellas personas que se callan para no comprometerse y por debajo creen haber cumplido con su deber moral y patriótico. Si fuese político habría opinado con propiedad de política; pero soy un hombre común y mis opiniones son de un hombre común, sensitivo y sobre todo emotivo. Reconozco hasta entrado en edad, desconocía la existencia de Armenia como país, inclusive ignoraba que su lengua variaba a la que oí pronunciar de pequeño a mi madre. Había nacido en Francia y como tal, pensaba como francés y si actuaba, lo hacía a favor de mi tierra natal. Recordaba sin embargo que mi padre me había comentado que Armenia ya no existía, que debía desarrollar mi vida como francés. Asé fue hasta mi arribo a la Argentina. No sé por qué razón, de pronto Armenia comenzó a resultarme familiar, aunque sabía que no me representaría como tampoco a mi padre, pero… figuraba en alguna parte en el mapa. Fue cuando comencé a buscar en mi interior una respuesta a la que temía: ligarme sentimentalmente a una tierra desconocida que no me reconocería como hijo propio. Una tierra que con sólo mención de su nombre, acaparaba mi curiosidad y despertaba mi pasión. Conocidos de mi gran confianza la nombraban “Madre Patria”, pero por más que lo deseaba, yo no la sentía como tal. Sabía que mis padres eran oriundos de Dyarbekir (hoy ocupada por Turquía) y esa era la tierra de mis parientes masacrados y tal vez, también la de mis ancestros. Armenia, a decir verdad, siempre representó un gran misterio para mí. Algunos hasta me han reprochado de llevar apellido “armenio occidental” y no conocer el idioma. Solía responder, sonriendo: “Hablo mi armenio en varios idiomas”. No les podía contar cuáles fueron las circunstancias de mi vida que no siempre estuvieron acordes a la que el mundo pretendía que hiciera.
Creo que mis observaciones se agudizaron a partir de ese momento y me lancé a develar lo que sentía relativo a mi rebuscada armenidad. Y comencé a opinar sin temor a caer en lo ridículo, a reflexionar y a criticar lo que para mí era ampliamente criticable. Con ello conformaba a algunos, pero no a la mayoría. A decir verdad, recogí muchas enemistades, pero también me gané amigos. Soy de aquellos quijotes que se atreven a levantar la alfombra y sacan a relucir lo inconfesable. Claro que fui censurado, odiado y hasta temido. Pero mi respuesta siempre estuvo al día: “Si no señalo los errores de mi familia adoptiva, no hago observar la paja en nuestros propios ojo”. La armenidad, en mi opinión se divide en mil y una opiniones diferentes, contando con la mía. No obstante, de todas ellas habrá de surgir la respuesta acertada que todos esperamos. Armenia es un mundo sentimentalmente abstracto y complejo; por lo pronto nos ataña sistemáticamente amén de simbólicamente. Nosotros, los armenios de la diáspora, nos sentimos atraídos como que fuéramos parte de Armenia y también de Artzaj sin siquiera pertenecer a ellas, del mismo modo nos sentimos integrantes de los territorios usurpados por Turquía y embajadores (sin cartera) de nuestra estirpe milenaria en el mundo entero. Como que todo fuese un gran dilema, un rompecabezas para armar, una margarita a la que debemos colocarle pétalos y que posee un cierto parecido con una realidad aún no devalada. Yo opino según lo que intuyo y esa es mi verdad. Una verdad que podría ser muy distinta, contraria, incluso contradictoria a la de los demás, pero mientras mis hermanos callan la suya, prevalece la mía. Sin mis polémicas observaciones, la opinión de la generalidad no sería completa. Hacen falta reunir todas las ideas y todas las propuestas, tamizarlas para extraer de la urna una conclusión y con ella formar una armenidad a imagen y semejanza de lo que fuimos, somos y seremos en la inmortalidad.


6/Septiembre/2009
Rupén Berberian
raymond_berberian@yahoo.com

MERCENARIOS DEL PODER

En los días de calor y humedad los insectos voladores, encandilados, se aglomeran en derredor de los faroles y al contactarse con las lámparas mueren chamuscados. El pez es atraído por una lombriz colocada en la uña de un anzuelo. Los pobres son seducidos por las sonrisas de los adinerados y los pueblos, engolosinados tras el capitalismo, encuentran su perdición rifando su honor por un mercader de turno. Me estoy refiriendo a Armenia, Libre e Independiente, (Dios sabe hasta cuándo). Sus dirigentes con tal de patear el tablero y sentirse vanagloriados, se olvidan que en el terreno hay otros hermanos muchos mejor perfilados. Se me hace que la diáspora le estuvo engordando demasiado la vanidad que se les subió el humo a la cabeza. ¿Quién no desearía la paz para la región? Pero, bajo qué condiciones… No se puede hacer ningún pacto, ninguna concesión con Turquía sin una aprobación previa con la diáspora armenia. Un acuerdo unilateral sería una traición a la armenidad. ¡Una traición, por dónde se la mire! Si Armenia, con tal de abrir su frontera con Turquía accede a firmar algún acuerdo secreto sin que se haya resuelto el tema del Genocidio, la suerte de los desterrados sobrevivientes y la detención de las continuas agresiones de los azeríes contra Artzaj, sería un rendimiento incondicional: un suicidio para Armenia; un deshonor para todos nosotros; un arrojar por la borda el esfuerzo de años y las esperanzas... Turquía entraría a Armenia por la puerta grande y asunto liquidado.
Se me hace que la desorientación de los mandatarios de Armenia está en su punto más peligroso. Quieren demostrarle al mundo que son inquebrantables y capaces de ganarles la simpatía a los desalmados Mercenarios y Usureros de los Estados Unidos. Están simplemente jugando con fuego, engañados por una lombriz que coquetea en la punta de un anzuelo. Se olvidan que Armenia sin la diáspora y sin su respaldo en Rusia, no es más que una reliquia de un pasado. Que sin la diáspora como timón, Armenia iría a la deriva en menos que cante un gallo y nuestro temor consiste en que llegue a encallar y la tengamos que perder para siempre. Parece mentira que desde la caída de la Unión Soviética, Armenia comenzó a hundirse moral y económicamente, casi sin darse cuenta, ni percatarse de sus errores. Parece mentira también, que desconozca las virtudes, los aportes y todo lo bueno que le significó como adelantos, pertenecer a la Unión soviética. Nosotros, los huérfanos del exilio, en vez de ocuparnos de nuestro destino e idear nuestro regreso a casa, estamos poniendo nuestra energía a disposición de unos ebrios del poder, con tal de sacarlos del barro y resolver sus conflictos morales. Quienes día tras día traicionan alevosamente nuestra causa común, expulsando de sus casas, de una forma u otra a sus ciudadanos, mientras ellos, agraciados, indiferentes se revuelcan en la aparatosidad de la opulencia, regidos por la mafia. Ya no les quedan industrias, Armenia no posee exportaciones serias, ni recursos naturales destacables, para colmo, se encuentra asediada por enemigos. Me pregunto: ¿Dónde quedó nuestro orgullo como pueblo, nuestra cultura tradicional, nuestros sabios, nuestros artistas y científicos? ¿Otra vez tenemos que lamentar no saber enderezar nuestra columna vertebral? La pobreza, los terremotos, nuestros hijos que mueren acribillados en las fronteras, la tragedia en el Parlamento, el avión que desaparece, las cárceles abarrotadas de presos políticos y ahora esto: La desesperación por firmar cuánto antes la “capitulación” con el enemigo, un engendro de mongoles, disfrazados de hombre de bien. ¿Se habrán vuelto enceguecidos nuestros hermanos que no les importa saber que debajo de ese disfraz, de esa carátula de hombre civilizado esté la del verdugo turco tártaros, usurpador de nuestra Tierra Madre?


5/Septiembre/2009
Rupén

LOS VENERABLES…

Los que allá y a lo lejos movilizaban a los armenios en reclamo de sus derechos fundamentales, era gente abnegada, lo que se dice: Hermanos Del Alma. En aquellas épocas la masonería era la idea salvadora que uniría al mundo, fue con la que se trabajó la moral de nuestro pueblo. Con que un masón turco sería virtualmente el hermano masón de un armenio y se debían respeto, confianza y solidaridad y sin embargo, los turcos hicieron prevalecer su instinto salvaje haciendo caso omiso a las consignas masónicas, develando su envidia y su odio hacia los armenios. Guardaron los mandamientos masones en remojo y salieron al frente con otras consignas: Matar Cristianos. Y Caín mató a Abel y eran hermanos. Eso sucedió con los armenios en su territorio usurpado por Turquía. Muchos de los dirigentes armenios “masones” confiaron plenamente en la honestidad de sus rebuscados VENERABLES hermanos “masones” turcos mongoloides. Era de esperar que la gran Hermandad Masónica Mundial interviniera en el asunto, atemperara los ánimos caldeados e hiciera que el turco recuperara la razón. Pero Caín mató a Abel siendo hermano. ¿Por qué lo hizo? ¿Importa acaso por qué Turquía haya asesinado a un millón y medio de armenios, de ciudadanos turcos, sobre sus propios terruños? Motivos, podrían haber miles, lo que cuenta es que Caín mató a Abel, porque Abel no se imaginaba que su propio hermano sería capaz de asesinarlo. Los armenios “masones” no se imaginaban que los VENERABLES turcos “masones” serían capaces de transgredir las leyes masónicas. Cuando los armenios se dieron cuenta de su error de apreciación y que Turquía les caería encima de un momento a otro, ya era tarde. No obstante, algunos grupos aislados resistieron con lo que tuvieron a mano, demostraron mucho coraje, eso sí, aun sabiendo que estaban perdidos y que sus reliquias históricas se les escapaban de las manos.
Nos han acostumbrado a que, en las historietas de aventuras, al final del cuento, ganan los buenos sobre los malos. En esa oportunidad cambiaron los papeles, quienes ganaron fueron los inhumanos turcos mongoloides. Armenia Histórica y Milenaria se perdió, de ella quedó apenas un diez por ciento de su territorio, hoy reconocido como República Armenia, Libre e Independiente. De eso ya han pasado noventa y cuatro años añorando la buena de Dios. En esos noventa por ciento de Armenia usurpado, no se ha movido ni una piedra y, si me lo permiten; les diría lo que intuyo sobre el por qué de ese aparente desinterés de parte del agresor: Turquía presiente íntimamente que tarde o temprano habrá de rendir cuentas con los sobrevivientes del genocidio y que esos territorios volverían a sus verdaderos dueños como pago de indemnización. Quizá, muchos creerán que divago, que me sobran fantasías. A esos queridos hermanos, les diría que el tiempo que corre nos favorece y mi conjetura se basa en que: si Turquía hubiese deseado ocupar y poblar esos territorios, lo hubiera hecho, ya que nada, ni nadie se lo habría impedido. Da que sospechar, ¿verdad? Pese a todos los pesimistas y los inmaduros incrédulos, algo me dice que a la larga o a la corta Turquía los ofrecerá como moneda fuerte en canje, además de las correspondientes disculpas, a nuestros hermanos de la diáspora. ¡Recuérdenlo! Si mis conceptos no hieren su vanidad, tomen mis palabras como una profecía. Aunque nadie me lo crea, no son mis deseos que se imponen por sobre mi lógica. Mi intuición me los dicta. Armenia ha de volver a casa, al Árbol De Los Pájaros Perdidos, hacia donde pertenecieron nuestros ancestros, las raíces de más de cinco mil años, de ganar y de perder. Será con otros brillos, otra fisonomía y otra mentalidad, para abrazarse con sus hermanos de sangre, silenciados en el territorio turco.


9/Julio/2009

LA CASA ROBADA

Tengo una inquietud que quisiera compartir con mis hermanos de nuestra diáspora. ¿Nosotros, los huérfanos del genocidio somos armenios de verdad o no lo somos…? Que yo sepa, Armenia, libre e Independiente nunca contempló nuestra presencia, ni siquiera nos alentó con reconocernos. No impartió órdenes a sus embajadas para que nos registren bajo el pretexto de alimentar nuestras esperanzas y que descartáramos la idea que estemos echados al abandono. Entendemos que Armenia con un diez por ciento de un territorio milenario es también parte de nuestra Tierra Madre que debería reconocer de alguna manera a sus hijos diseminados por el mundo. No dije: “rescatar”, sería demasiada sutileza. No pretendemos que nos otorgue la doble nacionalidad, sino que sepamos que somos parte de ella, aunque se tratase del diez por ciento de nuestra armenidad. Pero, si durante noventa y cuatro años no se le ocurrió recuperar la oveja perdida, me sorprendería de que lo hiciera hoy en momentos en que sus habitantes sufren pobreza moral y económica mientras que los elites y mandamases multimillonarios refriegan sus opulencias en la cara de sus héroes. Porque son sin duda héroes los que resisten la pobreza y la contaminación antipatriótica haciendo honor a sus raíces. Mañana seguramente habrá otras tendencias políticas y nuestros hermanos de la diáspora se habrán sumado a los que por una razón u otra, resignados, habrían abandonado la Madre Tierra para perderse en el anonimato.
Vuelvo a aquello: ¿Armenia tiene acaso noción de nuestra presencia como pueblo en el exilio? ¿Tiene algún interés hereditario por conservarnos como parientes de no ser por las divisas que le aportemos? ¿Las embajadas armenias qué función les caben y cuál es su misión, más allá de vender pasaportes a los adinerados de turno; la de acceder a los banquetes de las Voluntarias Madres Culinarias de nuestra comunidad que ni siquiera figuran como armenias; la de auspiciar anualmente un Maxi-kiosco en la Feria del Libro de Buenos Aires? ¿De qué nos sirve a nosotros la presencia de una Embajada que no cobija bajo sus alas a los artistas, que no promueve debidamente el amor a su tierra? Si están para cobrar un sueldo, representar a su país y, vivir a costillas de ciertos benefactores, entonces que se queden en sus casas y nosotros les enviaremos el sueldo y las golosinas y que dejen de ilusionarnos con sus parodias. Aunque… Es posible que ignore la específica misión de los Embajadores y pretenda de ellos conquistar la luna. Es posible que lo que busco esté relacionado con el flamante Ministerio de la Diáspora que acaba de inaugurarse… Pero mi vida se acaba y con ella mi paciencia. Pretendo actitudes concretas. ¡Exijo actitudes concretas!, necesito saber a esa altura del partido quién soy y hacia qué rumbo me conduce esa carga de mi particular armenidad al hombro. Si Armenia permanece con su indiferencia hacia nosotros porque se inventa adrede problemas sociales que no sabe remediar, entonces nuestro camino es otro. Es aquél que he apuntado en otras reflexiones: “Volver a casa” que nuestra inteligencia y el fruto de nuestro cerebro creativo y lo que hemos reunido en nuestra cosecha por el mundo sirvan para que abramos el camino al diálogo con nuestros verdugos, porque son ellos quienes poseen nuestras tierra ancestrales, son ellos que se atribuyen ser dueños de nuestra Montaña Sacra. Y es con ellos que debemos negociar nuestro futuro regreso a casa. Nuestros padres y abuelos fueron ciudadanos del Imperio, pues ese sería uno de nuestros reclamos, el primer argumento a esgrimir hasta tanto nuestros diplomáticos y nuestros sabios sepan hallar la brecha de la reconciliación. Dije reconciliación, no al olvido, al perdón, mucho menos a la capitulación. No sería fácil, ya sé. La herida que llevamos en el pecho aún sangra y ha de sangrar hasta que se pierda nuestro último aliento. Pero es necesario intentarlo, es necesario intentarlo para no quedarnos vegetando como hasta ahora, otros noventa y cuatro años, aguardando inútilmente, esperanzados en una madre que no nos reconoce como hijos propios.


20/Agosto/2009
"No te guíes por mis castillos en el aire…", Rupén

ORGULLO: ESCUDO DE LA IGNORANCIA INNATA

Quizá nuestro mayor defecto original que todavía rige en la actualidad es encerrarnos en nuestro orgullo primitivo y considerar conjurados todos los peligros.
La memoria se agota y el paraíso con el infierno ocupan, que yo sepa, el mismo territorio de la conciencia. No es nada fácil sobrellevar una cruz al hombro, experimentando el extranjerismo que si fuera la propia patria, sin acumular bajo la piel influencias ajenas y no apartarse de la historia que no perdona. Imperios que han rifado sus almas al diablo llevando atrofiada la conciencia en procura del poder, han existido siempre. Todos ellos tuvieron su cuota de despotismo y de criminalidad y en su derrumbe, arrastraron a todos aquellos que confiaron en ellas. Los armenios creyeron que con su buena voluntad y su don de gente serían suficientes ingredientes como para ganarle a la adversidad y desafiar al diablo en su guarida. Claro que nuestros mártires podían haberse relacionado ampliamente con los turcos, tomando en cuenta quienes son y de quienes fueron engendrados, pero se han excedido en su orgullo y ese fue su error. Hoy, los nietos de los sobrevivientes de genocidio, procuramos proteger nuestra trascendencia sin saber hasta cuándo habría de durar ese “Circo de la Gran Paciencia”, esa parodia nuestra de inventar ángeles. ¿Acaso conviene evadir el llamado de la tierra, postergar la memoria sobre nuestras familias, abatidas por la intolerancia racial y religiosa y aguardar pacientemente un milagro que nos cayera del cielo? ¿Ese es el objetivo de nuestra hermandad armenia: conformarnos con estar en casas ajenas que simulan parecernos propias? ¿Acaso se nos acabaron los sueños como para abandonar nuestras raíces milenarias y olvidarnos de Nuestra Tierra, embebida de la sangre de Nuestros Ancestros? A veces me pregunto: ¿en qué clase de individuos nos ha tornado el destino en apenas noventa y cuatro años de exilio? Si la vida implica conformarse y resignarse porque “ATZVATZ MEN-ZE”, entonces la armenidad; nuestra armenidad habrá perdido esa innata efervescencia que durante siglos y más siglos la caracterizó y la mantuvo despierta, pese a todo y contra todo.
Hay odios que han perdurado añares hasta que finalmente se les halló la santa solución. Nosotros ni siquiera hemos movilizado nuestra energía y nuestra inteligencia para resolver ese rompecabezas con Turquía que nos tiene a maltraer. ¡¿Cuándo nos tocará ponernos los pantalones largos para desfilar nuevamente como nación ante la platea del mundo…?! Pienso y no creo equivocarme: los armenios hemos heredado el orgullo de nuestros antepasados; orgullo: que no hace más que confundir los horizontes en espejismos. No sé, pero la actitud de mis hermanos me da a entender que se han dado por vencidos antes de intentar ahuecar las alas y apuntar hacia un destino común.
Mis sospechas caen principalmente sobre aquellos señores que ocultan la cara creyéndose amparados tras las proclamas del pasado entonando a los cuatro vientos vetustos cantos patrióticos. Mi apología está dirigida hacia la sabiduría del pensamiento que no supimos manejar, pues todas la guerras se ganan alcanzando la paz y los odios se curan con olvido.
Remontando la historia de nuestro tradicional orgullo, me viene a la memoria aquella anécdota que le costara la cabeza al Rey de Armenia Artavazd, hijo menor de Dicrán el Grande. Derrotado por los Romanos, encadenado y desfilando como trofeo de guerra con toda su comitiva ante la lujuriosa Cleopatra sentada en su palco de honor junto a su amante Marco Antonio. Por negarse a inclinarse ante ella, el Rey de Armenia fue decapitado a la vista de todos.
Usted, haga su propia conclusión de la moraleja…

10/Agosto/2009
Rupén Berberian

FORJAR UN PLAN NACIONAL

Si seguimos dividiendo nuestra armenidad en sectores, amaneceremos con un pie fuera de este mundo.
Hace escasos cien años que peligró nuestra existencia en los territorios armenios usurpados por Turquía. Hoy se habla de Artzaj (Nogorno Karabaj), que estaría en peligro de ser invadida por su vecina Azerbaidjan, lo que significaría también la desaparición sistemática de Armenia, Libre e Independiente. Así y de esa forma, mirando para el otro costado, se perdió el noventa por cien de nuestra Armenia Milenaria. Así y de esa forma se abandonó Nejicheván, tradicionalmente armenio, a los azeríes.
¿Y por qué nos suceden esas desgracias? Porque nunca tuvimos un Plan Nacional que ejecutar; por lo menos eso creo. Turquía sí la tiene, ha adoptado a los tártaros azeríes como fieles mascotas y a otras mascotas de la misma calaña y ha encerado a Armenia dejándola prácticamente sin respiro y con escasos recursos naturales. No olvidemos que Turquía quedó con la sangre en el ojo por no haber podido liquidar por completo al pueblo armenio y hoy cree llegar su oportunidad de completar su hazaña sonriéndole a la Pequeña Aldea y apuñalándola sin discreción por las espaldas.
Si desde un principio hubiésemos remado todos juntos es muy posible que hubiéramos tocado el puerto deseado. Pero aquí estamos, diseminados por el mundo y Nogorno Karabaj, nuestro ejemplo de heroína se encuentra en peligro. Mientras mueren nuestros jóvenes peleando en sus fronteras, nos ilusionamos en los resultados de un partido de fútbol contra un equipo turco.
Si Turquía tuviese buenas intensiones con Armenia, por lo pronto, habría ordenado a su querida mascota el cese del fuego de forma inmediata, le habría enseñado buenos modales y le habría censurado las matanzas de Sumgait, de cuando el ejército azeri atacó a traición a los moradores armenios de su territorio.
Tanto Azerbaidjan como Armenia saben que la repartija que surgió gracias a la generosa intervención del Señor Stalín no fue justa y sigue no siendo justa, pero se trataba de órdenes incuestionables del Soviet Supremo. Así perdimos también Kars y Ardahan y la salida al mar que le correspondía a Armenia. Así perdimos a Van y también nos fueron quitado nuestras herencias milenarias y eso, porque nunca tuvimos un Plan Nacional donde jugarse el todo o nada, pero todos juntos. La diáspora no puede quedarse con los brazos cruzados y abandonar Karabaj a los lobos.
En realidad poco importa que Armenia, Libre e Independiente no considere a la diáspora como parte insustituible suya y la use explotando sus sentimientos. No en vano insisto en que debemos salir “Sí o Sí” de ese letargo que nos cegó noventa y cuatro largos años. Debemos darnos la mano y entre todos trazar planes y tener proyectos para nuestro futuro como nación; unir todos los recursos y los esfuerzos para consolidar nuestro despegue definitivo que no es, ni será fácil, pero debemos intentarlo. Porque si perdemos a Artzag habríamos permitido amputar otro miembro vital de nuestra existencia armenia. Ya no tendríamos otra oportunidad de rescatar nuestras raíces.
Armenia y su pequeña hermana no deben jamás ser ajenas a la diáspora, como tampoco la diáspora permanecer ajena a ellas. Somos todos armenios en el corazón y si hemos resistido tormentosos cinco mil años, tendremos que resistir otros cinco mil años, pero ordenadamente, inteligentemente, unidos bajo una sola consigna. Turquía no trató de aniquilar a los armenios por sus lindos ojos, sino que temía su inteligencia, obraba racionalmente llevado por su temor, porque el poder nubla la razón. Sabía que tarde o temprano los armenios iban a dominar Turquía y su plan nacional “Panturquismo” fracasaría. Exactamente lo mismo sucedió en Alemania con los judíos, exactamente lo mismo está sucediendo en Palestina.
Hoy es nuestra oportunidad de poner en práctica nuestra inteligencia tan temida por los turcos en bien de nuestra hermandad armenia. A partir de hoy tenemos que actuar con mucha prudencia y desconfiar de las risas de las hienas.

5/Agosto/2009